La Vanguardia

“Nos veíamos bajo un puente”

Alfredo, Mónica y dos niños ocupan un piso de protección oficial de Adigsa en la calle Tolosa que estaba vacío desde hacía dos años

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salían a cenar los sábados. “Vivíamos bien en un piso de alquiler en el Poblenou..., hasta que hace dos años y medio me quedé embarazada y perdí mi empleo de secretaria”, dice Mónica.

“Yo me dedico a la construcci­ón, y también me quedé sin trabajo. Ahora voy de obra en obra, pero en los últimos años mi profesión sólo me ha servido para pinchar aquí la luz, el agua y el gas”, añade Alfredo. No son sus nombres. Los padres de estos treinta- ñeros no saben nada. M. tiene un hijo de siete años de una relación anterior. “Creíamos que remontaría­mos..., pero dejamos de pagar el alquiler y nos dijeron que nos desahuciar­ían en diciembre”.

La pareja agrega que de tanto en tanto se acercaban al barrio del Besòs a visitar a un familiar. “Nos veíamos debajo de un puente. Nos enteramos de que este bloque de Adigsa estaba vacío desde hacía dos años. Sólo vivía otra familia que se había colado en abril. Nunca pensé que acabaría en un supermerca­do metiendo los filetes en el bolso, mendigando para comprar medicinas para el crío”. Aguardaron hasta que el vigilante se quedó dormido.

Tardó una semana en enterarse de que se instalaron. “Trató de echarnos por la fuerza. Los niños lloraban. Todos gritábamos”. Al final M. y A. acordaron con el vigilante que vivirían allí a condición de que le avisaran si alguien trataba de ocupar otra vivienda. “Vinieron muchas familias que te contaban historias horribles, pero yo tenía que llamar al vigilante. Tapiaron varios pisos para que nadie más se colara”.

La pareja recibió en febrero la visita de los inspectore­s del Incasòl. M. agrega que su psicólogo le ha dicho que en cuanto encuentre empleo se le pasará la depresión. “Voy a ceder a mi ex pareja la custodia de mi hijo mayor porque el chaval ya se da cuenta de todo..., y el otro día visitó a su abuela y la mujer se dejó las llaves dentro y el niño le dijo que se podía abrir con una radiografí­a. No quiero que crezca pensando que estas cosas son normales”.

Los primeros inquilinos legítimos del bloque llegaron en verano. La mayoría de los 17 pisos están vacíos. En el número de al lado, también de Adigsa, tres puertas están tapiadas por intentos de okupación. El resto de las viviendas están adjudicada­s desde hace dos años. El juicio de M. y A. será en febrero. “Cada uno tiene una paga de 400 euros. Estamos dispuestos a pagar un alquiler...”.

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XAVIER CERVERA Mónica, Alfredo y su hijo pequeño, en la terraza del piso que ocuparon por necesidad

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