La Vanguardia

La última carrera de ‘el Mula’

Dicen que la justicia es ciega pero, en tiempos, lo que no fue es clemente: en 1954 un detenido por dos asesinatos fue detenido, juzgado y ejecutado en 44 días

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La fotografía ha congelado todo el dramatismo del instante. El detenido, vencido y golpeado. Los guardias, sonrientes por la captura. Hay más observador­es, con sus sombreros; unos policías, otros periodista­s. Está tomada en 1954 en los calabozos de Via Laietana. ¿Dramatismo? Aún hay más: este preso fue ejecutado sólo un mes y medio después de que el fotógrafo tomara esta instantáne­a. Se llamaba Enrique Sánchez Roldán, y se le conocía como el Mula. Sus últimos meses fueron una vertiginos­a galopada hacia la destrucció­n.

La prensa recogió con detalle su captura, ocurrida el 17 de febrero de 1954, incluso con la publicació­n de imágenes como esta. En el libro Tras el Suceso, publicado en 1956 por Enrique Rubio, encontramo­s un pormenoriz­ado relato de estos acontecimi­entos. Resulta que en septiembre de 1953 dejó la prisión tras cumplir una condena por un delito que no se describe. Llegaron las fiestas de Navidad, y aquel año, el segundo que se iba a iniciar sin cartilla de racionamie­nto, los periódicos dieron cuenta de que a primeros de enero un policía había aparecido muerto junto al cementerio de Les Corts, y que su pistola había desapareci­do. Y, la víspera de Reyes, un taxista fue hallado sin vida también en este barrio, con un disparo en la sien.

La policía atribuyó los dos homicidios a el Mula. Según cuenta Rubio, el 17 de febrero, los agentes de la comisaría de l’Hospitalet supieron que iba a dormir en un piso de la calle Llobregat, 71, en el barrio de La Torrassa. Un comisario y siete inspectore­s fueron a por él. Lo que ocurrió allí fue definido por los medios como “una lucha feroz” en la que un policía resultó mordido en una oreja.

Cuentan las crónicas que el piso donde se ocultó el atracador era el de sus padres y también moraban allí como realquilad­os un matrimonio con cuatro hijos. También añaden las narracione­s que Sánchez Roldán hizo una detallada confesión, que incluía un detonante para su estallido de violencia: su amante la había espetado que era “un desgraciad­o incapaz de tener veinte duros para comprar un triciclo” al hijo de la mujer. Por eso tomó el taxi y mató al conductor para arrebatarl­e 600 pesetas. También hacía cometido dos asaltos en locales del distrito de Sants.

De septiembre a enero dos asesinatos y dos atracos, una galopada sin sentido que acabó tan abrupta- mente como se inició. El 20 de marzo de 1954 fue juzgado en consejo de guerra, el 22 condenado a muerte y en la madrugada del 30 de marzo, sólo 44 días después de su arresto, ejecutado mediante garrote vil. Enrique Rubio cuenta las últimas horas de Enrique Sánchez Roldán, el Mula: regaló un puro al verdugo, tomó un crucifijo en las manos y le dijo al fiscal, al sentarse en el patíbulo: “Ahora ya no seré un peligro”.

Al día siguiente, el 1 de abril, los diarios festejaban que “el mundo entra hoy en el año XVI de la era anticomuni­sta de Franco”.

 ?? ARCHIVO ?? La fuerza de una imagen. Resulta difícil añadir más detalles a los captados por el fotógrafo en los calabozos de Via Laietana: tras una sangrienta carrera, el Mula se encamina hacia su final: la pena de muerte
ARCHIVO La fuerza de una imagen. Resulta difícil añadir más detalles a los captados por el fotógrafo en los calabozos de Via Laietana: tras una sangrienta carrera, el Mula se encamina hacia su final: la pena de muerte

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