La Vanguardia

La misteriosa fuga de Teresa de Baladía

La mujer que cautivó a Ramon Casas y Ors y se exilió con Josep Pijoan

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La memoria de actividade­s del Centro Excursioni­sta de Catalunya de 1902 dice: “El 7 de agosto, Jaume Baladía subió con su mujer al pico del Aneto. Es, sin duda, la primera vez que una mujer conquista el pico más alto de nuestra patria”. ¿Quién era esa intrépida mujer? Teresa Mestre, esposa de Jaume Baladía, industrial del textil y miembro de una de las familias más ricas del país. Se habían casado pocos años antes y según cuenta su biznieto Francesc Xavier Baladía, en Antes de

que el tiempo lo borre, su viaje de novios consistió en pasar quince días solos montando a caballo por el Montseny. Pero a parte de sus dotes deportivas, lo que destacaba de Teresa era su extraordin­aria belleza. Era una mujer alta, de pelo castaño, formas generosas, unos labios con un toque salvaje. La joven pareja deslumbrab­a en la Barcelona burguesa, también por su nivel de vida y por las amistades del joven ingeniero, entre las que se encontraba el que después sería su cuñado Pompeu Fabra, Jo- sep Puig i Cadafalch, Francesc Cambó, Ramon Casas o el joven arquitecto e historiado­r Josep Pijoan. Y también el filósofo Eugeni d’Ors.

La felicidad de la joven pareja estaba tutelada sin embargo por la tía Ramona Baladía, viuda de Minguell, sin hijos, y heredera del patrimonio industrial familiar. Ramona, una mujer enorme físicament­e, poco agraciada y de piel blanca, tona. Por eso, la entrada fulgurante de Teresa, a la que considerab­a demasiado frívola, no le convenció nunca.

A la tía Ramona no le gustaba tampoco la vida social que la joven pareja desplegaba en Barcelona y convenció a Jaume, de carácter más débil, para que se instalasen en Argentona, con la excusa de poder dirigir más de cerca la fábrica que tenían en Mataró. Y ahí empezaron

Teresa abandonó a su marido y a sus tres hijos y se fugó a Roma, primero, y a Suiza, después, con Josep Pijoan, diez años más joven, que abandonó la secretaría del Institut d’Estudis Catalans

se comportaba para la época como un hombre y gestionaba con mano de hierro la fortuna recibida. Como que al nacer su sobrino Jaume, este se había quedado huérfano (la madre murió en el parto y el padre falleció de pena ocho días después) se lo había ahijado. Y lo educó a su manera, controland­o hasta el mínimo detalle, en su casa de Argen- los problemas con Teresa, que vio como aquella mujer dirigía la educación de sus hijos y le cambiaba incluso la ropa de sus armarios. Día a día se creaba una atmósfera más irrespirab­le, que Jaume era incapaz de modificar. Y entonces se produjo otro detalle que exacerbó la envidia de Ramona, esa mujer que lo tenía todo menos la belleza. En 1908, Ramo- na contrató a Ramon Casas para que la inmortaliz­ase y descubrió que el pintor, fascinado por la magia de Teresa, la había pintado en secreto. Hasta tres cuadros llegó a dedicarle, uno de los cuales fue premiado y vendido al Museo de Arte Moderno (es el que debía formar parte de una galería de mujeres hermosas) y otros dos que más tarde le compró la familia. Una señora casada no podía servir de modelo, argumentab­a.

Y estalló la crisis familiar. El periodista Lluís Bonada apuntó, en L’estrepitos­a i misteriosa fugida ( Avui, 23-8-1981), que la tía intentó convencer entonces a Jaume de que la hija que acababa de tener no era suya para romper definitiva­mente el matrimonio. Teresa no resiste más y se instala en Barcelona para intentar vivir su vida. Una carta posterior de Jaume Baladía da la dimensión del drama cuando le pregunta si está dispuesta a volver con él y sus hijos y “si en tu corazón queda semilla de esposa y de madre suficiente para producir una reacción que mate y separe para siempre de él todas las raíces venenosas que en forma de teoría, afecto y pasiones ilícitas e irresistib­le deseo de agradar y atraer el prójimo se han apoderado de él desde hacer cierto tiempo”.

La secuencia de los hechos a partir de aquí es confusa, aunque el desenlace es conocido. En 1910 Teresa Mestre huye con el hombre que le ha declarado un amor apasionado: Josep Pijoan, diez años más joven que ella, secretario gene- ral del Institut d’Estudis Catalans, artífice de la recuperaci­ón de las pinturas románicas del Pirineo y considerad­o entonces como uno de los intelectua­les catalanes más brillantes. Se le ha llamado ministro de Cultura sin cartera de Prat de la Riba. Se van primero a Roma, donde él ha sido destinado como secretario del Instituto Español de Estudios Históricos, luego a Suiza, cerca del lago Leman, y finalmente al Canadá y a Estados Unidos.

Teresa abandona para siempre a su marido y sus tres hijos. Pijoan, enfrentado a Puig i Cadafalch, deja la secretaría del Institut d’Estudis Catalans, que pasa a manos de Eugeni d’Ors, y abandona para siempre Catalunya. Lo cual no le impedirá trabajar en obras como la Sum

ma Artis y otros estudios sobre el románico y Joan Maragall. Años después, le confesará, dolido, a Josep Pla, que “el meu país no m’ha demanat mai res, ni una conferènci­a”.

El escándalo marcó época. Y cuando en 1911 Ors crea el personaje de La Ben

Plantada las miradas se dirigen hacia la mujer de la que aún se sigue hablando en voz baja en toda Catalunya.

Tres hijos pequeños.

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Este óleo fue pintado en secreto en la casa de los Baladía de Argentona y sólo años más tarde fue ofrecido a la familia
ARCHIVO BALADÍA-LLORACH La belleza, según Ramon Casas. Este óleo fue pintado en secreto en la casa de los Baladía de Argentona y sólo años más tarde fue ofrecido a la familia
 ?? ARCHIVO BALADÍA-LLORACH ?? La huida de Teresa Mestre con Josep Pijoan le comportó el sacrificio de renunciar para siempre a sus tres hijos, de menos de diez años
ARCHIVO BALADÍA-LLORACH La huida de Teresa Mestre con Josep Pijoan le comportó el sacrificio de renunciar para siempre a sus tres hijos, de menos de diez años
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