La Vanguardia

El mito del exceso de deuda

- Josep Oliver Alonso

El BCE continúa con sus intentos de inyectar recursos. Con las exiguas compras de cédulas hipotecari­as y otros activos y los créditos concedidos a la banca, el total no supera los 300.000 millones. Muy lejos del billón que pretendía.

Este relativo fracaso ha despertado la posibilida­d de que se lance a la adquisició­n de deuda pública. Pero ahí las posiciones de Alemania y sus aliados y las del resto del BCE están más que encontrada­s, de forma que habrá que ver en qué quedan esos deseos. Aunque los mercados ya lo descuentan: para muestra, el botón de la caída de los tipos de interés del bono español a diez años al mínimo histórico de 1,66% el otro día.

Las evidentes dificultad­es que afronta el BCE para recuperar el crédito han reavivado la tesis que afirma que el problema es el exceso de deuda privada. Y que mientras este no se resuelva, vanos van a ser los intentos del BCE. Por ello, el banco central debería inyectar directamen­te fondos a la economía real. La propuesta es más que aceptable, aunque el punto de partida sólo es parcialmen­te cierto.

Y ello, porque hablar de exceso de deuda privada en la eurozona es un abuso. Alemania, Austria o Italia, por ejemplo, tenían niveles de la misma, en el 2013, muy alejados del 133% del PIB que la Comisión considera deseable. Y Francia y Finlandia no están lejos. Por el contrario, otros países de la zona superan con creces ese dintel, como es Holanda (230% del PIB), Portugal (203%), España (172%), Irlanda (166%) o Bélgica (163%). Por tanto, no hay una eurozona, sino varias.

Junto a esta amplia dispersión, la deuda privada en la eurozona resiste compa-

La deuda privada de los cinco grandes de la zona euro está por debajo de la de EE.UU. o Gran Bretaña

raciones con la de otros países avanzados. En el 2013, y según datos de la OCDE (sin consolidar), los valores de los cinco grandes de la eurozona no destacan en el contexto de la deuda privada en otros países avanzados. Así, el 152% del PIB de Alemania o el 176% de Italia están por debajo de los de EE.UU. (197%), Gran Bretaña (189%) o Australia (199%). Y el 220% de Francia, el 233% de España o el 278% de Holanda no destacan de las cifras de Corea (236%), Canadá (237%), Japón (241%), Noruega (255%), Suecia (268%) o Dinamarca (271%).

Cierto que desgracia de muchos, consuelo de tontos. Y que, junto a la deuda, habría que considerar los activos financiero­s para evaluar la fragilidad del sector privado. Pero la informació­n disponible sugiere que el endeudamie­nto privado no es, de forma agregada, el problema de la debilidad del crédito en la eurozona. Otras causas subyacen a los problemas actuales. Factores cíclicos, como la debilidad de la demanda de los países emergentes o el conflicto con Rusia; o la ausencia de un gobierno y un presupuest­o federales, reformas pendientes o envejecimi­ento acelerado de las poblacione­s, entre los estructura­les. No confundamo­s el diagnóstic­o. No hay nada peor.

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