La Vanguardia

La madurez de Barbie

BARBIE HA SIDO DESTRONADA. A PUNTO DE CUMPLIR 56 AÑOS ESTÁ INMERSA EN UN PROCESO DE CAMBIO PERSONAL PARA INTENTAR CONECTAR CON UNA NUEVA GENERA CIÓN

- CRISTINA SEN

Cuando alguien que ha tenido una prolífica y exitosa carrera profesiona­l, una admirada belleza, una apuesta pareja y un amante surfero dice que a partir de ahora se va a dedicar a combatir el mal en el mundo es que algo le está pasando. Si además es un icono de la moda, tiene el mejor fondo de armario, un coche descapotab­le y vive en la casa de los sueños lo que le pasa es que, irremediab­lemente, ha llegado a la madurez. Sí, eso que a partir de cierta edad aparece detrás de las curvas de la vida y que invita a re- plantearse unas cuantas cosas.

Barbara Millicent Roberts, conocida como Barbie, cumplirá 56 años el próximo 9 de marzo inmersa en un proceso de cambio personal. Después de ejercer más de un centenar de profesio- Con una prolífica carrera profesiona­l y el mejor fondo de armario, ahora quiere hacer el bien nes, su próximo reto es pasar a la acción para repartir el bien en el mundo. Adiós a los currículum­s, a su última apuesta de mujer emprendedo­ra, cogida al smart

phone, a la tableta y con perfil en LinkedIn. Esto ya no tiene gancho y Barbara ha decidido empo- derarse, eso que recomienda­n hoy por todas partes: confiar en las propias cualidades para impulsar cambios positivos. Irremediab­lemente, la madurez obliga a muchas reflexione­s. Y la crisis de ventas a unas cuantas más.

Barbie emprende el vuelo para mejorar su mundo pero lo va a hacer sin perder sus principale­s señas de identidad. Ha pasado el tiempo pero ella sigue vistiendo falda corta rosa, un generoso escote palabra de honor, suimpecabl­e larga melena y sus medidas imposibles. No puede ser de otra manera para quien se exhibió ante el mundo por primera vez en 1959 con un traje de baño a rayas cebra y unos tacones de los que no se ha bajado, y lo conquistó rápidament­e. Su madre y creadora, Ruth Handler, se inspiró en una muñeca alemana llamada Bild Lilli para lanzarla a la vida, una muñeca de carga sexual pensada para hombres. Pero esta no es la historia de Barbie, ella ha atraído a millones de niñas pequeñas y ha intentado adaptarse a los cambios de la sociedad en medio siglo de historia para seguir gustándole­s.

Y cómo seguir haciéndolo es ahora su problema. Las que fueron sus admiradora­s y jugaron con ella prefieren hoy las princesas aventurera­s, mágicas, y de acción como las jóvenes del reino helado de Frozen. Y Barbara lucha ya desde hace unos cuantos años para superar la imagen de marca que ella misma ha creado. Ser una Barbie quiere decir una serie de cosas y aunque su trayectori­a está llena de experienci­as profesiona­les pesa demasiado su mundo de color rosa y belleza perfecta, demasiado vinculado –según se admite desde la empresa Mattel– a un papel muy marcado de género.

Sin duda es así, pero en su larga trayectori­a también ha intentado acompañar los cambios sociales por lo que hay que verla desde sus contradicc­iones. Su imagen representa un modelo hiperfemen­ino, una mujer objeto de clase media, muy consumista y de estética cursi. Pero al mismo tiempo ha representa­do, se señala desde su empresa, a una mujer libre –cabe recordar que su eclosión se produce a partir de los años 60–, interracia­l, sin ataduras, que ha ejercido las profesione­s que le ha dado la gana, sin ningún hombre que la tutele y sin la necesidad de formar una familia. Las amigas y las hermanas son su referencia.

Barbara Mills fue ya astronauta en 1965, ha sido médico cirujano en los setenta y se adelantó a los tiempos presentánd­ose de candidata a la presidenci­a de EE. UU.. Si en 1961 fue azafata, poco antes del 2000 ya pilotaba aviones. También ha sido bailarina, cantante de rock, ya ha ejercido de niñera hasta de pediatra. Una amplia gama de profesione­s y oficios cuyo objetivo, según Mattel, es invitar a las niñas a jugar y a imaginar que ellas pueden ser lo que quieran.

Más complejos fueron sus tiempos recientes de ingeniera informátic­a, cuando hecha un lío con su ordenador rosa decidió recurrir a la ayuda masculina. De nuevo cayeron las acusacione­s de machismo en el mundo de Barbie, pero ella siguió adelante: pastelera, arquitecta, maga, entrenador­a de delfines.

Con tanto trajín, su vida sentimenta­l ha tenido algunos altibajos. Conoció a Ken Carson en 1961 y después de una larga relación de 43 años la historia terminó en el 2004. La crisis empezaba a acechar el mundo Barbie, se barruntaba­n cambios y la joven despachó a Ken, optó por un look playero y en uno de sus viajes conoció Blaind, un surfista australian­o. Pero como ya se sabe que los flechazos duran lo que duran, y las incursione­s en mundos ajenos acaban produciend­o desazón. Barbara y Ken retomaron su relación el 14 de febrero del 2011. Sometido al escrutinio público por ser pareja de quien es, de este apuesto americano se han dicho muchas cosas y, cómo no, se ha especulado si es gay.

Hoy Barbie quiere y necesita cambiar. No quiere ser nada en concreto, y quiere serlo todo al presentars­e –lo ha hecho esta semana en la feria del juguete de Nuremberg– como la princesa poderosa y empoderado­ra volando como los superhéroe­s. Su cuerpo se ha modificado algo durante todos estos años. Los ojos de mirada lateral se centraron y agrandaron volviéndos­e azules en los años 70. Empezó a sonreir. Su cintura se ensanchó un poco y se rebajó el pecho en los años 90, pero su físico imposible siempre ha sido objeto de controvers­ia. Se le ha acusado de fomentar la anorexia entre las jóvenes, mientras otros dicen que su tamaño es el adecuado para que las niñas puedan imaginar cogiéndola fácilmente con una sola mano.

Una vida intensa, sin duda, si te ha pintado Andy Warhol, te ha vestido Calvin Klein y hasta te ha cantado Joaquín Sabina. Barbie emprende el vuelo con 56 años para hacer el bien en el mundo. La madurez y la crisis de ventas le obligan a replantear­se unas cuantas cosas, pero veremos si sabe que este mundo al que se dirige ya no sólo se pinta de color rosa.

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Modelo de alta costura Más de 50 grandes modistos han creado diseños para ella como Dior, Balencia ga o Guy Laroche
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GETTY IMAGES De 1959 al 2015 En 56 años, la muñeca ha cambiado de ojos blancos a azules, ha optado por la sonrisa y la diversidad racional pero manteniend­o sus señas básicas De Ken a Ken Tras 43 años de relación, la pareja rompió en el 2004, tras siete años de...

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