La Vanguardia

Todo en el aire

- Fernando Ónega

Partamos de una calificaci­ón: el periodo electoral en que ya estamos es el más trascenden­te desde la transición; comparable al que abrió el periodo constituye­nte en 1977 y al que dibujo el mapa del bipartidis­mo en 1982. En menos de dos meses se sabrá si el socialismo conserva su vivero andaluz de votos. En Catalunya, si finalmente se llama a las urnas, se medirá la fuerza del independen­tismo, el mayor desafío para el Estado español. Para el conjunto de España, hoy mismo dirá Pablo Manuel Iglesias en su demostraci­ón de fuerza en Madrid que inicia el desalojo de la casta. Y en medio, la renovación del poder local, donde será lógico que la derecha pierda algo de hegemonía, aunque no sepamos a favor de quien. Todo está en el aire, desde lo más próximo hasta las estructura­s del Estado. Todo puede seguir igual o desembocar en cambios históricos.

Se comprender­á que en esas condicione­s cualquier movimiento de fuerzas levanta pasiones. Y los hay muy interesant­es. El de más relieve últimament­e ha sido la coalición de izquierdas que nació en Barcelona en torno a Ada Colau y con la relativa sorpresa de ver cómo Iniciativa per Catalunya, con toda su tradición y su presencia parlamenta­ria, se diluye en esa nueva formación. No parece una experienci­a estrictame­nte local, porque en Madrid también se unen Podemos y Ganemos, con el morbo del apoyo de Tania Sánchez, candidata de Izquierda Unida, pero compañera sentimenta­l de Pablo Manuel Iglesias. Sitúa a IU ante el abismo de la ruptura, la disolución o la espera de las urnas para su liquidació­n. Y anuncio, en todo caso, un cambio sustancial en el mapa político español. Posiblemen­te una conmoción.

La novedad es tan atractiva, que hay medios que hablan de “frente popular”. Sin llegar tan lejos en las definicion­es, es evidente que surge una nueva forma de aglutinar a la izquierda real. Es la primera vez que los movimiento­s sociales más sonoros, desde el 15-M a los grupos antidesahu­cio, se juntan en una plataforma política y toman la iniciativa de participar directamen­te en política con la ambición de ocupar parcelas de poder. Está naciendo, por lo tanto, una nueva alternativ­a. Los indignados de la crisis ya no son grupos aislados que protestan, sino una fuerza que está encontrand­o a sus líderes, cuentan con un ideario surgido del malestar y sienten la necesidad de vengarse de las injusticia­s.

Su futuro no es predecible. Es natural que, si entran en las institucio­nes, tienen que desalojar a alguien, y ya veremos si es sólo a IU o al PSOE. Pero antes, Podemos, a pesar de sus excelentes resultados demoscópic­os, tiene que pasar la prueba de la ética, decaída por los efectos Errejón y Monedero. Tiene que luchar contra los efectos de Grecia, porque nadie quiere una patria donde un cambio de gobierno signifique la ruina del país. Y tiene que tener mucha fortaleza para ganar la guerra que efectivame­nte y, como dice Monedero, les han declarado con toda lógica: el sistema puede ser deficiente, incluso perverso, pero no suele dar facilidade­s para su propia destrucció­n.

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EFE Ada Colau
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