La Vanguardia

La hija secreta de Saritísima

‘Lecturas’ otorga su paternidad a Mercader, el asesino de Trotski

- JOSEP SANDOVAL Barcelona

¿Tuvo una hija Sara Montiel con Ramón Mercader, el asesino de Trotski? Saritísima trata de seguir ganando batallas después de muerta. Ahora es esa presunta maternidad que desvela Lecturas: Sara tuvo una hija concebida durante su etapa mexicana (4 años en los que rodó 14 películas, incluidos los meses en que su embarazo le impediría trabajar) y, sorpresa, revelan que el padre fue Ramón Mercader, el asesino de Trotski.

Como en los mejores seriales por entregas Lecturas desglosó la noticia en dos partes. En la edición de la pasada semana, José de la Rosa, peluquero y gran amigo de la estrella durante 50 años, descubría el parto y posterior desaparici­ón de la niña a la que en un principio dieron por muerta. En el ejemplar de esta semana, el periodista Carlos Ferrando desvela la identidad del padre que, para sorpresa de todos, fue el comunista catalán.

Aunque la fantasía imperaba en los recuerdos de Sara, resulta cuanto menos curiosa su aparición en el documental Asaltar los cielos que Javier Rioyo realizó en 1966 sobre Mercader. “Aunque era un asesino, no fue un hombre malo”, decía la bella en uno de sus planos de rostro en tres cuartos.

Sara siempre reconoció que, de joven, le gustaban los hombres mayores y Mercader tenía 27 cuando cometió el homicidio, muy joven, pero ella tenía 12 según su biografía: la relación casa. Pero su encuentro pudo tener lugar durante los años que Mercader pasó en la cárcel de México (1940-1960) incluso durante su estancia en Rusia, país habitual en las giras musicales de la Montiel.

Se ha escrito que Miguel Mihura le enseñó a escribir a los 17 años (él tenía 41), y que anduvo en amores con León Felipe y con Severo Ochoa y Heming- way, aunque se casó con Anthony Mann (él, 51; ella, 29).

Sería el primero de sus cuatro maridos, al que seguirían una boda accidental con José Vicente Ramírez Olalla y otra terminal, también breve, cuando se había alterado el orden de factores: Sara se convertía, a los 65 años y por sólo tres, en esposa del cubano Tony Hernández, de 39, en una boda de risa en la que la estrella, saliendo del Ayuntamien­to de Majadahond­a (Madrid) recién casada y con el traje nupcial en una bolsa, desmentía la ceremonia y repetía: “pero, qué mentira es esa?”. El gran amor de Sara, Pepe Tous apareció en un equilibrio de edad: ella 51 y él 47 cuando se convirtier­on en marido y mujer.

Los amores de la diva no tienen réplica: todos sus amantes están muertos. Sus memorables Memorias, publicadas también en Lecturas, rebosan romances, aún de una sola noche, con hombres que fallecen poco después. Una lista en la que no falta nadie, de Marlon Brando a Gary Cooper, de James Dean a Burt Lancaster: todos desaparecí­an poco después de cualquier acción, comerse unos huevos fritos o haber hecho el amor.

Las historias de Sara siempre llevan a la sonrisa, como la aventura de cómo se esfumaron los rublos que había cobrado por unas actuacione­s en Moscú: al abrir la caja donde los llevaba se fueron volando por una inoportuna ventana abierta... del avión en el que viajaba. O las acuarelas pintadas por Hitler que le había regalado personalme­nte y no sabía donde las había guardado. Claro que Hitler luego se conoció que sí, que pintaba.

Tampoco es de fiar que rechazara entrar en el Four Seasons de Nueva York porque iba con Billie Holiday que era negra y le prohibiero­n el acceso. Se da la circunstan­cia que en una biografía autorizada de Grace Kelly, la anécdota era la misma pero con Sara en el papel de la princesa monegasca, Josephine Baker la mujer de color a la que prohí-

La artista de las mil aventuras confesó haber dado a luz a una niña en México, hoy desapareci­da

ben la entrada, y el lugar, el Stork Club. En ambas historias el final reconduce a las protagonis­tas a una amistad entrañable, que en el caso de Grace y Josephine se pudo comprobar –la princesa cedió a Baker el castillo de Milandes, en Castelnaud­la-Chapelle (Dordoña, Francia) para albergar a su tribu de hijos adoptados–, y en el de Sara y Billie, no.

También sorprende que con lo amante que era la estrella de relaciones y apellidos, jamás contase la noticia que le hubiera propiciado un parentesco con un genio del cine, Vittorio de Sica, cuya esposa, María Mercader, era prima de Ramón Mercader. Curioso: también De Sica, en 1940, engendraba con Mimí Muñoz una hija biológica, Vicky Lagos, hermana mayor de las Goyanes.

Ahora sólo falta esperar si toma cuerpo la hija desapareci­da, cuya edad se desconoce al ignorar los informante­s de la noticia la fecha del nacimiento.

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AFP Sara Montiel en un posado de su etapa americana
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Protagonis­tas en la fantástica vida de Montiel. Ramón Mercader, James Dean, Billie Holiday y Gary Cooper
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