La Vanguardia

Francia evita la final freudiana

Los ‘bleus’ impiden que España pueda revalidar el oro ante el milagro qatarí de Valero

- TONI LÓPEZ JORDÀ Barcelona

El campeón no podrá revalidar el oro. Los hispanos se quedaron a las puertas de la final del Mundial más freudiana de la historia, la que tenía que poner a prueba el complejo de Edipo, la del padre contra sus hijos, la de Valero Rivera contra su descendien­te y sus pupilos campeones del Sant Jordi. Les Experts, una vez más, frustraron a sus vecinos del sur. La bestia negra simpre vuelve. Ahora España deberá consolarse con el bronce ante Polonia, mientras Valero oposita a ser el mejor entrenador del mundo con su selección multinacio­nal construida a golpe de petrodólar y genio maño.

España-Francia era una final anticipada, un duelo casi fratricida, un asunto de familia, en el que 19 de los jugadores son o han sido compañeros de equipo, en el que se acumulan las cuentas pendientes. Un choque con precedente­s traumático­s para los españoles, todavía doloridos de las espinas de los Juegos de Londres’12 (apeados en cuartos con un gol de Accambray en el último segundo) y del último Europeo’14 (en semifinale­s). Pero la madurez alcanzada en la mágica final de Barcelona hace dos años hacía pensar en que los hispanos podían voltear la historia.

El choque de vecinos tuvo un inicio eléctrico, en el que Francia siempre fue un paso por delante después del 4-3 de Maqueda, que sería la última ventaja española. A partir de ahí, Nikola Karabatic se echó a la espalda a los bleus, que con los aguijonazo­s de Guigou (4/4) desde el extremo asestaron un disuasorio parcial de 1-6 en cinco minutos, para irse 7-12, el primer signo de alarma para Manolo Cadenas.

El técnico leonés movió a sus peones, entró Chema Rodríguez en el central, dispuso a Víctor Tomàs de avanzado en el 5:1 para frenar a su colega Karabatic y pidió más contundenc­ia defensiva, además de encomendar­se a san Gonzalo Pérez de Vargas, que no acababa de ser el muro de anteriores citas (4/16, 25%). El retoque táctico no acabó de dar sus frutos, y después de ajustar el marcador con la sangre fresca de Alex Dujshebaev y Albert Rocas (12-14, 13-15), España asistió a otro despegue francés antes del descanso (14-18).

En la reanudació­n, los hispanos salieron a muerte a remontar. El 4-1 en dos minutos, con dos contragolp­es de Ugalde, alimentó la fe (18-19). Pero enton-

P OR T E R Í A DE C I S I V A

ces Francia tiró de oficio, sacó a la pista sus artes veteranas y abortó la reacción frenando el ritmo con faltas, con las paradas de Omeyer o forzando exclusione­s, dos seguidas, de Maqueda y Viran, a las que sobrevivió sin encajar. Resultado: España se desconectó, estuvo 12 minutos sin anotar y Francia retomó una renta cómoda (18-21).

Los hispanos, con más corazón que acierto, volvieron a ponerse a un gol (20-21, 21-22) en acciones de Cañellas y Tomàs, pero cuando más se acercaban a la gesta, en esos 10 minutos finales, más se agigantó la figura de Titi Omeyer, otra vez, una más, la bestia negra: 20 paradas (4 penaltis incluidos) en 42 lanzamient­os, un 48% de acierto. Imposible remontar así. Con el 22-24 a falta de 5m, a España le faltó calma y tiento, y le sobraron las tres paradas de Titi.

Mañana Francia aspirará a ser la primera selección que se corona por quinta vez. En la mano de Valero Rivera está evitarlo, después de proseguir con su milagro qatarí: llevar por primera vez a una selección asiática a una final, un grupo hecho de retales de 8 países. Su segunda final seguida como entrenador. Gracias a su carácter y su sello inconfundi­ble y a un brutal Saric (12/34 paradas, 35%).

España se estrelló contra el muro de Omeyer: 20 paradas (48%); Gonzalo se quedó en 12 (32%)

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MOHAMMED DABBOUS / REUTERS Víctor Tomàs expresaba la decepción del equipo español al caer en la semifinal contra Francia
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