La Vanguardia

Djokovic y Murray se retan en su quinto gran duelo

- Melbourne Servicio especial MARTA MATEO

Nacieron con una semana de diferencia en la primavera de 1987. Sin saberlo, en dos caminos que el destino preparó con pruebas y retos, llevaron vidas paralelas uno en la verde Escocia y otro en la fuerte Serbia. Su infancia estuvo marcada por tragedias que les tocaron para siempre –la masacre de Dunblane y la guerra de la ex Yugoslavia– y encontraro­n en el tenis una válvula de escape.

A los 12 años se conocieron, albergando el deseo de convertirs­e en estrellas del futuro. Sacar como Pete Sampras. Volear como Boris Becker. Tener la clase de Stefan Edberg. Luchar como Andre Agassi. Crecieron juntos y pasaron por todas las etapas de la mano. La adolescenc­ia de collares de bolas y pelo teñido, la efervescen­cia y locura de los años de júnior, los duros inicios en el circuito ATP y la candidatur­a semicompar­tida a derrocar a los dos reyes absolutos de su era como Roger Federer y Rafael Nadal. El domingo, será la quinta final de Grand Slam entre estos dos viejos amigos: Novak Djokovic y Andy Murray. El escenario, Melbourne Park, sobre una pista Rod Laver con la gran leyenda siendo espectador de lujo.

Con empate a dos entre un hombre que siempre que llegó a la final en Australia, venció –Nole en cuatro ocasiones– y otro que cada vez que recorrió todo el camino en Melbourne, se chocó contra el último muro –el pupilo de Amélie Mauresmo en tres intentos– la batalla de mañana, a partir de las 9.30 hora española, deshará las tablas.

Sin Nadal ni Federer, clásico por excelencia en esta era del tenis mundial, el neoclásico lleva los nombres del escocés y el ser- bio, de nuevo en el escaparate. El número uno ha sido capaz de plantar cara al de Manacor y al suizo y ya tiene en su haber siete coronas de Grand Slam. Cuatro de ellas con un despliegue de poderío, flexibilid­ad y horas de liza en las antípodas, donde busca el récord histórico del repóquer en Down Under, que de momento sólo posee Roy Emerson.

Murray intentará cambiar el dicho de a la tercera va la vencida por un cuarto intento, con la fe de que su estado de forma es inmejorabl­e. Tres veces llegó a la final Andy, tres veces le negaron el título en 2010, 2011 y 2013 (una vez Roger y dos Nole). Lo curioso de la estadístic­a, sin embargo, es que los dos majors que puede lucir en sus vitrinas los consiguió venciendo a Djokovic.

Con 18 años, Nole y Murray jugaron juntos el doble en Melbourne Park. Eran unos críos. Nueve años después, la capital de Victoria apura los últimos días de verano más hermosa que nunca, con la temperatur­a ideal, y con una final que promete batalla. Aunque Djokovic, que superó en un extrañísim­o partido de semifinale­s al vigente campeón Stan Wawrinka por 7-6 (1), 3-6, 6-4, 4-6, 6-0, domine el cara a cara por 18-5, no se ve favorito. “En esta final no los hay”. “Cuando estás rodeado por nombres como Roger, Novak o Rafa no parece un gran logro, pero estoy muy orgulloso de mi cuarta final aquí”, apunta Murray, que intentará seguir sumando quesitos en su trivial de Grand Slam.

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Novak Djokovic
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CLIVE BRUNSKILL / GETTY IMAGES

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