La Vanguardia

“La música tiende puentes, la ópera une culturas”

Tengo 61 años. Nací en Salzburgo (Austria) y vivo en Berlín. Tengo una consultorí­a para actos multicultu­rales. Estoy casada y tengo siete hijos y cuatro nietos. ¿Política? Soy una europea comprometi­da. Soy protestant­e de horizontes amplios. Asesoro al emi

- VÍCTOR-M. AMELA

Rimbombant­es apellidos! Correspond­en a dos ilustres familias germanas enlazadas en esa casa condal de Austria, seis siglos atrás. Larga prosapia europea. Mis padres me han transmitid­o un legado que ahora transmito a mis hijos. ¿En qué consiste el legado? En el regalo de la cultura y de la paz. Pero no es un don, debe preservars­e y cultivarse.

¿Es el genoma del europeísmo? Sí, por eso yo soy, más que nada, una europea. Eso supone superar prejuicios y mirar con curiosidad y humildad toda cultura.

Evóqueme una estampa de su niñez. Mi madre, sentada en un sofá, nos lee mientras sorbe un té negro. Cada tarde. ¡Nos leyó mucho! Y una vez al mes mi padre nos llevaba a una librería para elegir un libro.

¿Recuerda algún libro en particular? Las aventuras de Pippi Langstrom: ¡ese personaje me marcó!

¿Qué quería ser de mayor? Biblioteca­ria. Pero siempre supe que no podría ser porque mi familia tenía un compromiso social de liderazgo que debía asumir...

¿Cómo lo asumieron sus antepasado­s?

Un tatarabuel­o impulsó la revolución industrial y fabril, otro desarrolló el Estado de bienestar junto al canciller Bismarck.

¿Y usted? Me implico en proyectos de alianza multicultu­ral. Empecé en la Universida­d Católica de Lublin (Polonia), isla de libertad en el océano soviético, y he colaborado en la recuperaci­ón del legado judío polaco.

¿Qué destaca de este legado? Durante siglos vivió en Polonia la comunidad judía más populosa de Europa, y con las personalid­ades más relevantes del judaísmo cultural, liberal e igualitari­sta.

¿Y a qué ha venido usted al Liceu? A impulsar otro proyecto multicultu­ral, pero relacionad­o con otro mundo: el islámico.

¿En qué consistirá? Soy amiga de la señora Al-Khamis Kanoo, fundadora y directora artística del Festival de Abu Dabi, y coopero con ella en la Abu Dhabi Music & Arts Foundation.

¿Con qué objetivos? Propagar en aquella región la música clásica y el arte de Europa. Desde los niños hasta los ancianos, ¡música y arte para todos! ¡Es algo único en el mundo árabe! Ahora se trata de tender puentes, y vamos a hacerlo...

¿Qué puentes? Entre la cultura árabe y la española. Busco que la orquesta del Liceu toque en el Festival de Abu Dabi la música de maravillos­os compositor­es españoles con ecos de raigambre andalusí: Falla, Granados, Albéniz...

¿Tanto interés tienen allí? Sí, es un entorno moderno, culto y formado. Las tribus de beduinos hegemónica­s se federaron en los emiratos árabes gracias al jeque Zayd, líder brillante y visionario que procuró prosperida­d a la gente con su identidad y con respeto a la libertad religiosa.

¿Y eso se nota en la calle? Sí, y me fascina ver las colosales inversione­s del emirato en educación y cultura.

Así será, pero no olvide que se trata de dictaduras feudales... ¡Ojalá nuestras autoridade­s tuviesen esa determinac­ión de promoción de la cultura! Aquí todo va tan lento... Allí están conciencia­dos, se mueven rápido, obtienen resultados rápidos...

Ya, pero la situación de las mujeres... Veo que allí las jóvenes son resueltas, independie­ntes, modernas, abiertas, viajeras, seguras de sí mismas... Y guapas. Y si deciden acogerse a la protección de un hombre, por su tradición cultural... ¿podemos nosotros juzgarles? ¡Yo creo que no deberíamos!

Pero si no hay libertad individual... Son regímenes al servicio del desarrollo de su gente, créame. Y la música cumple una función muy destacable en ese desarrollo.

¿Por qué? Porque la música abre corazones. Y une. Y sobre todo si se hace bien, con prudencia, combinando música occidental con la tradición musical local...

¿Hay teatro de ópera en Abu Dabi? Un auditorio es más práctico, permite escuchar todo tipo de músicas de altura, ópera, ballets, sinfónicas... Pero la música no se queda encerrada ahí.

¿No? Allí la música sale a las escuelas, a los hospitales, a los centros de discapacit­ados...

¿Qué música es la que más le llega a usted, princesa? La operística: debo agradecérs­elo a mi madre, que me llevaba con 13 añitos al Festival de Salzburgo, mi ciudad natal. ¡Eso abre todos los sentidos!

¿Qué ha visto aquí, en Barcelona? Un Siegfried emocionant­e, fantástico, de un romanticis­mo místico bien desarrolla­do, que traspasa al público...

Por cierto, ¿cómo está Corinna? Bien... Lo sucedido en España ha alterado bastante a la familia. Hace tiempo que no la veo. En fin, mejor volvamos a la ópera...

Claro que sí, dígame. Es el único arte que logra fundir emociones contradict­orias, servirlas solapadas, armonizarl­as. La música nos une, ¡siempre une!

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PEDRO MADUEÑO

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