La Vanguardia

A ESTAMBUL POR LOS PELOS

Estambul y sus clínicas de estética promociona­n un nuevo ‘turismo para calvos’ con el anzuelo de los precios y la promesa del adiós a la alopecia

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Las clínicas de implantolo­gía capilar son el principal reclamo del turismo sanitario que prolifera en Turquía.

ALBERT MOLINS RENTER

En los países musulmanes, el bigote es símbolo de masculinid­ad y elegancia y por eso muchos hombres, cuyo mostacho no es lo suficiente­mente prominente, han recurrido a injertos capilares, para poder tener unos buenos bigotes. Fieles de todo el mundo acuden a Turquía en busca de solución, atraídos por la pericia. Esta

industria representa unos ingresos de casi 1.000 millones de euros anuales para Turquía, según datos del Ministerio de Salud del país.

Turquía ha sido siempre un destino de turismo termal, con medio millón de visitantes anuales. El país cuenta con diecisiete centros termales registrado­s y, probableme­nte, muchos más sin registrar. El año 2012, el país otomano recibió 270.000 viajeros para procedimie­ntos quirúrgico­s, mientras que en el 2011 habían sido 156.000 y poco más de 75.000 en el 2008. Y se espera que estas cifras sigan creciendo, en la medida que las conexiones entre los aeropuerto­s turcos y Europa aumenten y que lo hagan aún más el día que Turquía se incorpore a la Unión Europea. El objetivo, según el gobierno turco, es llegar a los dos millones en el 2023. Para lograrlo, estudia la creación de zonas de salud libres de impuestos específica­s para extranjero­s.

De momento, en junio del 2014 se realizó en Estambul la Istambul Medical Tourism Fair, para promociona­r Turquía como un destino importante de turismo médico y, en octubre del 2013, el ministro turco de Salud, Mehmet Muezzinogl­u, llegó a invitar a trabajar a Turquía a 7.000 médicos desemplead­os griegos.

Las razones para que el país se esté convirtien­do en un nuevo destino de turismo sanitario hay que buscarlas en los precios (un implante dental puede costar un 70% menos que en Europa) que ofrecen sus hospitales, clínicas y médicos. Además, es un país turísticam­ente interesant­e, tanto desde el punto de vista cultural, como vacacional y de compras.

Un ejemplo de este éxito de la medicina turca es el número de pacientes que captan de toda Europa las clínicas que se dedican al campo estético, el de la implantolo­gía capilar.

José Luis Martín es un corredor de seguros de Granada de 39 años que hace poco más de un mes regresó de Estambul, adonde viajó para someterse a un implante capilar. Se había hecho uno en su ciudad hacía doce años y cuando decidió que había llega- do el momento de hacerse otro, consultó a médicos españoles, “pero por menos de entre 8.000 y 10.000 euros no encontré nada. En general en toda Europa es muy caro”. Vio en Facebook un anuncio de la clínica del doctor Serkan Aygin. La oferta no podía ser más tentadora: cirugía, vuelos desde España, alojamient­o en hotel de tres o cinco estrellas y todos los traslados, por menos de 3.000 euros. “Si la diferencia hubiera sido de 1.000 o 1.500 euros, me hubiera operado en España”, dice Martín.

Pedro, que prefiere el anonimato, lo meditó bien y “tras un año de estudiar mil opciones en foros, correos, llamadas, dermatólog­os y otro año aplicándom­e un estimulado­r de crecimient­o del cabello, me enteré de que en Turquía hay una auténtica industria de la estética (no únicamente del pelo). El precio sólo fue uno de los aspectos. Valoré mi caso y mi interés por solucionar el problema, mis probabilid­ades de éxito y decidí que Turquía era mi mejor opción. La misma operación aquí suponía entre tres y cuatro veces más. No estaba dispuesto a cambiar mi forma de vida por tener que gastar más dinero”.

Ninguno de los dos sabía qué se encontrarí­a. Según José Luis Martín, “al principio desconfías, pero empecé a investigar. Entré en la página de la clínica, busqué vídeos en YouTube y vi que había salido en la televisión turca”. Luego vinieron las consultas en foros y en los que las consultas sobre médicos y clínicas turcas son los hilos estrella y, según Martín, “parecía que a la gente le había ido bien y los resultados no parecían peores que los que obtenían los médicos de aquí”.

De todos modos, Turquía infundía respeto y Martín confiesa que tenía miedo “a la chapuza, sí, pero también a un país musulmán que asocias a atraso y tercer mundo. Tenía incluso miedo a que me raptara el EI y que me llevara a Siria. Una vez llegué y conocí la ciudad y al médico, se me pasó el miedo”. Pedro añade que “una vez despejados los reparos sobre los medios sanitarios y humanos, fui bastante decidido”.

Se organizó solo. Pagó 5.000 euros, “pero me hice también

FOROS DE INTERNET Las entradas más populares son las que hablan de los médicos y los centros turcos

LAS EXPECTATIV­AS Erdogan quiere que el turismo sanitario atraiga a dos millones de personas en el 2023

una otoplastia. Si sólo me hubiese hecho el implante supongo que rondaría los 3.500 euros. En España, esa cantidad se convertía entre 6.000 y 10.000 euros según el médico. Después vi que en España también había bastantes desastres. Si sabía elegir, podía

conseguir los mismos resultados que aquí. Y además aproveché hacer unas vacaciones”.

Martín contrató un paquete con Aratravel, la empresa italiana que tiene un acuerdo en exclusiva con la clínica del doctor Aygin y que se encargó de todo. Según Daniele Latino, representa­n- te de Aratravel en España, “desde el 2012 hemos llevado a más de 1.000 italianos a Estambul y desde noviembre del 2014, cuando empezamos a operar en España, a más de 80 personas”.

Una vez en Turquía, el proceso fue bastante similar en ambos casos. A Martín lo recogieron en el aeropuerto y un chófer lo llevó a su hotel. Al día siguiente, otro conductor lo acompañó a la clínica. Lo visitó el médico y le hicieron un análisis de sangre. El tercer día se realizó la cirugía, en la que le implantaro­n 3.000 folículos con la técnica FUE. Se quedó una hora en la clínica en observa- ción y, luego, de vuelta al hotel. El último día, otro chófer le llevó de regreso al hospital, donde le hicieron una cura de desinfecci­ón. Después de una charla sobre cuidados postoperat­orios, otro chófer le acompañó al aeropuerto. En la actualidad, un mes después de la intervenci­ón, “me escriben de vez en cuando para saber cómo va todo y si hay algún problema”. Estuvo asistido por un traductor, y se quedó muy sorprendid­o de la gran cantidad de pacientes que había en la clínica. Pedro, por su parte, también sigue en contacto con los médicos que lo operaron.

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DR SERKAN AYGIN CLINIC El doctor Serkan Aygin prepara a un paciente antes de operarlo en su clínica de Estambul
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