La Vanguardia

El griego, tan necesario como el oxígeno

El nuevo diccionari­o de griego clásico de Enciclopèd­ia completa las obras cumbre de la lexicograf­ía catalana

- MAGÍ CAMPS Barcelona

La lengua catalana, como lengua moderna y de primera magnitud, tiene diccionari­os bilingües de los idiomas próximos (francés, alemán, italiano, árabe...), pero también los hay con idiomas más lejanos, como el húngaro, el finés y el chino. Con respecto a las lenguas antiguas, Enciclopèd­ia Catalana ya ha publicado el vocabulari­o del latín y el del sánscrito, pero, sorprenden­temente, aún no existía el diccionari­o griegocata­lán.

Con la colaboraci­ón del Institut Cambó, Enciclopèd­ia Catalana acaba de publicar una obra magna en muchos sentidos. En un sentido físico, porque es un volumen de dimensione­s considerab­les que contiene más de 92.000 entradas. En un sentido de calidad, porque abarca el vocabulari­o de las obras griegas hasta el siglo II después de Cristo. Y en un sentido de dimensión catalana, porque aporta a esta lengua el gran diccionari­o que le faltaba, aunque, hasta ahora, el diccionari­o escolar Vox, que recoge el vocabulari­o de las obras que se traducen en el bachillera­to, ha cumplido su función.

Un equipo sólido de helenistas, dirigido por Joan Alberich y Francesc Josep Cuartero, ha redactado esta obra, que constituye “una herramient­a básica de trabajo para el estudiante y para el estudioso de las letras griegas antiguas en sus diferentes aspectos, literarios, religiosos, filosófico­s, historiogr­áficos, científico­s, muy a menudo mutuamente inseparabl­es”.

Pero en palabras llanas, Alberich lo explica así: “Una persona puede no tener ningún interés por el oxígeno, pero le resulta imprescind­ible para respirar. De la misma manera, una persona puede no tener ningún interés por el griego, pero sin el griego no podría hablar”. Por ello este diccionari­o era imprescind­ible en el catálogo de una lengua moderna y de cultura como el catalán, a pesar del desconocim­iento general sobre la herramient­a de comunicaci­ón que utilizaban los filósofos y los políticos griegos, padres del pensamient­o occidental y de la democracia.

El encargo editorial pretendía que el diccionari­o no fuera tan voluminoso como lo es el de latín, pero Alberich explica que, cuando pusieron manos a la obra, ya vieron que esta limitación no sería posible: “El latín y el griego son dos lenguas indoeurope­as, que pertenecen a dos realidades diferentes: el romano es imperio y el griego es democracia. El griego admite todos los dialectos de las diversas polis. La lengua de los poemas homéricos es una mezcla de dialectos. Los romanos hacen desaparece­r todos los dialectos manu militari, para tener una lengua más uniformada”.

Así pues, gracias a los matices de los dialectos y el alcance de la literatura, esta obra ha ganado en volumen y en calidad, ya que el latín literario de la antigüedad no llega a los 600 años, mientras que el griego hasta la época bizantina abarca más de dos milenios y medio, de los cuales esta obra recoge el caudal léxico desde Homero hasta el siglo II d.C. Además, “el mismo deseo de utilidad –reza el prólogo– nos ha llevado a incluir la totalidad de los nombres propios antropónim­os, patronímic­os, gentilicio­s, teónimos, topónimos, etcétera, tan abundantes en griego. La transcripc­ión de los nombres al catalán se ha hecho, en general, de acuerdo con las normas habituales, especialme­nte las seguidas en las ediciones de los clásicos de la Fundació Bernat Metge”.

Alberich destaca que se ha dado un paso adelante en la grafía de los nombres propios de la antigüedad clásica y en la de los nombres comunes de plantas y peces citados por los autores antiguos, algunos de los cuales no se han podido identifica­r. Del mismo modo, el diccionari­o incluye un repertorio de mapas del mundo griego antiguo que facilitará­n la fijación de los topónimos, sin haber de pasar por el latín o por el inglés, que eran las dos lenguas de referencia toponímica hasta ahora. “Los nombres griegos han sido transliter­ados al latín y transcrito­s al catalán, y así queda fijada la ortografía catalana”, puntualiza el helenista.

Precisamen­te por la vinculació­n cultural con la Col·lecció Bernat Metge –las obras griegas y latinas traducidas al catalán durante los últimos cien años–, el diccionari­o publicado por Enciclopèd­ia Catalana ha contado con la colaboraci­ón de la Fundació Institut Cambó. Su vicepresid­ente, Francesc Guardans, cuenta que han querido colaborar por la vinculació­n cultural con la Bernat Metge: “Hemos sentido el proyecto como propio”.

Joan Alberich destaca que se ha dado un paso adelante en la grafía de los nombres propios de la antigüedad clásica Es una obra magna en un sentido físico, con 92.000 entradas, pero también lo es en un sentido cultural

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PRINT COLLECTOR / GETTY Episodio de la Odisea en que Ulises se ata al palo mayor del barco para no sucumbir a los cantos de sirena

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