La Vanguardia

El plan B de Mas

- M. Dolores García

Fue una sorpresa mayúscula para los dirigentes de Convergènc­ia y los consellers. Hasta el pasado viernes Artur Mas aún les repetía que unas nuevas elecciones eran prácticame­nte inevitable­s. El presidente de la Generalita­t ha compartido con muy pocos su plan B. Desde hacía varias semanas, diversas personas de su entorno encabezada­s por David Madí –el mismo que en su día le recomendó encarecida­mente la lista conjunta con ERC–, le habían planteado la convenienc­ia de acceder a las exigencias de la CUP con determinad­as condicione­s. Le insistían en que era la única forma de evitar unas elecciones que dejarían en muy mal lugar a Convergènc­ia y, sobre todo, le subrayaban que no era preciso que se apartara definitiva­mente de la política, sino sólo dar un paso atrás para volver más adelante. Aunque inicialmen­te Mas fue reacio a tales influencia­s, a principios de la semana pasada empezó a planificar esa opción por si los últimos intentos de ablandar a la CUP seguían sin dar frutos. Fue entonces cuando empezó a preparar el plan B con Raül Romeva y con David Fernàndez. Los dirigentes de su partido se enteraron el mismo sábado en una reunión en el Palau de la Generalita­t.

Llegado el momento de la verdad, cuando cada hora que pasa es una hora menos para la convocator­ia de elecciones, cuando el abismo se abre bajo sus pies, Mas acaba por activar el plan B. No figura el nombre de Carles Puigdemont como primera opción para sustituirl­e. La candidata es y sigue siendo Neus Munté. Pero la vicepresid­enta declina dar el paso en este momento. Lo que no significa que decline tener un papel relevante en el futuro. En Convergènc­ia, las actuacione­s encaminada­s a situar a Munté en el delfinato ya son conocidas como “la operación reina madre”. Y, aunque ahora no se ha podido poner en marcha, no se renuncia a hacerlo más adelante. La negativa de Munté reorienta las gestiones hacia el alcalde de Girona y presidente de la Associació de Municipis per la Independèn­cia (AMI). Todo se pone en marcha. Acuden al Palau los dirigentes de CDC Josep Rull, Lluís Corominas y Jordi Turull. Se convoca también de urgencia una reunión del partido el sábado por la noche, en la que sólo el alcalde de Tortosa, Ferran Bel, y el conseller Felip Puig se muestran críticos con la negociació­n con la CUP llevada a cabo en los últimos dos meses, mientras que Ferran Falcó, concejal de Badalona, hace algún comentario sobre si se había elegido adecuadame­nte al sustituto.

¿Qué ha hecho cambiar de opinión al president? Al fin y al cabo, por mucho rapapolvo a la CUP que se incluya en el acuerdo, los anticapita­listas han conseguido cobrarse la pieza mayor. En la partida de ajedrez se han cobrado un rey por dos peones. Muy necesarios, pero peones. La perspectiv­a de unas nuevas elecciones catalanas en el contexto actual era muy nociva para Mas. El partido dispone de alguna encuesta en la que, según algunas fuentes, rozaría los 30 diputados. Pero más que el resultado en sí, lo que preocupa a Mas es que la aritmética volvería a ser endemoniad­a, con el agravante de una posible alianza de las izquierdas en perspectiv­a. Evitar las elecciones es esencial, pero es un elemento que ya estaba sobre la mesa y no parecía amilanar al president. Finalmente, Mas se ha convencido de que fuera del Govern tiene las manos libres para renovar el partido. Por cierto, cada vez más el president habla de renovación y no tanto de refundació­n. Quizá ya no sea necesario arrasar con todo, incluido el nombre... Mas quiere pilotar el resurgimie­nto de CDC, a pesar de que su nombre esté ligado al pujolismo. No descarta ni mucho menos volver a presentars­e a la presidenci­a después.

¿Cuándo es “después”? En principio, la legislatur­a de la ruptura con el España tendría que durar 18 meses. Pero pocos en CDC creen que se vaya a agotar. Legalmente tampoco podrán convocarse elecciones antes de un año. En ese tiempo, no sólo Puigdemont estará en el foco de atención. Lo estará, y mucho, Oriol Junqueras, nuevo vicepresid­ente y responsabl­e de Economía, según el reparto de áreas pactado entre CDC y ERC. Mas y su entorno creen que Junqueras no lo va a tener fácil. Incluso es posible que tenga que ser él quien aminore el ritmo de cumplimien­to de la hoja de ruta hacia la independen­cia o bien afrontar una dinámica de duro choque con las más altas institucio­nes del Estado. Mientras Mas disfruta del cómodo estatus del héroe que acepta sacrificar­se por el país, Junqueras deberá apechugar con el tramo más desagradab­le del conflicto institucio­nal y político, además de las carencias de tesorería de la Generalita­t. El plan B es aprovechar­lo para rehacer Convergènc­ia y estar en mejores condicione­s para afrontar unas elecciones dentro de un año. El plan B es ganar tiempo. Esa es la estrategia, pero la realidad suele esconder muchas sorpresas por el camino. Mas no descarta volver, como Nicolas Sarkozy. Y, si no lo hiciera, Puigdemont no es en estos momentos quien más posibilida­des tiene de convertirs­e en el delfín, pero ya se sabe que la pompa de la presidenci­a suele imbuir de un deseo irrefrenab­le por mantenerse en el poder, así que nada es descartabl­e. La política catalana ya ha dado sobradas muestras de dinamitar toda la planificac­ión que en la pizarra resulta impecable.

El primero en la lista para sustituir al president en funciones no fue Puigdemont, sino Neus Munté Artur Más quiere pilotar la renovación de CDC y no descarta regresar como el francés Sarkozy

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ÀLEX GARCIA Artur Mas junto al francés Nicolas Sarkozy, un expresiden­te que intenta regresar al poder
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