Retirada económica
‘Vanguardia Dossier’ analiza el plan de expansión política y comercial de Pekín
China ha ordenado a su ejército que ponga fin a todos los servicios públicos de pago que ofrecía hasta ahora y que lo habían convertido en una lucrativa y corrupta empresa.
Las nuevas rutas de la seda. En plural. La revista de geopolítica Vanguardia Dossier celebra sus 60 números con una amplia exploración de un plan político y económico a largo plazo que tiene como epicentro a Pekín y que atraviesa 60 países, tres continentes y un territorio donde se concentran el 75% de las reservas de energía conocidas, el 70% de la población del planeta y el 55% del PIB mundial.
De Pekín a Moscú, de Pekín a Vladivostok, de Xian a Venecia pasando por Moscú y Rotterdam, de Guanzhou a Mombasa haciendo escala en Singapur y Colombo, la milenaria vía comercial asociada a Marco Polo y al encuentro de las culturas occidentales y orientales se multiplica, recorre las sendas de los camellos pero esta vez en tre- nes de alta velocidad. En paralelo, ese entramado de carreteras se desdobla en su versión marítima y surca las revueltas aguas geopolíticas del Sudeste Asiático y del Índico, escenario de tensiones constantes entre los poderes regionales, China, Japón y Rusia, bajo la mirada de los Estados Unidos, atento a las múltiples maniobras comerciales y políticas de Pekín para atraerse aliados y convertir a sus enemigos históricos en socios comerciales.
El número de abril-junio de Vanguardia Dossier parte del proyecto “Una franja, una ruta” ( one belt, one road) presentado por el presidente chino Xi Jinping en 2013, donde contrastan las oportunidades comerciales, culturales y de cooperación desde Vladivostok a Rotterdam (y de ahí al continente americano) con la partida de ajedrez mundial que se disputa en el corazón de Asia, territorio cuya influencia siguen intentando granjearse Moscú y Pekín, tal y como apunta Nicola Casarini, investigador del Woodrow Wilson Center de Washington.
La apuesta de China por capitalizar las nuevas rutas de la seda tiene como objetivo reforzar lo que ya se conoce como el collar de perlas, es decir una serie de asentamientos y puertos francos que recorren todo el litoral asiático (Pakistán, Bangladesh, Birmania, Camboya y Tailandia) y alcanzan Oriente Medio.
La ruta de la seda marítima que Pekín intenta armar tiene dos objetivos: es una autopista comercial que desemboca en el sur de Europa, especialmente en Grecia, país acuciado por las estrecheces económicas, Turquía y los países balcánicos de la ex Yugoslavia. En paralelo, y a tenor del desarrollo constante de su capacidad militar naval y de la creación de islas artificiales, cuya soberanía se disputa con varios países de la zona (incluido Taiwán), Pekín juega la doble carta comercial y militar, como señala en su artículo “La ruta marítima, entre retos y tensiones” el profesor Barthélemy Courmont, de la Universidad de Lille.
Las rutas de la seda implican a muchos países, pero los africanos están prácticamente excluidos. Sin embargo, es la acción comercial y diplomática de Pekín en el continente negro la que sirve de modelo, como destacaa Yun Sun, profesora de la Brookings Institution de Washington. El proyecto lanzado por Xi Jinping y que en un primer momento rechazó Moscú para luego integrarse en él, está concebido como un plan a la largo plazo y se sitúa en el horizonte del 2050. Presenta un amplio abanico de posibilidades y alianzas, pero también una montaña de riesgos y obstáculos, como la amenaza del terrorismo, que puede quebrar con facilidad el flujo económico y de ideas políticas entre los países, cuyos mecanismos de cooperación son más débiles cuando afloran las tensiones militares, considera Mathieu Duchâtel, director adjunto del programa Asia y China del European Council on Foreign Relations de París.