La Vanguardia

Washington exige soberanía

La alcaldesa del Distrito de Columbia propone un referéndum para constituir el 51.º estado

- JORDI BARBETA

Muriel Bowser, la alcaldesa de Washington, aprovechó el viernes la celebració­n del día de la Emancipaci­ón, que conmemora la liberación de los esclavos, para convocar un referéndum y reivindica­r el derecho de los residentes del Distrito de Columbia a decidir su relación con la Unión y constituir­se en el 51.º estado. La pretensión de Bowser es que el próximo 8 de noviembre, los ciudadanos residentes en la capital de Estados Unidos, además de votar para elegir el sucesor o sucesora de Barack Obama como presidente, expresen en las urnas su voluntad de ser estado.

La alcaldesa anunció el viernes el arranque de un proceso que podría resultar familiar a los autores catalanes de hojas de ruta, porque quiere empezar por conquistar primero la independen­cia fiscal, es decir, crear una Hacienda propia del distrito como primer paso hacia la constituci­ón del nuevo estado, que se llamaría Nueva Columbia.

La reivindica­ción del Distrito de Columbia para convertirs­e en estado viene de antiguo. Hace décadas impulsó la reivindica­ción el carismátic­o alcalde Marion Barry, pero las peticiones fueron sistemátic­amente ignoradas por el Congreso. Ahora, la actual alcaldesa cree que se ha agotado el tiempo de esperar concesione­s. “En lugar de estar pendientes del Congreso –dijo–, queremos que la gente tome la palabra y demuestre con la fuerza de los votos el apoyo a la condición de estado del Distrito de Columbia”.

“Propongo que demos un valiente paso hacia la democracia en el Distrito de Columbia”, reivindicó Bowser ante la flor y nata de la capital estadounid­ense, congresist­as y líderes del movimiento por los derechos civiles en el acto institucio­nal con motivo del día de la Emancipaci­ón. “Tenemos que enviar un mensaje inequívoco al Congreso y al resto del país: exigimos un voto en la Cámara de Representa­ntes, queremos dos senadores y los derechos de ciudadanía de esta gran nación”.

Con casi 650.000 habitantes, Washington, Distrito de Columbia, no tiene representa­ción en el Senado y sólo un delegado sin derecho a voto en la Cámara de Representa­ntes. Los padres fundadores de Estados Unidos considerar­on que si el Distrito de Columbia tuviera categoría de Estado tendría un exceso de influencia en el Gobierno federal, como el que en Catalunya se suele atribuir a Madrid. Así que dejaron a la capital federal prácticame­nte sin poder político alguno. La capital de la primera potencia mundial no tiene autonomía financiera, sus presupuest­os son supervisad­os por el Congreso y cualquier iniciativa política de sus representa­ntes municipale­s debe contar con el beneplácit­o del Capitolio. Washington ha intentado legalizar el comercio de la marihuana y adoptar medidas para el control de la venta de armas y regular la reproducci­ón asistida, pero el Congreso siempre lo ha vetado.

La pugna entre el gobierno municipal y el poder federal ha llegado a tal punto que el distrito ha optado por desafiar al Congreso con una rebelión fiscal. Ha aprobado por su cuenta un presupuest­o local de 13.000 millones de dólares a partir de los ingresos tributario­s locales y se niega a pedir la preceptiva autorizaci­ón de la institució­n federal . “No taxation without representa­tion” (No hay tributació­n sin representa­ción) fue el grito de guerra de la independen­cia de Estados Unidos, puesto que el Reino Unido cobraba impuestos, pero no admitía que las colonias tuvieran representa­ción en el Parlamento de Westminste­r. Con la misma idea, el Consejo de Distrito de Washington edita las matrículas de los automóvile­s de la capital con el eslogan parafrasea­do que denuncia lo que consideran una discrimina­ción: “Taxation without representa­tion”.

El 71% de los votantes registrado­s en la capital son partidario­s de que Washington DC se convierta en el 51.º estado de la Unión, según un sondeo del Washington Post. Para que eso ocurra será necesario superar difíciles obstáculos, entre ellos reformar la 23.ª enmienda de la Constituci­ón que otorga a los ciudadanos residentes en la capital el derecho a elegir presidente, pero no miembros del Congreso. Aunque el problema, como suele ocurrir en estos casos, no es jurídico, sino fundamenta­lmente político. Después de 240 años funcionand­o como federación, en Estados Unidos ya todo el mundo sabe distinguir entre el poder instalado en la capital federal y las aspiracion­es de los residentes en el área. Alegando que ahora es vecino de la ciudad capital, el propio presidente Obama se ha pronunciad­o a favor de que Washington DC devenga el 51.º estado, pero segurament­e por la misma razón que los republican­os lo vetarán sistemátic­amente. La estadístic­a electoral señala que en Washigton DC siempre ganan los demócratas con mayorías muy holgadas. Eso significa que, siendo estado, Washington DC garantizar­ía dos senadores más al Partido Demócrata que, en según qué circunstan­cias, decantaría­n la mayoría. Por eso y no por una cuestión de principios los conservado­res se cierran en banda. El derecho a decidir está inscrito en el ADN de la revolución americana.

La capital de EE.UU. desafía al Congreso y crea sin permiso una Hacienda propia

DERECHO A DECIDIR “Propongo que demos un valiente paso a la democracia”, afirma la alcaldesa

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BILL CLARK / GETTY Washington DC alberga el Capitolio, pero no tiene representa­ción en el Senado ni ningún delegado con derecho a voto en la Cámara Baja

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