La Vanguardia

Aquí to­dos jue­gan

- SER­GIO HE­RE­DIA Sant Cu­gat Parenting · Kids · Family · Youtube · Google · European Union

Ca­da cier­to tiem­po, David (11) aban­do­na la cla­se de ba­lon­ces­to. No cal­cu­le­mos ca­da cuán­to lo ha­ce. Es­ta es una de­ci­sión alea­to­ria. No ocu­rre en un mo­men­to es­pe­cí­fi­co, ni des­pués de un ejer­ci­cio.

David aban­do­na la cla­se de ba­lon­ces­to cuan­do le ape­te­ce y por­que le ape­te­ce. De­ja en el par­quet la pe­lo­ta de ba­lon­ces­to y se va. Aho­ra mis­mo, a David só­lo le in­tere­sa el ven­ti­la­dor que hay ahí fue­ra, jun­to al pa­be­llón po­li­de­por­ti­vo. Quie­re ir a mi­rar­lo. Sen­tir có­mo le aba­ni­ca en el ros­tro. El ven­ti­la­dor, y ya es­tá. Car­los Fe­li­pe (30) se va tras él. Tie­ne cla­ro lo que es­tá ocu­rrien­do: David quie­re ob­ser­var el ven­ti­la­dor.

Jun­tos se van. Se pa­san un ra­to ahí fue­ra. El su­fi­cien­te, no de­ma­sia­do. Lue­go, Car­los Fe­li­pe le habla al ni­ño. –Ven­ga, vol­ve­mos. David reac­cio­na y re­gre­san a la cla­se. El ni­ño re­co­ge la pe­lo­ta de ba­lon­ces­to y vuel­ve a bo­tar­la. Lan­za a ca­nas­ta. Bas­que­tea, que es co­mo se lla­ma la se­sión de­por­ti­va, ca­da jue­ves en la escuela Ca­ta­lun­ya, en Sant Cu­gat.

Car­los Fe­li­pe, per­ma­nen­te son­ri­sa en el ros­tro, cuen­ta que no hay mu­cha li­te­ra­tu­ra al res­pec­to. To­do lo que sa­be acer­ca del au­tis­mo in­fan­til lo asi­mi­ló a tra­vés de la ob­ser­va­ción. El mé­to­do más vie­jo del mun­do: prue­ba-error.

–Al­gu­nos niños sien­ten fi­ja­ción por el iPad. O por la are­na del sue­lo. Con­vie­ne que lo ten­gas pre­sen­te du­ran­te la cla­se, cuan­do le es­tás en­se­ñan­do a pe­da­lear o a ti­rar a ca­nas­ta. Te guar­das ese as en la man­ga. Pue­de ser un pre­mio. Cuan­do el ni­ño quie­re pa­rar, re­co­ges tie­rra del sue­lo y se la das. Y cuan­do es­tá sa­tis­fe­cho, pue­des se­guir tra­ba­jan­do. Arturo (54) y Mar (47) di­cen que a su hi­jo, Ro­dri­go (10), lo que le gus­tan son las pa­ta­tas chips.

–De­ben ser pa­ta­tas Lays y cam­pe­si­nas –pun­tua­li­za Arturo. –¿Y si no las tie­ne a mano? –Siem­pre las ten­go a mano... –¿Siem­pre? –Ten­go un plan B: el mó­vil. Ro­dri­go sa­be en­trar en YouTu­be y bus­car Las tres me­lli­zas . Ha me­mo­ri­za­do más de cien ca­pí­tu­los.

Ro­dri­go pe­da­lea. Lo ha­ce los sábados, en Sant Cu­gat, en el equi­po que li­de­ra Car­los Fe­li­pe (su em­pre­sa, que se lla­ma Di­na­miks, ya ha cum­pli­do los cua­tro años). Hay otros 30 niños. Be­te­tea, se lla­ma es­ta ac­ti­vi­dad. So­bre es­to, tam­po­co hay li­te­ra­tu­ra. –¿Có­mo lo ha­ces pa­ra con­se­guir que un ni­ño au­tis­ta se pon­ga a pe­da­lear? –se pre­gun­ta Car­los Fe­li­pe –. Eso no es­tá en Goo­gle. Y na­die ven­drá a con­tár­te­lo. –Eso, ¿có­mo lo ha­ce? –An­te to­do, con pa­cien­cia.

“Apren­dí por la prue­ba y el error; no hay li­te­ra­tu­ra so­bre de­por­te en au­tis­tas”, di­ce Fe­li­pe, em­pre­sa­rio Car­los Fe­li­pe,

fun­da­dor de Di­na­miks, en­se­ña a niños au­tis­tas a ju­gar al ba­lon­ces­to y a mon­tar en bi­ci­cle­ta en Sant Cu­gat “No pue­do de­jar de mi­rar en vídeo el mo­men­to en el que Ro­dri­go em­pe­zó a pe­da­lear”, di­ce Arturo, un pa­dre

–Eso me lo fi­gu­ro... –En pri­mer lu­gar, hay que lo­grar que el ni­ño se fa­mi­lia­ri­ce con la bi­ci­cle­ta. Le en­se­ñas có­mo rue­dan las rue­das. No de­ben ser pa­ra ellos un ob­je­to ra­ro. Has­ta que no en­tren en su ru­ti­na, no les subas a la bi­ci­cle­ta. Apren­den a pe­da­lear so­bre el ro­di­llo, en es­tá­ti­co. Al ca­bo de un tiem­po, pa­sas a la bi­ci­cle­ta y los acom­pa­ñas. No suel­tas el si­llín. Con el tiem­po, se li­be­ran. A ve­ces, ha­ce­mos diez ki­ló­me­tros por Sant Cu­gat.

El pro­yec­to es va­lio­so y co­lec­ti­vo. Hay mu­chos ele­men­tos in­vo­lu­cra­dos. A Di­na­miks le ayu­dan el Ayun­ta­mien­to de Sant Cu­gat, la escuela Ca­ta­lun­ya, la UE Sant Cu­gat de ba­lon­ces­to, la Fun­da­ción Pla­ne­ta Ima­gi­na­rio...

–No pue­do de­jar de mi­rar el vídeo –di­ce Arturo–. Ahí ten­go a Ro­dri­go, prac­ti­can­do sus pri­me­ras pe­da­la­das. Me pa­re­ce men­ti­ra. Tar­dó año y me­dio en lo­grar­lo. Y aho­ra, a ve­ces sa­li­mos to­da la fa­mi­lia en bi­ci­cle­ta. No­so­tros, Ro­dri­go y Za­bel, su her­ma­na ma­yor (13).

Aho­ra habla Fran­cesc, el pa­dre de Sa­ra (la ni­ña tie­ne diez años):

–Hay un mo­men­to en el que no bas­ta con lle­var­los al parque. Se les que­da pe­que­ño. Pien­se que no leen có­mics ni ven pe­lí­cu­las. Así que ac­ti­vi­da­des co­mo las de Di­na­miks son una ta­bla de sal­va­ción. Aquí ha­cen de­por­te, se man­tie­nen en for­ma y se can­san.

Y Ele­na, la ma­dre de David (11), el ni­ño con fi­ja­ción por el ven­ti­la­dor:

–Son niños muy fí­si­cos. Ne­ce­si­tan des­car­gar adre­na­li­na. Y prac­ti­car un de­por­te co­lec­ti­vo co­mo el ba­lon­ces­to les li­be­ra. Car­los Fe­li­pe cie­rra el reportaje: –Al prin­ci­pio, la ex­pe­rien­cia de edu­car a es­tos niños era frus­tran­te. Tus pa­rá­me­tros de en­se­ñan­za ha­bi­tua­les se rom­pen cuan­do tie­nes de­lan­te a un ni­ño au­tis­ta. No apren­den co­mo los niños neu­ro­tí­pi­cos. Es to­do más len­to.

Se oyen vo­ces en el pa­be­llón. Sa­ra ha lo­gra­do una ca­nas­ta.

To­dos lo es­tán celebrando co­mo si hu­bie­ran ga­na­do la Cham­pions.

 ?? CÉ­SAR RANGEL ?? En ple­nacla­se. Fran­cesc, Car­los Fe­li­pe y Ra­quel (de es­pal­das), jun­to a los niños Si­món, Sa­ra y David, en la escuela Ca­ta­lun­ya deSant Cu­gat
CÉ­SAR RANGEL En ple­nacla­se. Fran­cesc, Car­los Fe­li­pe y Ra­quel (de es­pal­das), jun­to a los niños Si­món, Sa­ra y David, en la escuela Ca­ta­lun­ya deSant Cu­gat

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