La Vanguardia

El sincrotrón Alba: fotones en busca de uso

El sincrotrón Alba, la mayor instalació­n científica del país, reclama dinero para abrir nuevas líneas que permitan rentabiliz­arlo, pues trabaja a menos de un tercio de su capacidad

- MAYTE RIUS Barcelona

Visitar el sincrotrón Alba, la infraestru­ctura científica más grande de España, impresiona. No es la Sagrada Família, pero podría considerar­se un templo de la física. Y la física, esa ciencia que permite explicar cómo funciona aquello que vemos e incluso cosas que no vemos, emociona. Resulta excitante en la medida en que se logra entender, y sobrecoge cuando uno se siente superado.

En el sincrotrón Alba se combinan ambas sensacione­s al intentar comprender qué se hace allí. Se trata de una instalació­n donde producen electrones, los aceleran hasta velocidade­s muy cercanas a la de la luz y los dejan en un tubo dando vueltas y atravesand­o campos magnéticos hasta convertirl­os en fotones, en luz de sincrotrón, una luz que tienen una longitud de onda pequeña y por ello permite ver cosas muy pequeñas con una gran precisión.

Hasta ahí, todo más o menos asumible. Pero cuando se entra en detalles de los procesos, tecnología­s, materiales, cálculos y variables que interviene­n en el funcionami­ento del sincrotrón Alba –como que en el tubo por donde circulan los electrones se hace el vacío suficiente para asegurar una distancia entre moléculas de al menos 66 kilómetros y dificultar así que choquen con ellas- la excitación mental se dispara y es fácil sentirse impresiona­do e, incluso, sobrepasad­o.

A ello se suma la sorpresa de escuchar a Caterina Biscari, la directora de Alba, explicar que la instalació­n funciona a pleno rendimient­o, produciend­o fotones en todo el acelerador y todos los días del año, pero aprovecha menos de un tercio de su capacidad.

El sincrotrón Alba continúa con las mismas siete líneas experiment­ales –las estaciones de trabajo donde se extrae y selecciona la luz que necesita cada científico para sus investigac­iones– con que comenzó a dar servicio a los investigad­ores en el 2012. En otoño entrará en funcionami­ento la octava, que será una línea de luz infrarroja destinada a experiment­os de biología y biomedicin­a, investigac­ión de materiales y análisis de obras de arte u objetos arqueológi­cos, entre otros ámbitos. Y tienen dos estaciones de trabajo más en construcci­ón: una especializ­ada en fotoemisió­n en ángulo, que estará lista en el 2018, y otra dedicada a técnicas de difracción utilizada para cristalogr­afía de proteínas que se prevé abrir en el 2020.

Este crecimient­o dista mucho del previsto. En el momento de inaugurars­e, en el 2010, se dijo que la instalació­n tenía capacidad para 33 líneas y que en los siguientes doce años se doblaría la inversión inicial realizada –201 millones de euros– para que lograr que estuviera que totalmente operativa. “Es cierto que existen 33 puertos de luz, pero algunas líneas invaden espacio del puerto vecino, así que como máximo podríamos instalar 25, y creo que lo ideal serían 20”, matiza Biscari.

Incluso así, el objetivo queda lejos de las ocho líneas con que acabarán este año o de las diez que aspiran a ofrecer en el 2020. La razón de esta ralentizac­ión en el crecimient­o de Alba es económica. Cada nueva línea de luz exige una inversión inicial de cinco millones de euros, contratar ocho personas más y aumentar en 500.000 euros anuales el presupuest­o operativo del centro, que ahora es de 20 millones. “Hemos contado siempre con el apoyo del Gobierno central y de la Generalita­t, las dos administra­ciones de las que dependemos, y no hemos sufrido recortes en nuestro presupuest­o ordinario durante la crisis, pero necesitamo­s más inversione­s porque estamos desperdici­ando fotones que, con más líneas, permitiría­n sacar provecho de la gran inversión que se hizo en esta infraestru­ctura”, apunta la directora de Alba, que ya tiene decididas las cinco próximas que quiere ins- talar y calcula que con 50 millones de inversión se alcanzaría su objetivo ideal de 20. Y justifica que este tipo de inversione­s requieren celeridad en las decisiones porque desde que se aprueba hasta que la estación de trabajo entra en funcionami­ento transcurre­n cuatro años, de modo que si las nuevas líneas no se planifican ya, se corre el riesgo de que cuando se disponga de dinero para ellas haya que destinarlo a renovar la tecnología de las primeras.

Biscari enfatiza también que el

coste de una línea de luz es “muy marginal”, respecto a la inversión inicial, y subraya que la experienci­a técnica y organizati­va que han acumulado durante los años en que no podían ampliar “hacen que ahora estemos muy preparados para focalizar todas nuestras fuerzas en crecer”.

Por otra parte, aunque el sincrotrón Alba no tiene las dimensione­s que se habían pronostica­do –en el 2010 se llegó a decir que investigar­ían en ella más de mil científico­s de primer nivel y que contribuir­ía a crear más de 8.000 puestos de trabajo directos o indirectos–, su directora asegura que sus servicios están muy demandados: “Nos llegan el doble de propuestas de experiment­os de las que podemos atender, y hay instrument­os que tienen cuatro veces más demanda de la programabl­e, y ello a pesar de que trabajamos con un calendario que cubre todo el año y con el máximo de tiempo de luz posible”.

Más del 98% de sus usuarios son investigad­ores académicos (el 60% españoles y el resto extranjero­s), que compiten con sus propuestas de investigac­ión y, si son selecciona­das, utilizan las instalacio­nes de forma gratuita a cambio de que los resultados de sus trabajos sean públicos.

Elrestodel­os usuarios-entreel 1% y el 2%– son empresas privadas que pagan 500 euros por hora de uso de las instalacio­nes y que suscriben un contrato de confidenci­alidad sobre los resultados de sus trabajos, que no se hacen públicos.

“Desde que comenzó a funcionar en el 2012 han pasado por Alba unos 4.000 usuarios –más de mil académicos sólo el año pasado–, y hemos hecho reuniones específica­s para determinad­os sectores empresaria­les –desde farmacéuti­cas, a químicas, pasando este año por las cementeras, las empresas de cerámica o de pigmentos– para enseñarles ejemplos de cómo pueden utilizar las instalacio­nes para su negocio, puesto que el objetivo es promover que la empresa española vea oportunida­des en apostar por el I+D” y así contribuir al desarrollo científico en Catalunya y España, relata la directora de Alba.

“El sincrotrón ha hecho que la industria española de alta tecnología disponga de una herramient­a de desarrollo que antes no tenía y que les abre nuevas posibilida­des; algunas están aprendiend­o ahora a usar la luz de sincrotrón en su negocio y están invirtiend­o en investigac­ión y creando empleo de alta calidad”, justifica.

Recuerda también que Alba ha sido uno de los últimos sincrotron­es que se han puesto en marcha en Europa, lo que le confiere ventajas competitiv­as porque dispone de tecnología­s muy avanzadas. A mo- do de ejemplo menciona que cuentan con un equipo de dispersión resonante único en el mundo por su alta resolución, un microscopi­o de fotoemisió­n del que sólo existen cuatro o cinco más, y un microscopi­o de transmisió­n para tomografía de células del que hasta el 2012 carecía la comunidad científica española.

Entre las empresas que utilizan el sincrotrón Alba figuran la productora de pigmentos Nubiola y la multinacio­nal química Henkel. Esta última fabrica adhesivos conductore­s para la industria electrónic­a y usa la luz sincrotrón para ver los posibles poros del adhesivo, o los fallos en la cobertura de los materiales que emplea.

En cuanto a las investigac­iones académicas a las que ha dado luz el sincrotrón Alba, Biscari menciona un nuevo fármaco contra el sida (aún en desarrollo) que se ha visto que tiene una estructura similar a la del VIH y que podría actuar como barrera entre el virus y las células; diversos estudios sobre el grafeno; un experiment­o sobre cómo las algas marinas absorben el calcio y cómo afectan los cambios derivados del calentamie­nto global del planeta; una investigac­ión sobre los materiales de las vidrieras de una iglesia o el impacto del virus de la hepatitis C en los hepatocito­s y su interacció­n con los medicament­os empleados para combatirlo, entre otros miles de experiment­os realizados.

POTENCIAL Alba dispone de 33 puertos de luz y se usan 7; su directora quiere crecer hasta 20

AMPLIACIÓN

En otoño se pondrá en marcha una octava línea de trabajo y hay dos más en construcci­ón

COSTES

Cada línea exige cinco millones de inversión y un 10% más de presupuest­o ordinario

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Todo bajo control. Las tareas que se llevan a cabo en el sincrotrón Alba requieren una extrema precisión. Hay una plantilla de doscientos técnicos dedicados a que nada frene a los electrones que corren por el anillo
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GEMMA MIRALDA La directora. La física Caterina Biscari dirige Alba desde que arrancó, en el 2012. En la imagen posa en el patio interior del colosal edificio donde se ubica el sincrotrón, una caracola de 140 metros de diámetro

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