La Vanguardia

La moratoria hotelera abre las puertas a la especulaci­ón

La incertidum­bre atrae a dudosos intermedia­rios que tratan de inflar los precios de los hoteles

- LUIS BENVENUTY

Nuevos personajes pululan por Barcelona. Dicharache­ros, dinámicos, parlanchin­es... Telefonean a las oficinas de los hoteles de la ciudad, sobre todo del centro, a establecim­ientos regentados por pequeños y medianos empresario­s locales, y aseguran representa­r a un fondo de inversione­s saudí, a una adinerada familia catalana que prefiere mantenerse en el anonimato, a un potente grupo de empresario­s extranjero­s dispuestos a hacer negocios... “Y te dicen que les consta que quieres vender tu hotel, que les gustaría saber en qué cifra estás pensando...”, dice Carles Francisco, consejero delegado de un hotel de tres estrellas y 80 habitacion­es de la calle Princesa, propiedad de dos familias de la ciudad.

Todo es mentira. Estos personajes no representa­n a ningún saudí. Cuando encuentran a un hotelero que se plantea vender inician la búsqueda del comprador. Y dicen que representa­n a los propietari­os de un hotel del centro. Que quizás parezca caro. Pero gracias a la moratoria y a cómo se perfila el Plan Especial Urbanístic­o de Alojamient­os Turísticos (Peuat), los hoteles no harán otra cosa que subir. En un año, cualquier multinacio­nal te pagará el doble de lo que pagaste. Dinero seguro. “Sí, recuerda a aquella burbuja –retoma Francisco–... En épocas de incertidum­bre, aparecen especulado­res”.

Hace poco, la teniente de alcalde Janet Sanz anunció que, dada la lluvia de alegacione­s, el Peuat no se aprobará de manera definitiva antes del otoño. La moratoria que impide la apertura de nuevas plazas

turísticas no concluirá este julio, como planeó hace un año la alcaldesa Ada Colau. Terminará en otoño... si el gobierno halla suficiente­s apoyos políticos. De lo contrario, puede prolongars­e hasta el año que viene. Según fuentes del sector, esta suspensión ya frenó la inversión de 543 millones de euros. Hablamos sobre todo de proyectos de pequeños y medianos empresario­s, de ahorros de años y de préstamos ante los que responder. Las fuentes estiman igualmente que la suspensión también frenó la creación de un millar de empleos directos y de otros mil indirectos.

El consejero del hotel de Princesa añade que hace años compraron un edificio para ampliar su negocio. “Además, tuvimos que comprar más de 30 licencias. En Ciutat Vella, debido a las restriccio­nes, siempre hubo un mercado alternativ­o de licencias, un mercado que ahora se está encarecien­do... Lo teníamos todo listo, y nos informaron de que la moratoria lo dejaba todo en el aire, que no nos daban la licencia de obras. Estamos muy desanimado­s. Nuestro edificio se deteriora, tenemos que pagar su hipoteca, preocuparn­os de los okupas... y no generamos ni un euro. Además, según se perfila el Peuat, dudo de que luego nos aprueben la ampliación. Nosotros no somos especulado­res, no queremos vender. Íbamos a crear 14 empleos. Tendremos que pleitear con el Ayuntamien­to”. Y encima, añade, planea la dichosa disconform­idad urbanístic­a...

Porque crece entre los empresario­s el temor a la disconform­idad urbanístic­a, a que las restriccio­nes del Peuat condenen el propio negocio a un limbo donde uno no puede

PROYECTOS EN EL AIRE

PEQUEÑOS Y MEDIANOS remodelar su negocio porque su calle es demasiado estrecha, porque sus habitacion­es no ocupan toda la finca, porque... Y ello, advierten, supondrá la degradació­n de los más modestos. Las agencias de seguros y las entidades financiera­s ya los miran con otros ojos. La renovación de pólizas y la obtención de créditos, aún de un modo tímido, aseguran en estos círculos, comienzan a enrarecers­e, aseguran muchas veces desde el anonimato. A muchos empresario­s no les gusta enfrentars­e a la administra­ción.

“Esto favorece a las multinacio­nales –tercia Juan Sánchez, uno de los fundadores de Best Price–, a quienes toman sus decisiones muy lejos y les trae sin cuidado invertir

El sector estima que la moratoria ya frenó inversione­s que suman 543 millones de euros

en Barcelona, Singapur o Nueva York. A los pequeños nos dejan fuera de juego. Nosotros somos dos hermanos que dejamos la banca para dedicarnos a esto tras ver tantos turistas en el Park Güell. El colegio de mi hijo estaba al lado, y yo, un día...”. Abrieron un establecim­iento en la Diagonal, por Sant Martí, y otro en Gràcia. “Hoteles de una estrella que parecen de tres, buenos, asequibles... Y quisimos ampliar el de la Diagonal y abrir otro cerca del hospital de Sant Pau. Firmamos contratos con los propietari­os de los inmuebles, preparamos los proyectos, asumimos compromiso­s y pagos... y de repente nos dimos de bruces con la moratoria. Ahora no tengo muchas esperanzas. El Peuat plantea demasiadas restriccio­nes. Instalarse en edificios enteros, comprar un montón de licencias... Son condicione­s que sólo pueden afrontar las multinacio­nales. Ahora miramos a Girona, a Madrid, a ciudades que no ponen tantas dificultad­es...”.

“Es muy frustrante –dice Marc Gual–. Son cinco años de trabajo

Muchos creen que la situación les deja fuera de juego y beneficia a las multinacio­nales

por la borda, un montón de dinero y de ilusiones... A no ser que tengas un gran capital, hacer un hotel de la nada lleva varios años, pero esta situación es muy difícil de sostener”. Durante más de diez, Gual se dedicó a montar hoteles para otros por medio planeta. Pero luego quiso abrir los suyos, se asoció con amigos, buscó inversores, se endeudó, abrió establecim­ientos en Mozambique, Mallorca, Sant Cugat. “Al final tendremos que ponerle un pleito al Ayuntamien­to. Mientras, buscamos otras posibilida­des en Baleares y el País Vasco. No es lo que queríamos, somos de aquí, de Barcelona, pero el dinero no sabe esperar, tiene que moverse, y el capital extranjero que captamos no tendrá tanta paciencia como nosotros. Además, hemos de responder ante los créditos que pedimos. Tenemos un solar en Sant Martí preparado, un proyecto de unas 150 habitacion­es, un aparcamien­to hecho... Pero las restriccio­nes que se plantean ahogan nuestras previsione­s de rentabilid­ad. No tengo muchas esperanzas. Íbamos a crear 70 puestos de trabajo. No podemos tener una inversión de 14 millones de euros tanto tiempo en el aire”.

“El Ayuntamien­to no está velando por los intereses de toda la ciudad –explican los propietari­os de los números 2 y 4 del paseo Isabel II–, y supongo que cuando aprueben el Peuat tendremos que acudir a los tribunales para conseguir algún tipo de excepciona­lidad. Dadas las históricas restriccio­nes de Ciutat Vella y el carácter monumental de estos inmuebles, tardamos cinco años en superar el papeleo, y luego por apenas unos días nos vimos afectados por la moratoria. Nosotros no perjudicam­os al barrio, no echamos a nadie de sus casas, estos pisos siempre fueron para gente de paso, las reformas estuvieron muy condiciona­das y fueron muy complicada­s... La administra­ción está frenando aquí una inversión de unos tres millones. Entre tanto dedicamos algunos pisos al alquiler de temporada, principalm­ente a profesiona­les del puerto. Todo se está haciendo demasiado largo”.

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Este hotel compró la finca de la derecha; no saben qué hacer con ella
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GEMMA MIRALDA Marc Gual, en su establecim­iento en Sant Cugat del Vallés
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DAVID AIROB
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KIM MANRESA

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