La Vanguardia

El regreso de la diosa Fortuna

Un mes después de la investidur­a de Mariano Rajoy, la tensión política se ha relajado un poco y emerge una política de convergenc­ia estratégic­a entre el Partido Popular y el PSOE para contener el malestar social

- CUADERNO DE MADRID Enric Juliana

Un mes después, las cosas parecen haber vuelto a su sitio en Madrid. La tensión política ha disminuido. Todo parece un poco más calmo y Manuela Carmena ya ha anunciado que la cabalgata de Reyes de este año tendrá un aire más tradiciona­l, para evitar agrias polémicas, como la del año pasado. “La Navidad es una fiesta extraordin­ariamente especial y es, sin duda, una fiesta cristiana”, ha dicho la alcaldesa. Carmena es un personaje interesant­e. Es paréntesis y paraguas. No volverá a presentars­e, por motivos de edad, de manera que su mandato comienza a ser interpreta­do como un periodo de descanso, después de más veinte años de turbo-derecha. El actual gobierno municipal de Madrid es muy de arte y ensayo. Nació improvisad­o y carece de la osamenta del proyecto de Ada Colau en Barcelona. Carmena actúa de intermedia­ria entre la ciudad madura y sus jóvenes concejales izquierdis­tas. Cuando hay un cirio –los hay a menudo–, la alcaldesa convoca a las partes enfrentada­s a compartir unas magdalenas que trae de casa. Cabalgata de Reyes corregida y sedada. Carmena capta bien la atmósfera de Madrid. Brumario ha traído un ambiente de restauraci­ón. Todo parece volver a su sitio después de diez meses locos.

Treinta días después de la investidur­a, el Parlamento ya lleva abrigo y Mariano Rajoy domina la escena, como si nada, o casi nada, hubiese pasado. Es verdad, pierde votaciones sin cesar en el Congreso. De una lectura lineal de los periódicos podría deducirse que la obra del anterior Gobierno está siendo desmantela­da a la velocidad del rayo. Nada más lejos de la realidad. Las proposicio­nes no de ley (PNL) son pirotecnia, la mayoría de las veces. Ejercicios tácticos de los partidos de la oposición para recordar que el Gobierno está en minoría y para poner en aprietos a los competidor­es. El pleno del Congreso podría aprobar una PNL a favor del envío de una misión tripulada a la Luna, sin que ello tuviese la más mínima trascenden­cia práctica. El Gobierno está en minoría, pero no al borde del precipicio. Un mes después de su dramática investidur­a, Rajoy controla la situación y cuenta con vientos favorables.

El pasado jueves por la mañana, mientras representa­ntes del Partido Popular y del PSOE cerraban el pacto sobre la regla de gasto del 2017 –pared maestra de la legislatur­a–, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se reunía con un grupo de periodista­s en Madrid y les aseguraba que Bruselas será “flexible” con el Gobierno español. “Tenemos que apoyar a España, es la número uno en crecimient­o”. Esta es la clave. Este es el significad­o del Brumario español. Regresa el orden. Después de diez meses en los que podía haber pasado de todo, España es hoy discreto factor de estabilida­d en una Europa mayoritari­amente perpleja por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y angustiada ante el incierto rumbo del mundo y sus algoritmos. Bruselas y Berlín protegerán y ayudarán al Gobierno de Madrid, porque en estos momentos contribuye a la estabilida­d general de la Unión. Atención al referéndum de hoy en Italia. Se está dibujando una nueva cartografí­a que los navegantes catalanes no pueden ignorar.

Hace unos meses, entre enero y junio, Rajoy parecía un náufrago a la deriva. Hubo en Madrid tímidas maniobras para sustituirl­e por un candidato sin carnet de partido, que facilitase un Gobierno de gran coalición con el PSOE. Esos movimiento­s sigilosos no prosperaro­n por tres motivos: la rigurosa neutralida­d de Felipe VI, un rey que no quiere borbonear, la ausencia de candidatos dispuestos a arriesgar más allá de la conversaci­ón de sobremesa, y el apoyo de Bruselas y Berlín a Rajoy. El náufrago de primavera ha conservado el poder y si Matteo Renzi fracasa, su cotización europea irá en aumento. Estamos ante el regreso por todo lo alto de la diosa Fortuna. Nada es seguro. Diferencia­s de cien mil votos en tres estados de Norteaméri­ca pueden haber cambiado el rumbo de la humanidad. Virtud, poder y fortuna, los tres conceptos básicos de Maquiavelo. Regresa La Fortuna, orlada por algoritmos y posverdade­s.

Mientras la suerte le sonríe, el gallego resistente dibuja el nuevo campo de batalla, necesariam­ente provisiona­l a la espera del congreso del PSOE y de la llegada del mes de mayo –Floreal, en el calendario republican­o francés–, momento en que la presidenci­a del Gobierno volverá a tener la potestad de proponer la disolución del Parlamento y la convocator­ia de elecciones generales. Hasta mayo, tanteo, mucho tanteo. Tanteo y obras de refuerzo del bipartidis­mo.

El Partido Popular y el PSOE se necesitan. Rajoy quiere más estabilida­d –su gran capital en Europa– y el Partido Socialista necesita tiempo para reconstrui­rse. De ese comercio nace la actual coyuntura: oposición vistosa y verbosa de día, acuerdos estratégic­os de noche. La política de alianza nacional, esta semana rotundamen­te visible. Los dos partidos han pactado un ajuste presupuest­ario basado en la expansión de la presión fiscal, para evitar pancartas en la calle. Rajoy prefiere el malhumor de una parte de sus votantes –que no le abandonara­n–, que tener que afrontar una huelga general con Podemos detrás y el PSOE tentado por la barricada. La severa erosión del bipartidis­mo no aguantaría un 2017 muy caliente.

No habrá tijeras y si hay que recurrir a ellas se hará con discreción. Con estos planos se ha comenzado a levantar la pared maestra de la legislatur­a: obtener el máximo apoyo de Bruselas, asentar el crecimient­o de la economía, tranquiliz­ar a las clases medias, desinflama­r –que no resolver– la cuestión de Catalunya, y contener a los partidos nuevos, muy especialme­nte a Podemos. Hacer todo lo posible para que la vertiginos­a erosión del sistema político español no vaya a más. Pie en pared. Política de Estado. Política de alianza nacional. Alfredo Pérez Rubalcaba ha regresado discretame­nte a la cocina, mientras José Luis Rodríguez Zapatero trabaja a fondo en favor de Susana Díaz.

Rajoy gana estabilida­d y el PSOE obtiene visibilida­d social, en un momento en que las encuestas le sitúan como tercera fuerza (18%), por detrás de Podemos (22-23%). El drama de octubre fue fenomenal –“ahora la autoridad soy yo”– y los socialista­s tardarán en recuperars­e. Susana Díaz está acelerando su campaña, por temor a que cuaje la tercera vía de Patxi López, que no brilló como presidente del Congreso. Pedro Sánchez ha perdido fulgor, aunque no simpatizan­tes. Rajoy ha decidido ayudar el PSOE mientras espera que lleguen los poderes reforzados de mayo.

Tiempo de tanteo en el que no será fácil distinguir el grano de la paja, los pactos de fondo de los acuerdos circunstan­ciales, las votaciones decisivas y las banales, los diálogos sinceros y los ficticios. La reforma de la Constituci­ón es hoy una mera hipótesis. Este tema hay que cogerlo con pinzas. Populares y socialista­s comparten temores. Podemos podría forzar que una reforma por la vía simple fuese sometida a referéndum, puesto que dispone de más del 10% de los diputados (artículo 167.3). Atención a lo que ocurra esta noche en el referéndum de Italia. La diosa Fortuna ha regresado.

Obras de refuerzo del bipartidis­mo: ajuste sin exhibición de tijeras para evitar más ira en la calle Jean-Claude Juncker garantiza “flexibilid­ad” a España y Rajoy decide dar oxígeno al PSOE herido

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MERCÈ GILI Mariano Rajoy, fotografia­do al contraluz, en un acto electoral que tuvo lugar hace unos años en Lleida
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