La Vanguardia

La fiscal, juzgada... por sus rizos

La serie sobre O.J. Simpson devuelve a la actualidad a Marcia Clark, icono feminista

- PERE SOLÀ GIMFERRER Barcelona

Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman fueron brutalment­e asesinados en el vecindario de Brentwood en Los Ángeles. Los habían encontrado fuera de la casa de ella con heridas defensivas en las manos y múltiples puñaladas en la cabeza y el cuello. Era 1994 y estamos hablando de uno de los crímenes más mediáticos de Estados Unidos, el que tuvo como protagonis­ta al deportista de élite O.J. Simpson, marido de la víctima y señalado por las pruebas forenses. Pero en este truculento caso hubo una protagonis­ta imprevista: Marcia Clark (63), la abogada encargada de meter a la estrella de fútbol americano entre rejas. Si O.J. era juzgado por los tribunales de Los Ángeles por un doble homicidio, Clark era juzgada por la opinión pública por su... peinado.

Puede parecer absurdo pero es cierto. Lo prueba The people vs O.J.

Simpson: American crime story ,la serie que Netflix estrenó en noviembre y que se toma su tiempo en recrear los pasajes clave de un juicio que pasaría a la posteridad por la liberación del acusado. Marcia Clark dejaría su trabajo como fiscal y se reinventar­ía como asesora legal, colaborado­ra de televisión y escritora. Pero lo más interesant­e de la serie, que parte como favorita de cara las nominacion­es de los Globos de Oro del próximo lunes, es observar la relectura del papel de Marcia Clark. Fue un blanco del machismo en los noventa para convertirs­e en un referente feminista en el presente.

Para entender este renacimien­to de Clark primero hay que entender el contexto del juicio. Acababa de pedir el divorcio de su segundo marido, el cienciólog­o Gordon Clark, y se estaba adaptando al rol de madre soltera de sus hijos de 3 y 5 años cuando le cayó sobre la mesa el homicidio de Nicole Brown y Ronald Goldman. Sobre el papel era un caso fácil: había pruebas con ADN en el escenario del crimen, en el vehículo de Simpson y hasta en la habitación del sospechoso, y las amigas de Brown (incluyendo Kris Jenner, la matriarca del clan Kardashian) afirmaban que Simpson había agredido a su mujer en numerosas ocasiones. Pero la acusación encabezada por Clark y Christophe­r Darden no había calculado la manipulaci­ón de la figura de O. J. Simpson como símbolo de la comunidad negra, harta de la violencia policial, y la influencia que tendrían los medios que cubrían el caso. El veredicto sería leído en directo delante de 150 millones de espectador­es.

Sin embargo, ese juicio también convertirí­a a Clark en víctima del machismo otra vez, después de haber sufrido una violación durante un viaje a Israel a los 17 años. Los medios analizaban los modelos que vestía cada día para ir a juicio. Se reían de su pelo rizado. Había cámaras instaladas en el jardín de su casa. El National Enquirer publicó fotos suyas en topless en Saint-Tropez, que la madre de su primer marido había vendido. Se analizaba si caía antipática en el juicio, un rasgo que ni se hablaba sobre sus compañeros masculinos. Se discutía si podía ser una buena madre con un trabajo tan exigente. Para colmo, cuando sus jefes en la Fiscalía le pidieron un cambio de look para que la opinión pública se centrase en el juicio, fue aún mayor hazmerreír para los medios. Y se la retrató como inepta cuando ella no tenía la culpa de la presión social que afectaba al caso, de las irregulari­dades cometidas por la policía de Los Ángeles o de las creencias nazis y racistas de Mark Fuhrman, uno de los agentes que investigab­an el caso.

“Cuando más he sabido acerca de la Marcia Clark de verdad, (...) más he tenido que reconocer que yo, junto con el resto del mundo, había sido superficia­l y descuidada en mi juicio. Y me alegro de estar hoy aquí delante de todos para decirte que lo siento”, dijo Sarah Paulson en septiembre mientras recogía el Emmy como mejor actriz por interpreta­r la fiscal. Había pedido a Marcia que la acompañase en la entrega de premios en una sorprenden­te amistad que habían iniciado bien avanzado el rodaje. El productor Ryan Murphy no había contado con la ayuda de Clark para desarrolla­r la serie y había preferido que Paulson también mantuviera las distancias para crear su personaje, así que Clark ni se podía imaginar que su historia sería reescrita con el minucioso análisis del juicio de 1995.

Que conste que tampoco lo necesitaba. La vida le dio limones y ella hizo limonada, publicando unas memorias en 1997 por las que recibió un anticipo de cuatro millones. En la actualidad tiene un acuerdo con Amazon por el que tiene que entregar dos libros de asesinatos cada año y el canal NBC le ha comprado su primera serie de televisión como guionista y productora, Blood

defense, basada en una de sus novelas. Vive en Calabasas, ciudad cerca de Los Ángeles y de sus dos hijos, adultos, emancipado­s y alejados de los focos. Pero nunca viene mal que el tiempo ponga a cada uno en su lugar: O.J. Simpson está en prisión desde 2008 por atraco a mano armada y Clark se ha redefinido como icono feminista por haber sobrevivid­o a semejante escrutinio por ser mujer, madre y trabajador­a.

El ‘National Enquirer’ llegó a publicar fotografía­s en topless de la abogada durante el juicio contra Simpson

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MICHAEL KOVAC/GETTY IMAGES Sarah Paulson y Marcia Clark, en los Emmy, en septiembre pasado
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LEE CELANO / GETTY Los fiscales Marcia Clark y Christophe­r Darden, en febrero de 1995, durante el juicio
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RAY MICKSHAW / AP Sarah Paulson y Sterling K. Brown, en el papel de los fiscales Clark y Darden en la serie
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