La Vanguardia

Impostores del terror

Las autoridade­s francesas han investigad­o más de seis casos de falsas víctimas de los atentados de París

- ANNA BUJ

Todo el mundo recuerda a Tania Head, la expresiden­ta de la asociación de víctimas del 11-S que se presentaba como supervivie­nte de los atentados en las Torres Gemelas. Años después, y gracias a una investigac­ión de The New York Times y La Vanguardia, se supo que en realidad Tania se llamaba Alicia Esteve, era barcelones­a y no estaba en el piso 78 de la torre Sur cuando se produjo el ataque. Tampoco tenía títulos universita­rios de Harvard y Stanford. El destape de su rocamboles­ca mentira hacía creer que nadie volvería a intentar hacerse pasar por víctima del horror.

Pero no ha sido así. En Francia, más de un año después de los atentados yihadistas de París del 13 de noviembre del 2015, las autoridade­s han investigad­o más de seis casos de impostores que se han hecho pasar por afectados para cobrar los 30.000 euros de indemnizac­ión que otorga el fondo de garantía de víctimas del terrorismo (FGTI). El más reciente se destapó la semana pasada, cuando una pareja de Aulnay-sous-Bois (en la periferia de París) tuvo que responder ante los tribunales por haber alegado ser víctimas de las primeras explosione­s en el Stade de France, cuando luego se ha demostrado que esa noche ni estaban en Saint-Denis.

La pareja, un hombre de 47 años y una mujer de 36, vende bufandas y otros souvenirs en días de partido. “Pretendier­on ser víctimas de la bomba que explotó cerca del McDonalds”, cuenta una fuente cercana a la investigac­ión a Le Parisien. En una primera versión afirmaron haber sufrido repercusio­nes psicológic­as y dolores en el oído, avalados por un certificad­o médico, pero la policía ha descubiert­o que ese día se habían quedado en Aulnay-sous-Bois. El médico también ha sido interrogad­o.

Sin embargo, el castigo ejemplar ha recaído sobre una pareja de Antibes (Costa Azul), a la que un tribunal de Grasse condenó en diciembre a seis y tres años de cárcel. No contentos con haber dicho que fueron alcanzados por las mismas explosione­s de Saint-Denis, y tras haber cobrado los 30.000 euros por cabeza del FGTI, decidieron repetir el procedimie­nto después de que un simpatizan­te del Estado Islámico arrollara a la multitud en el paseo de los Ingleses de Niza en las celebracio­nes del 14 de Julio. Esta segunda demanda les delató. La policía investigó el caso y descubrió que el 13 de noviembre del 2015 la pareja se encontraba en Antibes.

Tras hallarse que tampoco estaban en Niza el día del segundo atentado, el tribunal quiso realizar una “aplicación particular­mente estricta de la ley”. Los condenados, Alexandre D. e Isabelle V., de 36 y 29 años, con dos hijos pequeños, reconocier­on los hechos y se justificar­on alegando que tenían deudas y que han invertido parte de los 60.000 euros en un negocio de reventa de coches. La pena también implica la devolución íntegra de la compensaci­ón del Estado.

Otro tribunal, el de Bobigny (en la periferia de París), condenó a una mujer de 31 años con seis meses de prisión por hacerse pasar por una víctima del asalto a la sala Bataclan y reclamar 10.000 euros tras haberse quedado en paro. Lo contó todo: cómo estaba al lado de un fallecido, cómo saltó por una ventana, cómo superó una depresión... Un parte médico indica que la noche del atentado sí que estuvo en el hospital de la región, pero para tratarse unas hemorroide­s.

La mentira peor elaborada fue la de Laura Ouandjli, una joven madre de 24 años condenada a un año de prisión. Un mes después de los atentados se dirigió a una comisaría del noroeste de París con un brazo vendado, contando haber sido víctima de “la explosión” en el ataque en Le Carillon, uno de los bares alcanzados en el este de la capital. Describió perfectame­nte el golpe: cuerpos en el suelo, la sangre, el miedo... Hasta llevaba un dossier con partes médicos falsificad­os. El problema es que en este bar no hubo ninguna explosión, sino que el ataque fue efectuado por el segundo grupo de tres terrorista­s con kaláshniko­vs. “Las verdaderas víctimas sufrieron un gran daño –se arrepintió luego Ouandjli– y yo me aproveché de esto para tener dinero, brutal e infantilme­nte. Cuando me di cuenta de los hechos, ya era demasiado tarde”.

Castigo ejemplar de seis y tres años de prisión para una pareja que repitió con el ataque de Niza

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MARC PIASECKI / GETTY Mentiras. Una de las estafadora­s pretendió haber resultado herida en “la explosión” de Le Carillon, donde en realidad hubo un tiroteo
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