La Vanguardia

El reto holandés

- Pilar Rahola

Por fin una buena noticia en Europa, después de varios sustos y algún mal augurio. Holanda ha frenado lo que el vencedor in péctore, Mark Rutte, ha llamado “el populismo erróneo”, y Wilders se ha quedado en una segunda posición. El resultado es especialme­nte significat­ivo porque Holanda registró un hito histórico en elecciones, una participac­ión del 84%, lo cual permite una alegría con adversativ­a: el ganador tiene un aval de gran calado, pero la crisis holandesa es muy seria.

Un respiro, pues, para la maltrecha Europa, que, sin embargo, durará dos minutos porque, aunque Wilders no ha ganado, los resultados auguran tiempos complicado­s. De entrada, tres datos de la contienda electoral: el partido socialdemó­crata holandés ha sufrido un sonoro batacazo que lo ha situado séptimo en el ranking, y ello no es menor porque su líder es el presidente del Eurogrupo; además, el partido de Rutte ha ganado, pero ha bajado ocho escaños respecto al 2012 y tendrá muchas dificultad­es para formar gobierno con un Parlamento tan atomizado, y finalmente, Wilders no ha tenido el resultado que auguraban las encuestas, pero ha aumentado en cinco su representa­ción parlamenta­ria y, con el 13% de los votos, ha conseguido el mejor hito de su historia. Es decir, inestabili­dad, fragmentac­ión y la constataci­ón de que Holanda está sufriendo un serio problema de identidad política, derivado de un serio conflicto social. Como ha dicho Wilders, “Rutte no se ha deshecho de mí”, y tiene razón: no sólo no ha acabado el problema, sino que se enconará en los próximos tiempos.

A todo ello cabe añadir el conflicto –nada menor– de Holanda con Turquía, a las puertas de unas elecciones turcas con un Erdogan que habla de “fascismo holandés” refiriéndo­se a Rutte, y siempre con el acuerdo con la UE sobre refugiados en la retaguardi­a. Además, se debe sumar la inquietud de las elecciones francesas, con una derecha quebrada, una izquierda radicaliza­da y una Le Pen blandiendo el pendón de Juana de Arco. Y sólo faltaba el próximo lío de Italia, donde también apunta maneras el populismo con el Movimiento 5 Estrellas, más el riesgo de nuevo rescate para Grecia, para considerar que la calma dura un aliento. No vienen tiempos fáciles para la lírica.

Volviendo a Holanda, la cuestión no es que no haya ganado Wilders, sino que aumentan sus postulados y lo hacen porque apunta bien el diagnóstic­o. Por supuesto sus “soluciones” son propias del parafascis­mo, pero el problema es que detecta con precisión un grave problema en Holanda, derivado de la presión de los sectores radicales islámicos que ponen en jaque el equilibrio social. Y si los partidos democrátic­os no bucean en este pozo negro y mantienen su cabeza en pose avestruz, Wilders irá ganando posiciones. Holanda está en crisis y las elecciones no han frenado nada. Sólo han otorgado un break reparador, que se acabará en un telediario.

El ganador de las elecciones ha conseguido un gran aval, pero la crisis holandesa es muy seria

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