La Vanguardia

La nueva vida de la juez Alaya

Sin macrocausa­s que instruir, la magistrada saca tiempo para las relaciones sociales y participar en foros

- ADOLFO S. RUIZ Sevilla

Lejos quedan ya aquellas jornadas maratonian­as de catorce o dieciséis horas de trabajo, con decenas de personas (funcionari­os, periodista­s, los propios encausados...) pendientes de sus decisiones hasta altas horas de la madrugada. La magistrada Mercedes Alaya, la juez más famosa de España, ha debido modificar sus pautas de vida. Pasar del estrés constante de la instrucció­n en solitario de varias macrocausa­s a la vez, a la labor más sosegada y colegiada de la Audiencia Provincial de Sevilla, donde comparte espacio, tarea y decisiones con otros tres jueces. Un cambio radical. Una situación vital mucho más relajada. Lo único que no ha cambiado es su conocido trolley, donde alberga sus documentos.

La cotidianei­dad de Alaya ha dado un giro copernican­o. Ahora se puede permitir realizar actividade­s impensable­s hace año y medio, cuando todavía lidiaba con la causa de los ERE en el juzgado de instrucció­n de Sevilla. Por ejemplo, inaugurar el viernes unas jornadas sobre cirugía estética, hablando de los aspectos legales de este tipo de intervenci­ones. O tomarse un receso a media mañana con sus colegas en alguna de las cafeterías cercanas al vetusto inmueble donde se ubica su despacho. Ya no es imposible encontrars­e con ella cruzando un semáforo, charlando con otro magistrado sin la presencia de escoltas. Como una ciudadana más.

Vida nueva, hábitos distintos. Se acabaron aquellas largas esperas de fotógrafos, cámara de televisión y periodista­s para captar su imagen, siempre hierática, e intentar arrancar unas palabras de la magistrada, algo que nadie logró jamás. Terminaron ya aquellos días en los que el momento de su llegada al edificio judicial era imposible de calcular, casi siempre más allá del mediodía. Es lo que tenía trabajar hasta altas horas de la noche. Hoy en día es muy poco frecuente que acuda a su despacho por las tardes y, como el resto de sus compañeros, abandona la Audiencia a la hora de comer. Ahora está obligada a madrugar, ya que las reuniones de magistrado­s comienzan a las nueve de la mañana. Al menos, a esa hora no hay cámaras de fotos ni tampoco de televisión esperando.

Su nueva situación también le ha permitido hacer públicas sus opiniones, siempre en foros jurídicos. Jamás ha concedido una entrevista a un medio de comunicaci­ón. En una charla en la Facultad de Derecho de Sevilla habló de su instrucció­n de los ERE para defender su tesis sobre la existencia de una trama socialista que se benefició electoralm­ente. En Granada manifestó que “hay

El día a día de la que fue la instructor­a del caso de los ERE ha dado un giro copernican­o

una justicia para los poderosos y otra para quienes no lo son”, frase celebrada con un gran aplauso por la concurrenc­ia. “Lo que ha soltado no lo dice nadie en España”, rubricaba un devoto.

Lo que no ha cambiado es el número de adeptos a la causa de la juez. Con más de 45.000 me gusta en la página de Facebook montada por sus fans, la voz de la magistrada sevillana sigue siendo la única que escuchan con devoción. Y si su sucesora, la también magistrada María Núñez Bolaños, desmonta pieza a pieza algunas de sus instruccio­nes (como los cursos de formación), es porque los jueces, todos excepto ella, “están sometidos al poder político”.

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KCT / GTRES Mercedes Alaya

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