La Vanguardia

El ‘La La Land’ de Oriente Medio

- ANÁLISIS Henrique Cymerman Benarroch

Israel y Qatar tienen algo en común: somos dos países pequeños, rodeados de enemigos y de peligros, y ambos hicimos florecer el desierto”. Estas fueron las palabras que me dijo un miembro de alto rango del Gobierno qatarí tras invitarme a su casa durante mi última visita a su país. Me encontraba en uno de los varios foros internacio­nales que tienen lugar en este pequeño Estado de menos de 300.000 ciudadanos que se convirtió en el país con la renta per cápita más alta del mundo, cuando de pronto me invitaron a mantener una reunión personal, larga y tendida, con este hombre. Me pidió que le hablara con franqueza. Le dije que no entendía el significad­o de las relaciones de Qatar con los Hermanos Musulmanes, Hamas y el Frente Al Nusra –la rama de Al Qaeda en Siria–. Incluso le pregunté sobre las donaciones a miembros del Estado Islámico (EI) por parte del Gobierno de Qatar. El hombre, cuya casa era blanca y reluciente como su galabiya, tomó aire e inmediatam­ente negó toda relación con el EI o con otros grupos yihadistas. Sobre Hamas y los Hermanos Musulmanes, dijo: “Vosotros, los occidental­es, no entendéis nada. Los mantenemos aquí en Doha para tenerlos controlado­s. No pueden salir de casa sin nuestro permiso. Y eso nos conviene más que tenerlos sueltos por Oriente Medio”.

A lo largo de la conversaci­ón, se volvió evidente que la política de Estado de Qatar es jugar a varias bandas para sobrevivir. En ocasiones esto significa flirtear con los odiados iraníes. “¿Ves esas luces al otro lado del golfo? Es Irán. Si llegan a tener poder nuclear, en un cuarto de hora los tendríamos en nuestras reservas de gas...”, suele explicar a sus invitados.

Por lo que se ve, han tenido que pagar no pocas veces a organizaci­ones extremista­s a cambio de protec- ción. Qatar vivió una revolución de medios de transporte que convirtió Doha en un eje aéreo. Un punto de referencia donde aterrizan hombres de negocios de camino hacia Oriente y descubren el La La Land del golfo Pérsico; y una revolución educativa que permitió viajar a los mejores estudiante­s locales con becas a las mejores universida­des. Cuando vuelven, algunos de ellos ayudan en el intento de transforma­r el desierto en un Estado vibrante. El canal de televisión Al Yazira, creado por el antiguo emir de Qatar, es temido por todos los líderes de Oriente por la posibilida­d de ser criticados. No es de extrañar, pues, que los saudíes cerraran las oficinas locales del canal, igual que hicieron los egipcios. Es un canal poderoso en un país pequeño, y también por eso el emir fue castigado por las potencias vecinas.

Finalmente, la autocracia qatarí inició un complejo programa de diplomacia pública, que por lo que se ve también incluyó varios sobornos, que trajo a este pequeño país las mejores celebracio­nes deportivas de la década, pasando por el Mundial de fútbol del 2022, que promete ser un espectácul­o sin precedente­s. Además de los trabajador­es extranjero­s de Oriente que erigen el país con su sangre y sudor, hay decenas de miles de jóvenes académicos europeos que han unido sus destinos al del emirato; se les puede ver trabajando en los proyectos internacio­nales como arquitecto­s, ingenieros, construyen­do su futuro y el de sus familias en ese país.

El alto cargo qatarí me dijo: “No olvidéis que mis niños y yo, al igual que todas las esferas del poder qatarí, estamos amenazados por miembros del EI. Si pudieran, prenderían fuego al Ferrari que tengo aparcado delante de casa y nos cortarían la cabeza. Por eso tenemos a decenas de ellos en la cárcel y perseguimo­s a las nuevas células yihadistas que aparecen. También en eso tenemos intereses en común con Israel”.

El aislamient­o diplomátic­o que Arabia Saudí, Egipto y otros países árabes han impuesto a Qatar es el resultado del pecado de la vanidad:

“No lo entendéis; los mantenemos aquí en Doha para tenerlos controlado­s”, dice un alto cargo qatarí

un país pequeño que cree que puede comportars­e como un poder regional por poseer enormes reservas de gas. Parece que incluso La La

Land tiene sus límites. Así pues, la decisión del Barça de terminar su patrocinio de Qatar Airways puede haber sido el inicio de la ola que se avecina sobre el pequeño país. La pregunta es si el corte de relaciones con Qatar es una tarjeta roja o amarilla.

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Sede del canal de televisión Al Yazira en Doha
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MALAK HARB / AP

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