La Vanguardia

Sobriedad castellana

- GREGORIO SÁNCHEZ (1930-2017) PACO MARCH

El mismo día en que noticias contradict­orias hablaban del (temporal) cierre de La Ventas, ha muerto Gregorio Sánchez, uno de los toreros que más corridas torearon en ella y más veces triunfaron.

Nacido en 1930 en la localidad toledana de Santa Olalla, Gregorio Sánchez sufrió en su infancia los horrores de la guerra y los no menos negros años de una posguerra interminab­le. Los “vencedores” fusilaron a su padre y siete de sus hermanos también murieron en ese tiempo de silencio y luto. Se empleó de albañil pero la imperiosa necesidad (tan de la época) de sacar a su familia de la miseria le llevaron a frecuentar, ya pasada la adolescenc­ia, las duras capeas de los pueblos de Castilla y en 1948 debutó en público. Cuatro años más tarde torea su primera novillada con picadores en Guadalajar­a, en 1953 se presenta en la plaza de Vista Alegre de Madrid y en 1954 en Las Ventas, donde gusta a los aficionado­s y ese mismo año torea otras cuatro tardes, siendo desde ese momento su plaza.

En 1955 (año en el que sufre una grave cogida en la Monumental de Barcelona) se presenta en La Maestranza y la segunda tarde corta dos orejas, lo que motiva que la plaza de Sevilla sea el escenario de su alternativ­a, el 14 de junio de 1956, de manos de Antonio Bienvenida.

Su dura lucha, el carácter castellano, forjaron su tauromaqui­a, basada en el dominio del toro, lo que le emparenta con su paisano Domingo Ortega. Seguridad y también un valor seco, que le llevó a sufrir numerosas cornadas, como la ya mencionada en Barcelona.

Queda dicho que Gregorio Sánchez fue torero de Madrid y las estadístic­as lo reflejan numéricame­nte: Cincuenta tardes, treinta y nueve orejas cortadas, nueve puertas grandes.

Esa fuerza en la capital del toreo le llevó a ocupar los primeros puestos del escalafón entre el final de la década de los cincuenta e inicios de los sesenta, siendo quien más corridas toreó en 1957 y 1958. Uno de sus más grandes hitos ocurrió el 19 de junio de 1960. Fue en la entonces tradiciona­l Corrida del Montepío de Toreros, institució­n ideada a finales del XIX por Luis Mazzantini, puesta en marcha en 1909 por Ricardo Torres Bombita y que en 1927 la compra de un hotel permitió que funcionara como Sanatorio de Toreros, con Marcial Lalanda, “el más grande”, muchos años al frente. Se anunció, en Las Ventas y gratis, y en sólo ochenta minutos Gregorio Sánchez lidió los seis toros, cortando siete orejas.

A partir de 1963 empezó un cierto declive, tanto en contrataci­ones como en relevancia en los carteles, lo que le lleva al adiós en 1973, cómo no, en Las Ventas. En solitario y ante seis toros de Aleas –los de Aleas, ni los veas–, el viento otoñal de Madrid y una inexplicab­le dureza del público (la memoria ¡ay !, tan frágil) hacen de la tarde un fracaso. Pero Gregorio Sánchez, de generoso corazón, quiso, como profesor durante años en la Escuela de Tauromaqui­a Marcial Lalanda, devolver al toreo (“escuela sobria de vida”, en definición de V. Gómez Pin) lo que el toreo le dio. Encabo, Cristina Sánchez, Uceda Leal o El Juli, son algunos de los frutos.

Gregorio Sánchez, fiel a su propia historia, fue un torero comprometi­do y que como, entre otros, José Luis Parada y Antoñete, ofreció su solidarida­d con el PCE legalizado en 1977, de la manera que mejor sabía: toreando. Otros tiempos.

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EFE

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