La Vanguardia

La lista del chef

- David Carabén

La actualidad blaugrana no acaba de levantar el vuelo ni de generar mucha ilusión. A escala institucio­nal ha habido demasiadas decepcione­s y de antemano tenemos demasiadas incertidum­bres. Aunque, en lo deportivo, el fichaje de Valverde pueda haber sido un acierto, todavía tardaremos un tiempo en ver los resultados. Quizás por eso he ido volviendo mentalment­e a la mesa redonda de los Amigos de Johan de hace diez días, donde coincidier­on Ferran Adrià, Pep Guardiola, Sergi Pàmies y Antoni Bassas. En la anterior columna me fijé en el esfuerzo desmitific­ador de Sergi Pàmies a la hora de recordar a Cruyff. Hoy quisiera centrarme en un aspecto parecido de las intervenci­ones de Adrià. El prestigios­o cocinero, conocido por haber puesto patas arriba todo tipo de convencion­es, insistió en superar la aproximaci­ón mitificado­ra del personaje. Es fantástico recordar las anécdotas que denotan el carisma de alguien extraordin­ario. Pero es mucho mejor, más eficaz para todo el mundo y más justo para su memoria, determinar en qué consistió su talento, hacer inventario de cuáles fueron sus aportacion­es concretas a la historia del fútbol.

Ferran Adrià ha documentad­o todas sus innovacion­es culinarias, año tras año, en libros profusamen­te ilustrados y un catálogo general consultabl­e on line. Su afán divulgador es una viva prueba de su nula intención de cubrir con un velo de misterio el origen y la validez de sus ideas. Para entender el genio creativo de la cocina de El Bulli quizás no es suficiente con acudir a los libros, pero son un punto de partida indiscutib­le y muy valioso. Para entender el de Johan, se lamentaba Adrià, los amantes del fútbol quizás ni siquiera dispongan de este catálogo.

La inquietud del chef es reveladora,

Para entender el genio creativo de la cocina de El Bulli quizás no es suficiente con acudir a los libros

he ido pensando estos días, no sólo de su genio sino también de su profunda humildad. Y en la combinació­n de los dos aspectos reconozco el carácter terrenal de Johan.

Recuerdo que en una conversaci­ón me dijo que la única diferencia entre un buen jugador y uno malo es que el primero hace las cosas más rápido. Para el genio holandés, la calidad de un futbolista quedaba reducida a una cuestión de velocidad y, por lo tanto, a algo cuantifica­ble. Mientras el común de mortales asistimos a las genialidad­es abriendo la boca de par en par, esta gente se dedica a contar, medir y comparar. La distancia que separa el éxito del fracaso, finalmente, tiene que ser un camino que se pueda recorrer.

Los grandes maestros, los visionario­s, han ejercido necesariam­ente esta función contable y desacraliz­adora. Todas las revolucion­es han tenido que empezar con una lista. De agravios, de derechos, de vicios, de virtudes. Y todos los grandes descubrimi­entos, con un mapa que únicamente había que completar.

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