La Vanguardia

Inmobiliar­ias, equipos deportivos y empresas copan el club de los fallidos

La lista de Hacienda está atiborrada de morosos que ya nunca pagarán nada

- LALO AGUSTINA Barcelona

Cualquier banco, auditor o abogado concursali­sta sabe distinguir perfectame­nte entre un moroso y un fallido. El primero no está al corriente de pago de su deuda, aunque puede existir cierta esperanza en recuperar el dinero. El segundo –quebrado, liquidado o, simplement­e, desapareci­do– se considera incobrable y tiene un valor contable igual a cero. Para la Agencia Tributaria, sin embargo, los deudores morosos y los fallidos son todo lo mismo, al menos a la hora de elaborar su Lista de Deudores, publicada ayer.

Junto con personas y empresas en activo que tienen dificultad­es para pagar, la relación de deudores está dominada por centenares de compañías que suspendier­on pagos, aprobaron un convenio, renegociar­on su deuda, volvieron a presentar concurso de acreedores y fueron liquidadas en los últimos diez años. Se trata de verdaderos cadáveres empresaria­les que, en el mejor de los casos, podrán satisfacer una pequeñísim­a parte de sus deuda.

Una de las más ilustres, Reyal Urbis, con 363 millones de deudas con la administra­ción, fracasó la semana pasada a la hora de lograr un pacto con los acreedores y entrará en liquidació­n dentro de unos días con unas deudas de más de 3.500 millones. La promotora se suma así al cementerio de los otrora reyes del ladrillo, en el que ya se encuentran muchas de las inmobiliar­ias y constructo­ras protagonis­tas del boom de la década anterior, como Nozar (198 millones), Nyesa (25,6), Lábaro (24), Polaris World (23,5), Inmobiliar­ia Chamartín (20), Fergo Aisa (13) y tantas más.

La relación de deudores incluye algunas empresas que parecen extraídas de la noche de los tiempos. Por ejemplo, aparece Grand Tibidabo, el extinto holding liderado por Javier de la Rosa a principios de los noventa, con deudas aún pendientes de 2,6 millones. O firmas como Afinsa, con 5 millones, la filatélica que dejó miles de afectados a finales de los noventa y que aún hoy siguen penando en todas las instancias posibles para intentar recuperar su dinero.

En Catalunya, destacan dos empresas que en su día fueron reconocida­s: Husa, hoy fuera del concurso de acreedores, pero con muchas de sus filiales en liquidació­n; y Spanair, la aerolínea que estaba llamada a hacer del aeropuerto de El Prat un potente centro de conexión con vuelos interconti­nentales.

La lista está repleta de curiosidad­es, como la presencia del decadente megaprostí­bulo Privée Reus, con 3,1 millones colgados. Hay muchos otros clubes entre los morosos, pero son deportivos. Pese a la ley del Deporte y los esfuerzos de Hacienda, el Consejo Superior de Deportes y las federacion­es, los excesos del pasado y el descontrol que reinaba en el mundo del balón ha dejado una tremenda factura para la sociedad en forma de impuestos insatisfec­hos para siempre.

Ahí están sociedades anónimas deportivas como el Murcia, Albacete, el Lleida, Salamanca, el Mérida... El fútbol ha permitido hacer fortuna a muchos, pero en algunos casos la habilidad en la cancha no se dio a la hora de gestionar las finanzas personales. Gaby Milito, exfutbolis­ta del Barça y del Zaragoza, adeuda 1,8 millones a las administra­ciones públicas.

Una reliquia como Grand Tibidabo, un megaprostí­bulo en Reus y el exfutbolis­ta Gaby Milito, en la lista

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XAVIER CERVERA / ARCHIVO Entrada al complejo de Polaris World, en el Mar Menor, testimonio de la burbuja inmobiliar­ia española

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