La Vanguardia

Cronista de la transición

- REDACCIÓN JOSÉ LUIS GARCI

Obtuvo el primer Oscar español en 1983 con ‘Volver a empezar’; ya no piensa hacer cine, pero sigue escribiend­o

Como un Galdós de la gran pantalla, José Luis Garci es el cronista de la transición. Su trayectori­a alcanza desde el retrato social que hizo en

Asignatura pendiente (1977) hasta El abuelo (1998), una adaptación de la novela del autor canario. En 1983 obtuvo con Volver a empezar el primer Oscar español como mejor película de habla no inglesa. También ha fabricado cine negro, histórico, melodrama y comedia. “Nunca he gritado ‘acción’ en un rodaje, sino que he dejado al actor a su aire”, nos dice ahora que vive apartado de la silla de director, aunque activo y parlanchín como siempre, con sus ojos achinados, la mueca omnipresen­te y esa voz tomada de personaje legendario. “Yo siempre escribo, casi un libro al año, hay tantas cosas en la vida…”

José Luis García Muñoz nació en Madrid (20/I/1944) en un día claro, soleado y azul. “Mi padre me contó que aquel día cruzó el Retiro y que estaba muy bonito y yo cada año en mi cumpleaños también me doy un paseo por el parque”. No localiza muy bien su primer recuerdo de niño, quizá la sensación de frío, de calor, de la noche, pero se ve a sí mismo con un tebeo en la mano. “Yo aprendí a leer y a hablar muy pronto, nací en casa, fui un niño de la posguerra que jugaba a la pelota en los terraplene­s de la calle Narváez, aún tengo una cicatriz de una pelea, fui a un colegio mixto, algo insólito en la época, la persona que nos daba literatura e historia nos recomendab­a películas, después estudié en el instituto Cervantes, montamos Escuadra hacia la muerte de Alfonso Sastre, como elegí letras todo eran chicas, iba al cine todos los días y los domingos al fútbol con mi padre”.

En el servicio militar coincidió con el humorista Forges. Después de trabajar en una entidad bancaria, comenzó como guionista. Destaca su colaboraci­ón con Antonio Mercero en el mítico cortometra­je La cabina (1972). En Las verdes praderas (1979) trabajó por primera vez con Alfredo Landa. Después vinieron El crack (1981), Asignatura aprobada (1987) por la que obtuvo un Goya al mejor director, Canción de cuna (1994), You’re the one (2000), Tiovivo (2004), Ninette (2005), basado en obras de Miguel Mihura, Sangre de mayo (2008)...

El espectador recuerda las largas temporadas de su tertulia cinematogr­áfica en TVE en la que el humo de los cigarrillo­s de los participan­tes creaba un clima envolvente de discusión apasionada. “El cine nos ha gustado a todos porque es un espectácul­o total, los novios iban allí a tocar teta, se estaba calentito en invierno, yo nunca pensé en dirigir, a mi me gustaba la cultura pop, leía a Verne, Salgari, mi padre me llevaba al Museo del Prado, a los toros, al boxeo, aún me acuerdo del Gran Price de Barcelona”. Garci es un ametrallad­ora hablando pero se detiene cuando le preguntas. El último libro que ha escrito es sobre la lucha libre. “Contar una historia es un recreo, ahora estoy escribiend­o más que pensando en el cine, de joven corría los 1.500 metros, mi ídolo era Tomàs Barris, la vida es única, me gusta el deporte, la literatura, la música”. Desde la música que le llegaba por la radio en una época en la que no había tocadiscos, hasta las bandas que escuchaba en el Retiro, sentado en sillas de hierro. En estos gustos también es ecléctico. “No soy wagneriano, aunque Wagner es el mejor músico de cine, y he tenido el privilegio de asistir en Bayreuth a la tetralogía El anillo del nibelungo, subir aquella colina que dicen que hay que subir de rodillas... Wagner inspira a Bernard Herrmann y a Ennio Morricone”.

El director estuvo emparejado con Ana Rosa Quintana y Cayetana Guillén. En el 2004 se casó con la actriz Andrea Tenuta. Tiene dos hijas y cuatro nietos.

Si se mira al espejo sólo encuentra referentes en las películas para retratarse a sí mismo. Le gustan los tipos que se parecen a él. Nadie le va a apear de su carácter entusiasta y optimista. Su fiesta, en la vida, han sido los rodajes. “Siempre significan un subidón, porque sabes que el día no va a transcurri­r como piensas”. Al igual que el mánager de boxeo, el director es un padre y un amigo del actor, y tiene que contar una historia con convicción, la misma que vio de niño en un western en el que un cowboy pegaba a otro al que tenía atado. “Me levanté de la butaca, y le grité ‘cobarde’ a ras de pantalla”.

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EFE
 ?? ÓSCAR GONZÁLEZ / EFE ?? Arriba, el cineasta en Barajas, en 1983, con el Oscar en la mano. Sobre estas líneas, en una foto del pasado febrero
ÓSCAR GONZÁLEZ / EFE Arriba, el cineasta en Barajas, en 1983, con el Oscar en la mano. Sobre estas líneas, en una foto del pasado febrero
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