Ni­ño vo­la­dor

“¿Mie­do a la al­tu­ra...? So­lo las pri­me­ras ve­ces: lue­go lo su­pe­ras”, di­ce Gui­llem Pla

La Vanguardia - - DEPORTES - ¿Por qué con­ten­tar­nos con vi­vir a ras­tras cuan­do sen­ti­mos el an­he­lo de vo­lar? He­llen Ke­ller

Gui­llem Pla (10) es­tu­dia 6.º en los Sa­le­sia­nos de Hor­ta. Y por las tar­des se en­tre­na en los tram­po­li­nes cu­bier­tos del CAR de Sant Cu­gat. Lo ha­ce de seis a ocho y me­dia. Ca­da tar­de, de lu­nes a vier­nes.

Re­pi­to: ca­da tar­de.

–¿Tie­nes de­be­res hoy? –le pre­gun­to. Son las seis y me­dia de un miér­co­les. Es­ta­mos en el CAR. Gui­llem Pla ha in­te­rrum­pi­do el en­tre­na­mien­to pa­ra aten­der a La

Van­guar­dia. Con­ver­sa­mos en una sa­la ane­xa, jun­to a la pis­ci­na. Pla es­tá de pie, apo­yan­do la es­pal­da con­tra la pa­red y cru­zan­do los pies. Me mi­ra de aba­jo arri­ba. Es fla­co y es­pa­bi­la­do. Es­tá muy des­pier­to:

–Al­go de ma­tes, al­go de cas­te­llano. Tam­bién al­go de ca­ta­lán. Ah, y tam­bién ten­go que pre­pa­rar un exa­men de re­li­gión ca­tó­li­ca... –con­tes­ta.

–¿Cuán­do pien­sas ha­cer to­do eso? –Lle­ga­ré a ca­sa a las nue­ve y me­dia. Ce­na­ré de­pri­sa. Calcu­lo que me iré a dor­mir cer­ca de las once.

Me cuen­ta que el año pa­sa­do sa­có un bien, cua­tro no­ta­bles y tres so­bre­sa­lien­tes. Se pue­de, cla­ro que se pue­de.

(...)

Una vez, una pro­fe­so­ra fue a ver­le com­pe­tir. Gra­bó un ví­deo y lo pu­so en cla­se. Gui­llem Pla pa­só un mal ra­to. Eso di­ce:

–Me dio ver­güen­za. Co­mo si es­tu­vie­ra pre­su­mien­do de al­go.

–¿En se­rio...? ¡Si tu de­por­te con­sis­te en eso, en que te mi­ren y te pun­túen! –le di­go.

–Hom­bre, si hay pú­bli­co es una co­sa. Pe­ro si te po­nen en un ví­deo en la cla­se, te sien­tes un po­co ra­ro...

–¿Y qué de­cían los com­pa­ñe­ros? –Que lo ha­cía muy bien.

–¿Y no pa­sas mie­do ahí arri­ba? –Só­lo las pri­me­ras ve­ces, y so­bre to­do cuan­do te subes a la pla­ta­for­ma de diez me­tros. Aun­que por aho­ra só­lo lo ha­ce­mos pa­ra ju­gar. Lue­go su­pe­ras ese mie­do. Al fin y al ca­bo es­tá la sen­sa­ción de vo­lar, que es me­jor. Y el su­pe­rar­me. Re­pe­tir y re­pe­tir has­ta que sal­ga bien. Y el sen­tir­me sa­tis­fe­cho de mí mis­mo por ha­ber­lo lo­gra­do.

Di­ce que ya ha­ce el mor­tal y me­dio car­pa­do des­de la pla­ta­for­ma de cin­co me­tros.

–Y tam­bién des­de el tram­po­lín de tres –sub­ra­ya.

An­na Prat (24) cuen­ta que ha vis­to es­tre­llas del sal­to en­co­gién­do­se. Apar­te de ser una sal­ta­do­ra in­ter­na­cio­nal en ac­ti­vo, es la en­tre­na­do­ra de Pla y de otros sie­te jó­ve­nes se­lec­cio­na­dos por la Fe­de­ra­ció Ca­ta­la­na de Na­ta­ció. Di­ce:

–He vis­to a fi­gu­ras re­tro­ce­dien­do y ba­ján­do­se por las es­ca­le­ras por­que en ese mo­men­to no se sen­tían pre­pa­ra­das. –¿Mie­do...?

–En reali­dad es res­pe­to a la al­tu­ra. Nun­ca lo pier­des. Yo tam­po­co. Y eso que lle­vo mu­cho en es­to: em­pe­cé a los once años. Pien­se que un plan­cha­zo des­de diez me­tros es co­mo un pu­ñe­ta­zo. Te sa­len mo­ra­to­nes. Aun­que en reali­dad, al fi­nal lo que te preo­cu­pa es la di­fi­cul­tad del sal­to.

–¿Qué ha­ce un ni­ño co­mo Gui­llem Pla sal­tan­do des­de un tram­po­lín? ¿Por qué no jue­ga al fút­bol, co­mo los otros?

–Le en­can­tan las acro­ba­cias. Su­pon­go que tie­ne fa­ci­li­dad. Y se pro­gre­sa en­se­gui­da: muy pron­to es­tás ha­cien­do co­sas.

Le pre­gun­to a Qui­co Pla, el pa­dre del fe­nó­meno:

–¿Por qué su hi­jo no jue­ga al fút­bol? –Sí que ju­ga­ba. Y le gus­ta­ba. Pe­ro tam­bién se pa­sa­ba el tiem­po pro­ban­do pi­rue­tas, verticales, la rue­da con una mano... Aho­ra ya ha asu­mi­do que es su de­por­te.

–¿Y us­ted? ¿Le ha co­gi­do afi­ción?

–Des­de lue­go. Me tra­go los Mun­dia­les por te­le­vi­sión. Me sien­to jun­to a Gui­llem y me ex­pli­ca co­sas. Me di­ce: ‘Mi­ra, pa­pá, ese sal­ta­dor ha he­cho un cuá­dru­ple mor­tal’. Y yo me que­do bo­quia­bier­to. ¿Có­mo ha po­di­do con­tar las vuel­tas? Yo tan só­lo he vis­to a un ti­po re­tor­cién­do­se en el ai­re.

Qui­co Pla se pa­sa ca­da tar­de en el CAR. De lu­nes a vier­nes. Re­pi­to: ca­da tar­de.

–Me lle­vo el por­tá­til. Me sien­to en la ca­fe­te­ría y si­go tra­ba­jan­do mien­tras es­pe­ro a que el ni­ño acabe la se­sión.

–Pe­ro us­te­des son cons­cien­tes de que el ni­ño no se ha­rá mi­llo­na­rio, ¿cier­to?

–Cla­ro. Sa­be­mos que es un ca­mino de sa­cri­fi­cio y es­fuer­zo. Y que le ser­vi­rá pa­ra la vi­da.

An­na Prat com­par­te esa idea. Mien­tras com­pe­tía, es­tu­dió ADE y un más­ter en Ges­tión De­por­ti­va. Aho­ra se en­tre­na en el CAR por las ma­ña­nas y di­ri­ge al gru­po de Gui­llem Pla por las tar­des. In­vier­te los fi­nes de se­ma­na con otro gru­po del Na­ta­ció Joan Pe­le­grí, en Hos­ta­francs. –De eso vi­vo. Por­que de los sal­tos... –¿No ga­na na­da de na­da?

–No sé si lo ha­ce al­guien en Es­pa­ña. Su­pon­go que lo ha­cía Ja­vier Illa­na. No sé si lo ha­ce Ni­co­lás Gar­cía Bois­sier, que es­tá en la Blu­me de Ma­drid. Sé que tie­ne una be­ca, pe­ro no le da­rá pa­ra mu­cho... Ade­más, tam­po­co hay mu­chas ins­ta­la­cio­nes.

–¿...?

–Dos pis­ci­nas en Ma­drid, dos en Ca­na­rias, una en Ma­llor­ca y dos en Bar­ce­lo­na. Una es es­ta. Y la otra es la Pis­ci­na Mu­ni­ci­pal de Mont­juïc. Al ai­re li­bre...

–¿Y có­mo se en­tre­nan? –Cuan­do no es­ta­mos aquí, sal­ta­mos des­de el bor­di­llo. Hay que im­pro­vi­sar.

MA­NÉ ES­PI­NO­SA

Gui­llem Pla y su en­tre­na­do­ra, An­na Prat, so­bre la pla­ta­for­ma de 5 m del CAR

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