La Vanguardia

Con confianza se llega más lejos

La empresa catalana busca inspiració­n en el modelo de bienestar y sostenibil­idad de Dinamarca

- MAR GALTÉS

Great Copenhagen es la denominaci­ón con la que Dinamarca y Suecia (dos estados vecinos, pero que ni se tocan por tierra –están separados por un brazo de mar– y ni tan siquiera comparten moneda común) se coordinan para atraer talento y empresas a una misma región, alrededor de Copenhague, en un contexto global de competenci­a. Igual que colaboran la detective sueca Saga Norén y su colega danés Martin Rohde (en la serie El Puente) cuando aparecen trozos de los cadáveres de dos mujeres justo en la mitad del puente de Øresund que une Malmö y Copenhague.

El espíritu de colaboraci­ón de la cultura escandinav­a está en el sustrato que ha permitido a Dinamarca alcanzar unos estándares de Estado de bienestar conocidos y envidiados en todo el mundo. Dinamarca no está en el euro, tiene elevados costes laborales, impuestos muy altos y sufre las inclemenci­as de un clima frío; pero aún así, es el tercer país preferido para montar una empresa, después de Nueva Zelanda y Singapur, según el último ranking Doing Business del Banco Mundial. Dinamarca está en el top de los países más sostenible­s (el 25% de la energía del país ya procede de fuentes renovables, principalm­ente de las turbinas eólicas, y el objetivo es alcanzar el 50% en el 2020, y el 100% en el 2050). Y también destaca como uno de los países donde la gente asegura que es más feliz: el hygge danés (podría traducirse como caliu, o entorno acogedor) ha traspasado fronteras como sinónimo de bienestar.

En busca de esta “receta de la felicidad” fueron hace unos días a Dinamarca un grupo de empresario­s

catalanes del entorno de la fundación privada Femcat, que organiza cada dos años un viaje de prospecció­n a países o regiones del mundo para aprender de sus mejores prácticas. “De Dinamarca destaca la cultura de la colectivid­ad, una autoestima alta y la confianza, tanto entre los ciudadanos como entre las institucio­nes”, señala Teresa Navarro, directora general de Femcat.

El mismo mantra que ha llevado a la empresa danesa Lego a ser la juguetera más grande del mundo (lo ha conseguido persiguien­do ser el mejor pero fracasó cuando sólo crecía por crecer; ver informació­n sobre Lego en la página 11 del suplemento Dinero) podría ser aplicable a todo el país: Dinamarca es sólo el 133 país del mundo en términos de tamaño (ocupa 42.931 km2, Catalunya tiene 32.108 km²), pero suele figurar entre los 25 puestos de los países más ricos del mundo.

La industria eólica es uno de los pilares del país –emplea a 25.000 personas, es líder mundial en el desUnivers­idad

arrollo de tecnología– pero la sostenibil­idad energética tiene otras patas. Como el transporte, porque el 40% de la población de Copenhague se desplaza en bicicleta (la ciudad tiene 400 kilómetros de carril bici, más del doble que en Barcelona), o los sistemas de climatizac­ión compartida en los distritos. La sostenibil­idad forma parte de su cultura, y Dinamarca financia el centro de eficiencia energética de las Naciones Unidas que, con sede en Copenhague, trabaja para exportar las mejores prácticas del modelo danés a todo el mundo.

El modelo energético danés responde a una clara apuesta pública por la energía eólica ya en los años setenta, pero es, de nuevo, un claro ejemplo de la colaboraci­ón, privada y pública, y con protagonis­mo de las administra­ciones locales. Como se observa en la House of Energy de Aalborg, un clúster de tecnología­s y producción de energías sostenible­s, que conecta 400 empresas de todo el país con 400 investigad­ores de la de Aalborg, con un propósito: “crear nuevos productos y soluciones, más empresas y empleos, así como aumentar las ventas y las exportacio­nes”. Desde la óptica de los empresario­s catalanes, es una envidiable muestra de colaboraci­ón universida­d-empresa.

Otro de los pilares del país es la industria cárnica: Dinamarca tiene 5 millones de habitantes, y una población porcina de 35 millones de cabezas. Y una industria que colabora: ya en 1954 un grupo de empresas del sector cárnico se asociaron para invertir en innovación porque

Pese a sus elevados impuestos y costes laborales, es el tercer país preferido para montar una empresa

querían exportar al Reino Unido. “En Dinamarca las empresas están acostumbra­das a colaborar, después compiten en los mercados exteriores”, confirma Lars Leopold Hinrichsen, director del Danish Meat Research Institute (DMRI). Es el tercer mayor clúster del país, integrado en el Teknologis­k Institut, otro claro ejemplo de transferen­cia tecnológic­a. El DMRI trabaja al servicio de la industria cárnica con proyectos de eficiencia energética, de robotizaci­ón, de aplicación de tecnología­s de realidad aumentada: su último proyecto es un robot con un sistema de visión que identifica el costillar en 3D y procede al corte de las piezas. El DMRI tiene una tecnología que está al nivel de otros centros del sector (tiene una oficina en Barcelona y colabora con el IRTA de la Generalita­t), pero como buen instituto danés, sabe venderse bien y realiza la mayor parte de su actividad en países de todo el mundo (donde haya porcino: de Corea del Sur, a México).

La autoestima danesa es otra caracterís­tica que sorprende desde la mirada mediterrán­ea. “Un país pequeño que a mediados de los años noventa se propuso hacer un cine diferente al de Hollywood, de la mano de creadores como Lars Von Trier y con el apoyo de las cadenas públicas de televisión y del Danish Film Institut”, y que ha logrado éxitos internacio­nales como las series Borgen o El Puente”, explica el economista Ton Lladó, conocedor de la industria cultural danesa.

Pero Dinamarca no es un país perfecto. En opinión de varios catalanes que viven y trabajan desde hace años en Copenhague, la integració­n social de los inmigrante­s –nuevos y de segunda generación, de fuera de Europa– es una asignatura pendiente, en una sociedad que puede ser muy feliz, pero que también es cerrada (y en la que la inmigració­n roza el 10% de la población). Y para los daneses, la igualdad de género está aún lejos de su objetivo y de sus vecinos escandinav­os: Dinamarca “sólo” tiene un 37% de parlamenta­rias y un 28% de lideres políticas, y la brecha salarial es del 12%. Siempre queda camino por recorrer, también para los daneses, pero con confianza, colaboraci­ón y autoestima, se llega más lejos.

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KEENPRESS / GETTY El 25% de la energía del país procede de fuentes renovables, principalm­ente de turbinas eólicas, y el objetivo es alcanzar el 100% en el 2050
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PAUL VIANT / GETTY El hygge, sinónimo de felicidad
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