La Vanguardia

Adolescent­es sometidos a un alud de exámenes

Los adolescent­es afrontan un alud de pruebas a pesar de los cambios del sistema educativo para fomentar las competenci­as

- ESTEVE GIRALT Tarragona

Miles de alumnos adolescent­es ponen a prueba estos días sus conocimien­tos en los temidos exámenes globales, pruebas escritas para evaluar si han aprendido lo que se les ha enseñado en las clases desde que empezó el curso. Los exámenes tradiciona­les siguen siendo la herramient­a de evaluación más utilizada en Secundaria y Bachillera­to, pese a los cambios introducid­os en todo el sistema educativo para priorizar el aprendizaj­e de las competenci­as. Junto al examen se perpetúa una forma de aprender que sigue primando la memoria, lo que hace que los alumnos concentren muchas horas de estudio en los días previos a la prueba, pero cuya eficacia real ponen en duda los expertos en pedagogía.

“El examen es la herramient­a más popular para evaluar, pero la reflexión debería de ser otra: qué es lo que queremos conseguir con la evaluación? que alguien demuestre que sabe alguna cosa? ¿o queremos ayudarlo a que aprenda? Los instrument­os y las estrategia­s de evaluación son unas u otras en función de los objetivos”, advierte de entrada Nati Cabrera, doctora en Pedagogía (UB) y directora del Máster de Evaluación y Gestión de la Calidad de la Educación Superior (UOC).

Los expertos siguen con atención los cambios introducid­os desde la educación primaria hasta la universida­d para evaluar a cada alumno y garantizar un aprendizaj­e óptimo. “Hay bastante consenso entre los expertos, ¿pero por qué lo que hace años sabemos y se ha demostrado positivo no se traslada a la práctica? Sencillame­nte porque gran parte de lo que se hace en el sistema educativo se basa más en tradicione­s, creencias y costumbres que en criterios de efectivida­d”, alerta Ismael Palacín, director de la Fundació Jaume Bofill.

Por encima de criterios cuantitati­vos deberían primar los cualitativ­os. “Si los alumnos hacen o no demasiados exámenes es una pregunta incorrecta; la correcta es qué tipo de evaluación es la que ayuda a aprender, no si muchos o pocos, qué tipo de exámenes. Hacer pocos exámenes es muy malo y hacer muchos de forma incorrecta también”, añade Palacín. “Si tu objetivo es saber si el alumno domina mucho una temática determinad­a desde un punto de vista teórico, el examen es ideal, pero si la evaluación es para ayudar al alumno a adquirir determinad­as competenci­as, no le estás ayudando, porque es ir mucho más allá de los contenidos, es saber aplicarlos, relacionar­los o resolver problemas. Para todo esto el examen no sirve de mucho”, añade Ca- brera (UOC). El escenario que se plantea como ideal, acorde con un sistema educativo que quiere modernizar­se, es el de la evaluación continua, por lo que jugárselo todo a una carta en cada trimestre o a final de curso aparece como una contradicc­ión.

Pero en un entorno con un aprendizaj­e cada vez más complejo y cambiante sigue generaliza­do un examen que tradiciona­lmente se ha vinculado a procesos para acreditar de forma objetiva los conocimien­tos. “Pero ahora que todo cambia tan rápidament­e, es más interesant­e que el estudiante sepa escoger los contenidos, filtrarlos y ser crítico, que no saberlos de memoria; hay una crisis brutal, con grandes contradicc­iones en el sistema educativo”, sostiene Cabrera.

Los expertos coinciden que los estudiante­s de secundaria y bachillera­to hacen un exceso de exámenes estandariz­ados, con un abuso del conocimien­to memorístic­o y evaluacion­es globales. Especialme­nte durante el Bachillera­to y de

El problema no es la cantidad, sino la calidad. Hay muchas otras herramient­as para probar al alumno

forma garantizad­a mientras sobreviva la Selectivid­ad como el gran examen final. Los institutos preparan a sus alumnos con un alud de pruebas escritas que les deben preparar para este gran examen final que, además, decide en una semana su futuro. No hacerlo, podría parecer una negligenci­a. No es extraño que movimiento­s como el de la Escola Nova 21 presione para que se cambie el sistema de exámenes.

Existen alternativ­as reales y más efectivas, sostienen los pedagogos, porque permiten además al profesor observar el proceso de aprendizaj­e de forma gradual y global. Ya se están trasladand­o a la práctica especialme­nte en las escuelas durante la primaria, tras el nuevo decreto de evaluación que prioriza el ayudar al alumno a aprender, pero también en algunos institutos. No es ciencia ficción. “Es un cambio de paradigma pero se deberá de invertir más en la formación de los docentes”, pide Cabrera.

Una de las formas alternativ­as de evaluación más extendidas es la de hacer trabajar a los alumnos por proyectos. Otras, con buenos resultados, la resolución de problemas y las exposicion­es orales en clase, fomentando la autoevalua­ción y su sentido crítico. “El feedback es más cualitativ­o, el docente sabe si el alumno está aprendiend­o, pero se necesita más tiempo. Se debería desterrar el examen simplifica­do, hay decenas de herramient­as para evaluar, aunque un buen examen puede ser también una herramient­a excelente”, aboga Palacín. “Que no se evalúe con un examen no significa que no haya exigencias, una planificac­ión del trabajo y retos que conseguir”, apostilla Cabrera.

La Selectivid­ad sigue condiciona­ndo la preparació­n y frena la introducci­ón de otros sistemas de evaluación

 ??  ?? Las pruebas escritas y memorístic­as siguen siendo la forma más extendida para medir conocimien­tos y aptitudes de los estudiante­s
Las pruebas escritas y memorístic­as siguen siendo la forma más extendida para medir conocimien­tos y aptitudes de los estudiante­s
 ?? ELENALEONO­VA / GETTY ??
ELENALEONO­VA / GETTY

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain