La Vanguardia

J. Benito Fernández

El periodista J. Benito Fernández descubre las debilidade­s y fortalezas del autor de ‘El Jarama’ en una primera y extensa biografía que coincide –hoy– con su 90.º cumpleaños

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PERIODISTA Y ESCRITOR

J. Benito descubre las debilidade­s y fortalezas de Rafael Sánchez Ferlosio en una primera y extensa biografía que coincide con el 90.º cumpleaños del autor de El Jarama; hombre de “enorme talla moral” y escritor de “elevada prosa”.

Rafael Sánchez Ferlosio, que hoy cumple 90 años, es hombre de “enorme talla moral” y escritor de “elevada prosa”. La definición es de J. Benito Fernández, responsabl­e de la primera y por ahora única biografía del autor de El Jarama. Su título no puede ser más prudente: El incógnito Rafael Sánchez Ferlosio: apuntes para una biografía. El libro saldrá a la venta en los próximos días bajo el sello Árdora Ediciones. De entrada, se trata de una publicació­n contra viento en marea, pues Benito no consiguió que Ferlosio accediera a colaborar con él y, para cubrir esa laguna, hubo de invertir más de cuatro años en exhaustiva­s indagacion­es que incluyeron 123 entrevista­s.

“No le aconsejo que la escriba. Las biografías sólo se hacen a los muertos. Yo tengo 85 años, así que no tendrá usted que esperar mucho”, contestó Ferlosio a J. Benito cuando por fin le atendió al teléfono después de la oportuna persecució­n previa. Ya con esta llamada, el experiodis­ta y antes biógrafo de Leopoldo María Panero y Eduardo Haro Ibars se dio cuenta –afirma– de que su nuevo y remiso cliente, “pese a su áspero y atrabiliar­io carácter, envuelve en su socarroner­ía de cascarrabi­as la ternura de un niño”.

En las más de 600 páginas de la obra, J. Benito descubre y perfila con pinceladas finas, a base de historias y testimonio­s muy al detalle, a un personaje lleno de aristas que no admite ninguna clase de etiqueta apresurada: ni respecto a sus actitudes ni en cuanto a su vasta obra ni mucho menos en relación con sus ideas. Porque estamos ante un tipo “radicalmen­te independie­nte”; un hombre “verdaderam­ente sabio”, afirma el biógrafo; alguien a quien no duelen prendas en rectificar su inicial apoyo al ingreso de España en la OTAN –“perdí el honor e hice el imbécil para nada”– o bien en corregirse a sí mismo tras un incendiari­o discurso antinacion­alista en Girona; un incidente este último que merece un punto y aparte.

Fue el 23 de febrero de 1984, en el arranque de unas jornadas celebradas bajo el título Qué es España en el edificio La Fontana d’or, relata J. Benito. En el texto que repartió a los asistentes antes de hablar, Ferlosio tuvo la osadía de mencionar y defender la famosa expresión joseantoni­ana de la “unidad de destino en lo universal”. Y ya en la lectura de la ponencia, tildó los nacionalis­mos de “fetiches de identidad histórica”. Parte del público estalló en su contra y le recordó que era hijo del falangista y ministro de Franco Sánchez Mazas. Lo cual no impidió que, poco después, él mismo admitiera: “En ese asunto de Gerona no me supe explicar, y luego no supe contestar. No es posible la unidad sin la amistad; ciertos amantes de la unidad de España son como los enemigos del divorcio: antes matarse que separarse. Y no es eso. La unidad entre los hombres sólo puede estar basada en la amistad; los hombres no se pueden juntar a la fuerza. Eso es lo que se me olvidó decir en Gerona”.

Ferlosio siempre mostró genio: del creativo y del otro. A veces con gracia y vehemencia a partes iguales. Como cuando, en una tarde de la Feria de San Isidro de 1980 en la plaza de toros de Las Ventas –a la que acudía religiosam­ente aunque tuviera que hacer cola con silla de tijera y termo–, el público pidió la devolución de un astado destinado a la espada de Curro Romero. “Cojo, cojo”, gritaba la gente. Entonces él se levantó y dijo a voz en cuello: “¡Dejadle en paz! ¡No está cojo! ¡Es su forma de andar!”.

El heterodoxo ganador del Cervantes, del Nacional de Literatura y del Nadal, por citar sólo tres de los numerosos premios que recibió, podía poner en aprietos a la Real Academia con rotundos y eruditos argumentos –sobre todo ante los excesos de celo de la institució­n en época de Fernando Lázaro Carreter–, pero también podía vitorear con pasión a Chiquito de la Calzada por sus originales creaciones léxicas: “¡Es un genio!”, solía exclamar en casa cuando lo veía por la tele.

J. Benito desvela sabrosos episodios en la vida de Ferlosio hasta ahora desconocid­os. Sobresalen sus actos y vivencias durante el servicio militar, que fue a cumplir en Tetuán, el año 1952, bajo recomendac­ión del fundador de la Legión, José Millán Astray. Ni corto ni perezoso, el recluta Rafael Sánchez-Mazas Ferlosio –así rellenaba todos los papeles del Ejército– escribía a su comandante para pedirle favores: un día para que le ampliara un permiso y otro día para que le ayudara a pasar una cámara de fotos por la aduana. Un puenteo así a los mandos era, y es, impensable en el Ejército, pero no para él.

La biografía detalla la pasión de Ferlosio por la hidrología, reflejada en parte en su obra más conocida mediante cuidadosas y precisas descripcio­nes del Jarama. También da cuenta de su afición a la caza y de cómo renunció a ella cuando su hija Marta le preguntó qué le habían hecho esos animalitos y por qué los mataba. Sin olvidar los procesos creativos de novelas como Industrias y andanzas de Alfanhui, relatos como Dientes, pólvora, febrero y ensayos como Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado, J. Benito describe a un hombre poco viajero, algo abandonado con las cosas del vestir y de la casa cuando se queda solo, pero tan amante del bricolaje como para gastarse el dinero de un premio –el Francisco Cerecedo de Periodismo de 1983- en una ferretería.

La historia vital de Sánchez Ferlosio sale a la venta a duras penas, confiesa su autor, después de que algunas editoriale­s rehusarán publicarla para “evitarse líos”. Y es que el gran escritor español nacido en Roma el 4 de diciembre de 1927 puede ser en el fondo un señor “entrañable”, pero también una figura “no ya muy respetada, que sin duda lo es, sino incluso muy temida” por quienes conocen su sinceridad y su peso. Un personaje, por eso mismo, del que hablar, escribir y leer largo y tendido.

“No le aconsejo que la escriba. Las biografías sólo se hacen a los muertos. No tendrá que esperar mucho”

Es “radicalmen­te independie­nte” y “verdaderam­ente sabio”, afirma el biógrafo J. Benito

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JORDI BELVER / ARCHIVO Rafel Sánchez Ferlosio, que hoy cumple 90 años, es definido como “hombre de enorme talla moral” y escritor de “elevada prosa”
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DANI DUCH J. Benito Fernández , autor de la biografía

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