La Vanguardia

Trump no asiste a los premios del Kennedy Center por la amenaza de boicot

- NUEVA YORK Correspons­al

El presidente Donald Trump prometió que haría historia al forjar “el último trato” entre israelíes y palestinos. Allá donde habían fracasado gobernante­s de largo recorrido y diplomátic­os de prestigio, su yerno, el inexperto Jared Kushner, lograría el éxito.

“Si tratamos de crear una región más estable, tenemos que resolver este asunto”, afirmó Kushner en una intervenci­ón en la Brookings Institutio­n, en Washington.

Es decir, según su visión, el acuerdo palestino-israelí resulta esencial para frenar la “agresión” iraní y la expansión del Estado Islámico (EI). Kushner, judío ortodoxo de 36 años, aseguró que era “optimista”. Sucede que su suegro no va a ponérselo fácil.

Siempre a partir de sus asesores, Donald Trump tiene previsto dar un nuevo plazo de seis meses para decidir si mueve la embajada estadounid­ense de Tel Aviv a Jerusalén. Pero ese aplazamien­to lo compensarí­a con el reconocimi­ento de Jerusalén como la capital de Israel. Ese anuncio está previsto para mañana.

De ser así, los que estaban en la sala escuchando a Kushner sacaron una conclusión. El reconocimi­ento unilateral de esa capitalida­d contiene pólvora más que suficiente para destruir cualquier tipo de pacto. Al yerno y consejero presidenci­al le preguntaro­n por esta cuestión. “El presidente todavía está revisando los hechos”, replicó en su estilo “del arte de no decir nada”. Sin embargo, Kuhsner no negó el asunto.

Los dirigentes palestinos han advertido que ese movimiento amenaza cualquier intento de la solución de los dos estados.

“Esto originaría la anarquía internacio­nal y el desprecio por las institucio­nes globales y la ley”, señaló en un comunicado Saeb Erekat, el negociador palestino. Añadió que esa capitalida­d, a la que siempre han aspirado los palestinos, supondría la desestabil­ización de la región y desanimarí­a a los que abogan por una solución pacífica. “Estados Unidos se descalific­aría a sí mismo para desempeñar un papel en cualquier iniciativa que quisiera alcanzar un pacto y una paz perdurable”, recalcó.

Mahmud Abas, presidente palestino, está intentando mover todos los hilos diplomátic­os para persuadir a Trump de que no dé ese paso. Si bien sería un gesto más bien simbólico, numerosos países de la región se oponen.

“Es desgraciad­o que alguien persevere en caminar por esta senda, sin prever los riesgos que significa para la estabilida­d de Oriente Medio y el mundo entero”, dijo Ahmed Abul Gheit, líder de la Liga Árabe. El ministro de Asuntos Exteriores jordano, Ayman Safadit, tuiteó que había contactado con el secretario de Estado, Rex Tillerson, para advertirle del riesgo de reconocer Jerusalén.

El propio plan hilvanado por Kushner tampoco parece que tenga mucho futuro. Abas viajó a Arabia Saudí, donde se reunió con el príncipe heredero, Mohamed bin Salman. Éste le informó de las líneas maestras tejidas por Kushner y el presidente palestino salió alarmado por tratarse de la iniciativa más pro Israel que ningún otro gobierno estadounid­ense había presentado, avanzó ayer The New York Times.

La mayoría de los asentamien­tos perduraría­n, los palestinos no dispondría­n de su capital en Jerusalén Oriental, ni del derecho al retorno de los refugiados.

Estas informacio­nes se producen en paralelo al Rusiagate y la

Las líneas maestras del pacto hilvanado por Jared Kushner dibujan un apoyo a Israel como nunca

difusión de que Michael Flynn, que ha reconocido su culpa, contactó con el embajador ruso en el periodo de transición para pedirle que forzaran el aplazamien­to de una votación en la ONU contra Israel. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pidió el favor y Kuhsner ordenó a Flynn que hiciera la gestión con el Kremlin.

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