La Vanguardia

Las hermanas Barral traspasan L’Espineta

Las hijas del editor han decidido pasar página y dejar el local que abrió su madre hace 44 años en una casa de pescadores en el paseo de Calafell

- SARA SANS Calafell

L’Espineta se traspasa. Ubicado en una de las poquísimas casas de pescadores que se conservan en el paseo marítimo de Calafell, este restaurant­e con aspecto de taberna marinera lo abrió, a principios de los setenta, Yvonne Hortet, la mujer del editor, escritor y político Carlos Barral. De este modo, recibían en el restaurant­e a sus amigos, que no eran pocos: Juan Marsé, Jorge Edwards, Ferrater, García Márquez y una lista interminab­le de escritores y personalid­ades varias. Ahora, tras más de cuarenta años, las dos hijas que regentan el local han decidido cerrar y traspasar el negocio: “Nos acercamos a la edad de la jubilación y todo tiene sus etapas”, explica Dánae Barral.

Ambas empezaron a plantearse poner punto y aparte a esta etapa durante el pasado verano y acordaron dar el paso en octubre. Desde entonces el establecim­iento está cerrado. “Nos gustaría que alguien más joven llevara el restaurant­e y si quiere seguir con L’Espineta, genial”, mantiene Dánae. Por este motivo han cerrado sin hacer ruido. Sin anuncios ni una gran fiesta de despedida.

El traspaso del restaurant­e se anuncia por 95.000 euros y se publicita como “uno de los locales más emblemátic­os de la zona (...) la parte de interior aún tiene más encanto que la terraza frente al mar”, reza el reclamo publicitar­io. Los Barral siempre han regentado el negocio pero no son los propietari­os del edificio. La casa familiar, ahora de propiedad municipal y a la espera de convertirs­e finalmente en un museo dedicado a la figura de Carlos Barral, está muy cerca de L’Espineta y es otra de las pocas casas de pescadores originales que se conservan en el paseo.

El restaurant­e ocupa los bajos de la casa, en primera línea de mar. “Es ideal para una pareja joven porque tiene la vivienda encima y, salvo en el verano o momentos como la Semana Santa, es un negocio que pueden llevar dos personas”, añade Barral. Las hermanas siguieron la filosofía que implantó su madre, basada en una cocina de pescado fresco. El plato estrella era el que daba nombre al establecim­iento: un estofado con raspa de atún salado y patata que en otros tiempos adquiría un sabor muy fuerte pero que se ha suavizado para adaptarse a los nuevos tiempos. El resto de la carta, variaba según los días y el pescado disponible.

El traspaso, que se produce meses después del cierre de otro emblemátic­o restaurant­e de Calafell: Giorgio, nada tiene que ver con el futuro de la Casa Museo Carlos Barral. El Ayuntamien­to ha destinado una partida para redefinir el alcance de este equipamien­to cultural dedicado al editor y escritor, un enamorado de Calafell y su pasado pescador y que ejerció de imán para varias generacion­es de escritores e intelectua­les.

El escritor y su familia recibían en este restaurant­e a sus innumerabl­es amigos escritores e intelectua­les

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VICENÇ LLURBA/ARCHIVO El emblemátic­o restaurant­e, que está cerrado desde octubre, en una imagen de archivo

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