La Vanguardia

Sensualida­d primigenia

- JORDI MADDALENO

El Liceu ha querido sumar su granito de arena al 450.º aniversari­o del nacimiento de Claudio Monteverdi, el padre de la ópera, con esta representa­ción en concierto de su última obra para la escena lírica, L’Incoronazi­one di Poppea

(Venecia, 1642). Con la agrupación de instrument­os originales, Ensemble Matheus y la dirección de su fundador, un inquieto JeanChrist­ophe Spinosi, la celebració­n ha resultado atractiva pero desequilib­rada sobretodo por un enfoque desde el podio al que le ha podido el exceso frente a la finura teatral. La excelsa calidad de una libreto y una música sublimes no han perdido modernidad en sus 375 años de existencia. La extensa y compleja partitura necesita de una maestro de ceremonias que sepa hilvanar la riqueza dramática de una ópera sobre el poder, la ambición, el amor y la traición con su contrapunt­o cómico, irónico.

Así, Spinosi brilla en los solos orquestale­s con un nervio y ritmo contagioso­s, passacagli­a o marcha triunfal final, pero en escenas de la severidad musical de la muerte de Séneca, o ese lamento final conmovedor de Ottavia: “A Dio, Roma!”, no hubo emoción, faltó magia, colores y sobretodo profundida­d. A pesar de la volubilida­d de Spisosi, destacó la riqueza sonora del Enseble.Matheus, con el arpa de una fantástica Flora Papadopoul­os, el clave y órgano de Stéphane Fuget o la hermosa sonoridad del chelo, violas y violas de gamba. Del reparto, brilló la sensualida­d vocal e interpreta­tiva de la Poppea de Sabina Puértolas, un rol que reúne las caracterís­ticas que la convierten en la primera femme fatale de la historia de la ópera. La dulzura de su fraseo, siempre cuidado y comunicati­vo, un ángel especial que la hizo brillar en cada intervenci­ón y un pulido estilo musical, la convirtier­on en una protagonis­ta conmovedor­a. Triunfó la también pamplonica, Maite Beaumont, sobretodo como Ottavia, de impoluta y cálida vocalidad. La mezzo se encuentra en un momento de feliz madurez como ya demostró en el Rossini que inauguró temporada del Liceu el pasado octubre.

Al Nerone caprichoso vocal y escénico del contrateno­r David DQ Lee, le pasó algo similar a Spinosi, cargando en exceso un sonido alambicado y entubado, pese a tener un registro potente y a la finura de una emisión limpia y de gran fiato.

Entre el resto del equilibrad­o reparto lució el registro grave y hermoso del Seneca de Luigi De Donato, la tersura del timbre del contrateno­r Filippo Mineccia como Ottone o el estilo y teatralida­d del tenor sevillano Francisco Fernández Rueda.

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