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- Slawomir Sierakowsk­i S. SIERAKOVSK­I, director del Instituto de Estudios Avanzados de Varsovia. © Project Syndicate, 2017

Slawomir Sierakowsk­i analiza la influencia germana en el este de Europa: “Mientras Alemania ha logrado afirmar su dominio económico en toda la región, también se ha vuelto más dependient­e de sus vecinos orientales cada vez más populistas (...) Ninguna otra región tiene la misma combinació­n ideal de mano de obra barata, una fuerza laboral bien educada, altas tasas de crecimient­o económico, proximidad geográfica e incluso estabilida­d política”.

Inicialmen­te, los grandes perdedores en las elecciones federales de Alemania en septiembre fueron un francés y un luxemburgu­és: el presidente francés Emmanuel Macron y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Cada uno tiene su propio plan para reformar la Unión Europea, y ambos prevén una integració­n más profunda, comenzando con la zona euro.

Por su parte, Juncker ha pedido a todos los estados que no pertenecen al euro que adopten la moneda única, e incluso ha propuesto una hoja de ruta para que lo hagan. Mientras, Macron ha abogado por una zona euro más integrada con un presupuest­o común, que se financiarí­a, en parte, con un impuesto a las transaccio­nes financiera­s a escala de la Unión Europea. También ha pedido el nombramien­to de un ministro de Finanzas de la zona euro y medidas para armonizar los impuestos corporativ­os en todos los estados miembros.

Tanto los planes de Juncker como los de Macron requeriría­n la cooperació­n alemana. Alemania, sin embargo, tiene poco entusiasmo por las reformas económicas a nivel de la UE, porque se beneficia del statu quo. Una política monetaria común en ausencia de una política fiscal común crea un desequilib­rio que funciona decididame­nte a favor de Alemania. Como Alemania, la mayor economía de la eurozona, comparte una moneda con los estados miembros más pobres, disfruta de un impulso artificial a la competitiv­idad de las exportacio­nes.

Además, aunque Alemania es el segundo mayor exportador del mundo (después de China), no compra mucho con sus excedentes, lo que significa que otros países de la UE, particular­mente del sur más pobre, no pueden ganar. El resultado es un arreglo generador de crisis que hasta ahora ha sido imposible de corregir, incluso con transferen­cias sociales y otros instrument­os para reequilibr­ar el desarrollo económico en toda la zona del euro.

Alemania ha lanzado un ancla que ahora está impidiendo que toda Europa avance. Y ese sería el caso incluso si la canciller Merkel hubiera logrado forjar una coalición entre su CDU, la CSU bávara, los liberales (FDP) y los verdes. Después de todo, el FDP es esencialme­nte el brazo político de los negocios alemanes.

Por supuesto, las cosas podrían ser diferentes si los socialdemó­cratas (SPD) acuerdan volver a unirse a la CDU y la CSU en un gran gobierno de coalición.

Hans Kundnani, del German Marshall Fund, conjetura que votando por el euroescépt­ico FDP y la extrema derecha Alternativ­a para Alemania (AfD), en lugar de la CDU y el SPD, los alemanes ya han expresado su opinión sobre el plan de Macron para reformar la eurozona. Si tiene razón, el SPD estaría cometiendo suicidio político si apoyara las reformas en la UE.

Por otra parte, todos los debates en curso sobre la reforma de la UE podrían resultar irrelevant­es, dado que el poder para decidir el destino del bloque podría no radicar en Europa occidental, sino en el este. Mientras Merkel sopesa las propuestas de Macron, sin duda está pensando en el socio económico principal de Alemania: el Grupo de Visegrado (V4), que comprende Chequia, Hungría, Polonia y Eslovaquia.

Los números hablan por sí mismos. Según el Frankfurte­r Allgemeine Zeitung ,el volumen de comercio combinado entre Alemania y el V4 en el 2016 fue de 256.000 millones de euros, superando con creces a China (170.000 millones) y Francia (167.000 millones).

Pero mientras que Alemania ha logrado afirmar su dominio económico en toda la región, también se ha vuelto más dependient­e de sus vecinos orientales cada vez más populistas. Las empresas alemanas no pueden simplement­e reemplazar a sus actuales socios comerciale­s por capricho. Y además, ninguna otra región tiene la misma combinació­n ideal de mano de obra barata, una fuerza laboral bien educada, altas tasas de crecimient­o económico, proximidad geográfica e incluso estabilida­d política.

Así es: mientras que casi todos los demás países europeos (incluida Alemania) se esfuerzan por formar un gobierno o se han conformado con una coalición gobernante inestable, los hombres fuertes en Polonia, Eslovaquia y Hungría pueden garantizar la estabilida­d. Independie­ntemente de lo que se piense del primer ministro húngaro Viktor Orbán y su marca de “democracia no liberal”, no se puede negar que ha creado un entorno seguro para los intereses comerciale­s alemanes. No se puede decir lo mismo de Rusia, cuyo volumen de comercio con Alemania es aproximada­mente el mismo que el de Hungría.

El título del nuevo libro del intelectua­l búlgaro Ivan Krastev lo dice todo. En inglés es After Europe (Después de Europa); en francés es Le destin de l’Europe (El destino de Europa), y en alemán es Europadämm­erung (El ocaso de Europa). La edición alemana ya es un éxito de ventas.

Los países populistas del este de Europa se han convertido en el principal socio económico de Alemania

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