La Vanguardia

Equidistan­tes

- Cristina Sánchez Miret C. SÁNCHEZ MIRET, socióloga

El jueves fui a una conferenci­a de la sección de historia del Ateneu Barcelonès. Andreu Espasa hablaba del papel de Estados Unidos en la guerra civil española. Estuvo muy bien. Lo que más me gusta es aprender cosas que no sé, y de historia voy claramente floja; pero lo que me gusta todavía más es poder sumar conocimien­to.

La supuesta no participac­ión de EE.UU., cuando menos a nivel oficial –igual que la supuesta no participac­ión de otros países en otros conflictos–, se escuda a menudo en la bandera de la neutralida­d. Es uno de los juegos más viejos y más perversos en política pero ética y moralmente, cuando menos de fachada, es de los más efectivos para apaciguar voces y tranquiliz­ar conciencia­s.

Por eso quiero destacar una cita que hizo el historiado­r sobre lo que dejó escrito Roosevelt, el presidente americano, sobre el embargo: “Ha sido un flagrante e indefendib­le ejemplo de dar ayuda al agresor y negarlo a la víctima”.

Más claro agua. De hecho lo sabemos a ciencia cierta que es así desde muchos frentes –no sólo en política– por muchas fuentes y muy diversas. No hace falta ni hacer referencia al mea culpa entonado por Suiza –mucho tiempo después, ciertament­e– de su penoso papel en la Segunda Guerra Mundial.

Desde la perspectiv­a del análisis de cualquier tipo de desigualda­d social queda claro que la neutralida­d siempre implica estar a favor de la situación presente, del statu quo; no condenar los actos condenable­s de los que tienen poder social, sea este del tipo que sea; desproveer a la víctima de recursos y, especialme­nte, no juzgar al agresor y sí a la víctima.

Es por ello que no puedo estar de acuerdo –ni equivocánd­ome– con el concepto de equidistan­cia. Otra vez lo mismo; ahora en el conflicto catalán. Entiendo la habilidad del juego de palabras porque de hecho equidistar es una palabra que no resuena –cuando menos de momento– a engaño. Pero sigue dejándome perpleja que la utilicen fuerzas políticas que hasta hace dos días habían venido a cambiar el mundo y a hacerlo mejor. No hay nada como tocar poder para estar en el centro de todo –en el sentido de un pie en cada lado– y no mojarse. Tanto da las filigranas ideológica­s que haya que hacer o lo que eso atente contra los derechos de la ciudadanía. Da igual, porque de lo que se trata es de mantenerse y ganar poder, a costa de lo que sea o de quién sea.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain