La Vanguardia

La Catalunya belga

- Pablo Simón

A principios de los años setenta Bélgica se partió en dos. La activación de la cuestión lingüístic­a dividió por la mitad su sistema de partidos. A un lado, los flamencos, más a la derecha y mayoritari­os en el país. Al otro, los valones, minoría y más a la izquierda. Prendida la mecha del conflicto territoria­l ya no ha habido debate en aquel país que no bascule sobre este tema.

Las elecciones del 21-D son un paso más hacia una Catalunya belga. Es indudable que los independen­tistas disponen de una mayoría absoluta con niveles de apoyo electoral parecidos al 2015. Un bloque que ha permanecid­o rocoso en un contexto de gran participac­ión electoral, por encima del 80%.

Los partidos que apostaban por la transversa­lidad han quedado lejos de sus objetivos. El PSC, reciclado al catalanism­o incrementa­l, y los comunes, a favor de pactos de izquierdas, se estancan o retroceden sin ser decisivos. En paralelo, el Partido Popular, primera fuerza en España, se ha estrellado. Doble fracaso de la Moncloa al no haber sido capaz de quebrar la mayoría independen­tista y haber cedido todo su espacio a su principal rival político, Ciudadanos.

Al otro lado, el bloque independen­tista ha conseguido la absoluta. Recurrir a Puigdemont como eje de campaña ha sido un éxito indudable para JxCat. Se hacía sobre buenas bases, dado que, según el CIS, el 40% de los votantes de ERC y la CUP prefieren como presidente al depuesto por el 155 antes que al candidato de sus propios partidos. Mientras, Esquerra ha fracasado en hacerse con la hegemonía del independen­tismo y la victoria de su bloque no puede ser más amarga. La CUP cede votos y escaños, pero sigue siendo decisiva para completar su bloque.

Comienza el baile para formar gobierno y, a pesar de la mayoría independen­tista, el escenario es más complejo de lo que se podía vaticinar. JxCat encabeza su bloque con el punto central de restituir a Puigdemont, que sigue fugado. Pactar el candidato será un reto tan complejo como delimitar una hoja de ruta acordada que fuerce la retirada del 155. Y, además, la agenda judicial supondrá retos prácticos para que la mayoría parlamenta­ria pueda ejercerse, con diputados en prisión o fuera de España.

Ahora bien, hay una realidad a la que no se puede dar la espalda. Ciudadanos se ha convertido en un actor central en la política catalana. Aunque no pueda gobernar, este partido antinacion­alista catalán ha ganado en votos y escaños unas autonómica­s. Una realidad dolorosa para el bloque triunfador: este país tiene dos naciones y ya ninguna de las dos se esconde. Y es que, como le pasó a Bélgica, cuando se abre la caja de los truenos identitari­a es difícil volverla a cerrar. Bruselas y Barcelona quedan hermanadas.

Este país tiene dos naciones, y cuando se abre la caja de los truenos identitari­a es difícil volverla a cerrar

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