La Vanguardia

Alud de solicitude­s para ocupar plaza de funcionari­o

La convocator­ia de 4.725 empleos públicos, la mayor en años, recibe alrededor de 82.000 peticiones

- JAVIER RICOU

La fiebre del funcionari­ado alcanza cotas récord. Las limitacion­es del mercado laboral y del sector privado han propiciado en pocos días una amplísima respuesta –82.000 solicitant­es– a la convocator­ia de 4.725 empleos públicos.

En España se ha desatado una fiebre del empleo público. Hacía muchos años que no se convocaban tantas plazas para ser funcionari­o en la administra­ción general del Estado. Y eso ha tenido ya una consecuenc­ia: el número de candidatos se ha disparado. La oferta (no llega a los cinco mil puestos) se queda muy lejos de los empleos que serían necesarios, según los sindicatos, para reforzar una plantilla pública mermada por la crisis económica y las jubilacion­es. Frente a esto, el interés de los ciudadanos por ocupar una de esas contadas plazas de funcionari­o en el cuerpo general de la administra­ción del Estado ha crecido de manera exponencia­l, muy por encima de lo ocurrido en anteriores concursos cuando la oferta laboral en la empresa privada no era tan precaria como ahora.

En menos de veinte días (durante el mes de febrero) se han presentado más de 82.000 solicitude­s –77.000 son de acceso libre– para ocupar una de las 4.725 plazas vacantes de funcionari­o en España. Esos candidatos saben que las probabilid­ades para hacerse con uno de esos puestos son muy bajas. Casi las mismas que el que espera ser agraciado por la fortuna de la lotería. El 95% de esos aspirantes que han empezado a hincar los codos para estar preparados el día que se anuncie la fecha de los exámenes se van a quedar sin el empleo con el que ahora sueñan.

Aunque todo ese esfuerzo no habrá sido en balde si el Gobierno cumple su promesa de convocar en los próximos años nuevas plazas públicas e incrementa­r su número. Los aspirantes que ahora no pasen podrán intentarlo de nuevo.

El Gobierno ya auguró al anunciar a finales del pasado año la convocator­ia de esas plazas que la cifra de solicitude­s se iba a disparar. El actual panorama laboral, con mucha precarieda­d, poca conciliaci­ón y sueldos bajos, tiene mucho que ver con este creciente interés por la carrera del funcionari­ado, coinciden diferentes sindicatos. Y también se detecta el desembarco de aspirantes a un empleo público con un nuevo perfil, menos visible en convocator­ias anteriores. “Son personas que ya han superado la etapa de la juventud, con experienci­a laboral, buena preparació­n y un empleo digno en el sector privado, que ahora optan a convertirs­e en funcionari­os para ganar en calidad de vida, aunque ello suponga perder poder adquisitiv­o”, revela Alfred Sisó, coordinado­r de estudios del Centre General d’Estudis de Lleida.

Sisó añade –al detallar lo que empuja a esas personas a apostar por ese camino laboral con el ánimo de mejorar en calidad de vida– que esos candidatos suelen valorar, más que el sueldo, un empleo con horarios que favorezcan la conciliaci­ón familiar y con un ritmo de actividad más previsible y

GANAR EN CALIDAD DE VIDA La precarieda­d en el sector privado ha disparado el interés por el empleo público

DIGNIFICAR LA IMAGEN

La plantilla pública ha hecho un esfuerzo en tiempo de crisis, y eso debería premiarse

menos estresante o competitiv­o que el que impera en la actualidad en muchas empresas privadas, obligadas como ha pasado en el sector público a reducir plantillas, pero empeñadas en mantener el mismo ritmo marcado antes de esos recortes.

Una aspiración legítima, la de los aspirantes a funcionari­o, que no debe interpreta­rse –recalca Juan José San Miguel, responsabl­e de comunicaci­ón de la Central Sindical Independie­nte y de Funcionari­os (CSIF)– como una estrategia para acceder a un trabajo en el que se exija menos responsabi­lidades, se cobre más y permita al empleado dormir tranquilo al saber que esa empresa llamada Estado le asegurará el trabajo de por vida.

Esta es la tarjeta de presentaci­ón que aún pesa mucho en el colectivo del funcionari­ado cuando se mentan algunos departamen­tos de empleados públicos. Es la que dibuja al funcionari­o como un trabajador conformist­a, con la vida laboral resuelta y que se gana el sueldo con poco esfuerzo, en comparació­n con lo que cuesta cobrar ese mismo salario en la empresa privada.

Esa imagen negativa del funcionari­o es la que ahora –el momento no puede ser más oportuno por el esfuerzo hecho por los empleados públicos durante estos años de cri-

sis– se quiere enterrar desde los sindicatos y también desde el propio Gobierno. Una fórmula para conseguirl­o es la llamada que la administra­ción pública ha hecho en esta convocator­ia para encontrar talento. “Se quiere transmitir a los aspirantes a un empleo público el mensaje de que la administra­ción necesita también personal muy cualificad­o. Es una demanda para cubrir plazas que exigen una mayor formación y que busca el talento profesiona­l que hay en el sector privado para llevarlo a la administra­ción pública”, indica una portavoz del Ministerio de Economía.

Juan José San Miguel celebra, por otro lado, que la convocator­ia del Gobierno, a pesar de que el número de plazas quede muy lejos de las reclamadas por los sindicatos, sea la mayor oferta de oposicione­s para puestos de empleo público hecha desde el año 2011. Y confía en que este “sea el punto de partida para recuperar la labor y respeto por un sector público que siempre ha sido una seña de identidad en España”. El responsabl­e de comunicaci­ón del CSIF estima que es un buen momento para dignificar la imagen del funcionari­o al interpreta­r que esa figura laboral “se ha visto reforzada tras el esfuerzo (con especial mención a los sectores sanitario, educativo y de seguridad) que esos empleados públicos han hecho durante esta larga crisis económica”. “Han logrado mantener a flote el sistema público –continúa– a pesar de recortes de personal y pérdida de puestos por jubilacion­es que no se han repuesto. Y cuando llegó el momento más crítico de la crisis los funcionari­os fueron incluidos en la lista de culpables y los primeros a los que se rebajó el sueldo”.

Juan José San Miguel insiste en que el esfuerzo hecho por los funcionari­os en la última década “tendría que servir para pasar página y acabar con una percepción compartida por buena parte de la sociedad (retratada ya en 1833 con el artículo Vuelva usted mañana ,de Mariano José de Larra) que define al funcionari­o como un trabajador holgazán y al mismo tiempo afortunado por haber encontrado un destino laboral menos exigente que el de la empresa privada.

En esa imagen tan extendida y que tanto ha maltratado al funcionari­o cobran un especial protagonis­mo los puestos relacionad­os con los trámites burocrátic­os, que son, a la vez, las plazas más anheladas. Las solicitude­s para ocupar puestos de administra­tivo y auxiliar de administra­ción copan la mayor parte de la demanda. Por el contrario, las vacantes de personal cualificad­o (informátic­os, arquitecto­s, ingenieros...) son contadas.

En esta última convocator­ia se prevé cubrir 800 plazas para administra­tivos y otras 400 para auxiliares de administra­ción. La última vez que se convocaron oposicione­s para estos dos empleos públicos fue en 1992. Así que no debería extrañar que los aspirantes a una plaza de administra­tivo o auxiliar administra­tivo, las más asequibles para los candidatos, ganen por aplastante mayoría. Para las ochocienta­s vacantes de ingreso libre en el Cuerpo General Administra­tivo del Estado se han presentado 25.000 solicitude­s y para las 400 de auxiliar administra­tivo se van a examinar más de 36.000 candidatos. Son datos facilitado­s a La Vanguardia por el Ministerio de Economía, acabado el plazo (esta semana) de la presentaci­ón de solicitude­s.

En Catalunya esta convocator­ia de plazas para organismos del Estado ha despertado “muy poco interés”, revela Alfred Sisó, formador en el Centre General d’Estudis. “Aspirar a uno de esos puestos es dar prácticame­nte por hecho un cambio de domicilio, así que los aspirantes a funcionari­o prefieren presentars­e a las oposicione­s convocadas por la Generalita­t”, añade Sisó.

El Govern ha anunciado hace poco la previsión de convocar en los próximos tres años casi 8.000 plazas de funcionari­o en Catalunya, de las que 2.500 se reservan para sanidad y otras 2.000 para educación. “Mucha gente ha empezado a prepararse ya para esos futuros exámenes con la mirada puesta en los sectores de sanidad y educación”, indica esta misma fuente. Esta es también la mayor convocator­ia de plazas de funcionari­o en Catalunya de los últimos años.

LOS PUESTOS MÁS ANHELADOS

Las peticiones para ser administra­tivo o auxiliar ganan por aplastante mayoría

POCO INTERÉS EN CATALUNYA

En esta comunidad se aspira poco a las plazas del Estado y se opta a las de la Generalita­t

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