La Vanguardia

“Queremos abrazar a nuestros comensales”

- CÉSAR RANGEL VÍCTOR-M. AMELA

Tenemos 46 años. Somos del barrio del Carmel, y vivimos en Barcelona. Somos cocineros. Los dos estamos casados, y tenemos hijos de 6, 5 y 2 años. ¿Política? ¡Dar de comer a todos! ¿Creencias? Creemos en la becada. Vamos a cumplir nuestro sueño: abrimos ahora restaurant­e propio

Les veo en la tele. Hicimos dos años Cocina2 (La 2), ahora llevamos tres años con Torres en la cocina (La 1). Nunca sabré quién es Sergio y quién es Javier. Yo soy Sergio. Yo soy Javier.

¿Han estado separados alguna vez?

Más de un mes, nunca. Cuando trabajábam­os en restaurant­es distantes, quedábamos en un punto intermedio cada mes, para comer y reír juntos.

¿Tan bien están juntos?

Somos dos personas, pero un mismo sueño.

¿Qué sueño?

¡Cocinar! Y abrazar al comensal que entra por la puerta del restaurant­e.

¿Abrazar?

Nos gustan los abrazos: ¡los daremos en Cocina Hermanos Torres! Es el restaurant­e que ahora inauguramo­s, ¡nuestro sueño!

Se les da bien comunicar.

Nos apasiona la gente, nos apasiona explicar lo que hacemos y nos apasiona cocinar.

¿Desde cuándo?

Desde que nos crió la abuela Catalina, juntos los siete.

¿Qué siete?

Mis padres, nosotros dos y nuestras dos hermanas... y ella, la madre de nuestra madre: ¡la abuela Catalina! Fue ella la que nos inoculó el amor por la cocina.

¿Sí?

La abuela era de Linares (Jaén), donde sirvió y cocinó en casas de señoritos. Emigró a Barcelona, y siguió. Ya en casa, desde que nacimos la vimos hacer maravillas...

¿Qué maravillas?

Pollos bridados, mejillones gratinados y membrillos de tres colores. Torrijas, caracoles y rosquillas de anís. Tortillas de pisos: de calabacín, cebolla, espárragos... bañadas en tomate... ¡Aquello era un festín sin fin!

¿Y no engordaban ustedes?

Nos lo comíamos todo... pero estábamos como palillos. Nuestros padres nos llevaron al médico, temiendo que tuviésemos la tenia.

Y no.

No. Y seguimos igual.

¿Qué les enseñó su abuela?

A ser felices, a estar a gusto en compañía, en una buena mesa: ¡cada comida y cada cena eran la gloria! De niños nos sentaba en el mármol de la cocina, mientras cocinaba: le quitábamos el rabito a las espinacas, le desgranába­mos guisantes, le atábamos hatillos de laurel...

¡Inmejorabl­e escuela!

Íbamos con ella a comprar pescado a la Barcelonet­a: ¡con qué autoridad regateaba! Y recogíamos el verat que los pescadores tiraban: teníamos tan poquito dinero...

¿Y qué hacía la abuela con ese pescado?

Caldos, patés... ¡Qué bien olía siempre la casa! Siempre había algo cocinándos­e en los fogones... Y teníamos ocho años cuando sentamos a nuestros padres a la mesa de la cocina y les dijimos: “¡Seremos cocineros!”.

¿Y qué dijeron ellos?

“Muy bien, muy bien, ¡a la cama a dormir, que es tarde!” Luego verían que íbamos en serio, nos ayudarían a ir a la Escuela de Cocina. Y nosotros dos pactamos nuestro plan...

¿Qué plan?

Nos repartimos los mejores cocineros de Europa, para trabajar con ellos y aprender: tú Frédy Girardet, yo Alain Ducasse, tú Philippe Rochat, yo Pedro Subijana, tú Joël Robuchon, yo Santi Santamaria... Y así.

¿Para conseguir qué?

Equilibrar­nos, para poder alcanzar nuestro sueño...: ¡este restaurant­e! Aquí fusionamos sala y cocina. ¡Y habrá nueve cocinas! Y las mesas para sesenta comensales estarán alrededor de una cocina central...

¿Qué aportará este restaurant­e a los muchos que ya hay en Barcelona?

Nuestro lema: recibir, acoger, compartir. Habrá calor humano. Vivirás el ambiente festivo de nuestra niñez: ¡un homenaje a la alegría de la mesa de la abuela Catalina!

¿Eso les distinguir­á?

Y también algunas sorpresas que preferimos no avanzar: la experienci­a te acompañará antes, durante y después del restaurant­e...

¿Qué platos se les dan mejor?

La caza y las verduras.

¿Qué platos de la infancia no olvidan?

Los canelones y las torrijas.

¿Por qué hay menos cocineras que cocineros?

Pronto habrá tantas cocineras como ellas quieran: ¡ojalá surjan más! Ellas hacen una cocina más elegante y más tranquila; nosotros, más potente y más salada.

¿Cuál es su plato favorito en la mesa?

¡La becada! Este ave, tras el pertinente faisandage, fileteada esa carne suya rosadita, en su mismo caldo hecho con la carcasa, y un paté elaborado con sus vísceras... ¡Ah, no hay bocado más sabroso!

¿Preparamos juntos un menú?

Nuestras 65 verduritas de cultivo natural, al dente. Un carabinero de Huelva con algas, pepino e hinojo marino. Una codorniz royale. Y de postre, skyline de Barcelona.

¿Qué postre es este?

Lleva el mejor chocolate que existe.

Elijan una sola palabra para su cocina.

Sabor.

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