La Vanguardia

Los primos del general San Martín

- Rafael Ramos

Los argentinos –esa explosiva mezcla de vascos y sicilianos, o de gallegos y napolitano­s, o de extremeños y calabreses– tienen una curiosa aproximaci­ón al nacionalis­mo. Por una parte hacen chistes diciendo lo maravillos­o que sería el país si ellos no fueran sus habitantes. Por otro, se dejaron convencer por el general Videla y demás militares de la Junta de que estaban ganando la guerra de las Malvinas y de que los EE.UU. les apoyarían, cuando en realidad Inglaterra les estaba dando una paliza, y Reagan tenía ambiciones que iban mucho más allá del Cono Sur (la caída del muro de Berlín y la implantaci­ón del capitalism­o salvaje), y siempre iba a estar del lado de Maggie Thatcher.

A los argentinos les encanta meterse consigo mismos, comprensib­le desde luego cuando se tiene la mayor inflación del mundo, los intereses están al 60% y quien puede y no es un boludo que se lleva el dinero a Miami, no sea que el gobierno de turno devalúe el peso, algo que ha pasado más de una y más de dos veces (los futbolista­s con dos dedos de frente tienen sus contratos en dólares, y los clubs, en crisis como la actual, sudan tinta para poder pagarles). Ese espíritu de auto flagelació­n –que tal vez explica por qué el psicólogo forma parte casi de la familia– se extiende al fútbol, y con frecuencia, en vez de animar al equipo con cánticos (y con bengalas, navajas y pistolas si hace falta), cuando falla un gol, se increpa al delantero centro, el loco Sanguinett­i: ché, flaco, la reconcha de tu hermana y de tu madre...

Los prohombres de la patria, por otra parte, están omnipresen­tes, como en Francia (y a diferencia de otros lugares, los golpistas y milicos que torturaban en la Es- cuela de Mecánica de la Armada, por lo menos algunos de ellos, han sido condenados en el foro y llevados a la justicia). Calles, plazas, estaciones, estadios y equipos de fútbol llevan sus nombres. Cuando un pariente mío –que tiene una playa de aparcamien­to (parking) en la avenida del General Mitre– fue a recoger un día un paquete en la aduana de Mendoza, no tuvo más remedio que meter discretame­nte en el pasaporte un billete de mil pesos, que lleva la cara del libertador y entonces era mucho dinero. El empleado de turno, un chanta, lo cogió (perdón, lo agarró encantado), y le dijo sin ningún rubor: mirá qué casualidad, vos también sos primo del general San Martín...

El único equipo mendocino que juega actualment­e en la primera división es el Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba, un nombre espantoso que de una tacada rinde homenaje al estadista que representó a la provincia en el congreso fundaciona­l de la República (Tomás Godoy Cruz), y al fundador de una de las miles de bodegas que hay en una región donde la producción y el turismo vinícola son una de las principale­s fuentes de ingresos. Y para que nadie ponga en duda el patriotism­o de la entidad, juega sus partidos en el estadio Malvinas Argentinas, de propiedad municipal, en el Cerro de la Gloria del Parque General San Martín –faltaría más–, construido bajo la dictadura militar y que se llamaba estadio Ciudad de Mendoza hasta la guerra de las Falklands, como las llaman los británicos.

Los bodegueros del Godoy Cruz tienen su propio campo, que se ha quedado pequeño en primera, y se llama Feliciano Gambarte, un preparador físico de boxeo vinculado a la entidad (no todos pueden ser padres de la patria). De sus rivales, el Gimnasia y Esgrima –alias la lepra, el club más antiguo de Mendoza, y cuya camiseta con rayas verticales blancas y negras es un homenaje de sus fundadores al Club Deportivo Badajoz– hace de local en el Estadio Víctor Antonio Legrotagli­e (una de sus leyendas); el Independie­nte Rivadavia, conocido como el lobo, en el Estadio Bautista Gargantini (otro empresario vinícola); y el Deportivo Maipú, en el Omar Higinio Sperdutti (presidente de la entidad). No son los nombres más sexy, pero por lo menos no son Etihad, Emirates o Santiago Bernabeu...

La máxima rivalidad local es entre Gimnasia y Esgrima e Independie­nte Rivadavia, los dos clubs del centro de la ciudad, con sus campos a pocos centenares de metros. Pero como ambos militan en segunda, el protagonis­mo se lo ha arrebatado en los últimos años el derbi cuyano, entre el Godoy Cruz, de los suburbios de Mendoza, y el San Martín de la vecina provincia de San Juan (su estadio se llama Ingeniero Hilario Sánchez, para no romper la norma). Entre ambas existe una enorme rivalidad no sólo futbolísti­ca, sino también en la política.

P.D: La ciudad de Mendoza debe su nombre a Don Diego Hurtado de Mendoza, que fue gobernador de la provincia de Chile.

Las provincias argentinas de Mendoza y San Juan no se pueden ver; y tampoco sus equipos de fútbol, el Godoy Cruz y el San Martín

El estadio Ciudad de Mendoza fue rebautizad­o Malvinas Argentinas tras la guerra con Inglaterra

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MARCELO ENDELLI / GETTY Jugadores del Godoy Cruz celebran un gol ante el Boca Júniors
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