La Vanguardia

Gatos de yeso, no

- Carlos Zanón

Cada cierto tiempo hay que sacar la poesía de libros y vitrinas y echarla a la calle, a la voz, a la rabia y al grito. Estaban los versos y estaba un público, el mensaje, el náufrago, el barco y el mar, pero lo que fallaba era la botella. El callejear a la lírica siempre le ha sentado bien, y el efecto se ha amplificad­o mediante el uso invasivo de las redes sociales. Poetas y lectores, poesía sentimenta­l, combativa, divertida, mordaz y, en ocasiones, pésima por sincera, Oscar Wilde mediante. Todo cabe. Las ventas de poesía se disparan y se celebran recitales a reventar. En un mundo fragmentad­o, intenso y episódico, los versos impaciente­s se cuelan entre grietas del ruido de lo gratuito.

Más de 500 personas de todas las edades, desde niños a abuelos, pero especialme­nte jóvenes y adolescent­es, ayer estaban en el hall del CCCB. En Barcelona, el invento que ideó en Chicago Mark Smith a primeros de los ochenta, reunió en su primer slam a una treintena de personas. De eso hace ocho años. Ayer fue la final mensual del Poetry Slam Barcelona y la sala estaba a rebosar. Con el también poeta José Luis Cabezas de estupendo maestro de ceremonias, todo transcurre según lo previsto. Hay unas reglas que te explica el más cercano de entre el público que ya sabe cómo va aquello. Reglas sobre la duración de las intervenci­ones, penalizaci­ones, votos y siempre la sensación de algo vivo al tiempo que construido entre todos, el público y los que recitan. Unos poetas que saben que las palabras son necesarias, pero el cómo decirlas y el lenguaje corporal también y mucho. Cabezas explica que detrás de este evento hay gente dedicada muchos años al mundo de la cultura que quisieron hacer llegar esta a un público en un formato divertido, directo y emocionant­e. El público grita, aplaude, baila y hace cálculos mentales con las puntuacion­es del jurado, elegido aleatoriam­ente de entre ese mismo público. Hay que implicarse, como nos advierte Cabezas: “Gatos de yeso, abstenerse”.

Los diez finalistas han sido elegidos al azar. Facebook e Instagram son herramient­as que sirven para agilizar el evento y democratiz­ar el slam, una pelea de gallos sin mala cara. Predominan los abrazos y las caras iluminadas de quien sube a recitar y a quien le gustaría hacerlo además de colegas y familiares. El ganador en forma de vendaval fue Dani Orviz. El resto: Domenicus, Jan Aguirre, Laura García, Ramón Buch, Makis Moulos, Ainara García, Don Pedro Toledano, Marta B. y Mireia Serrano tuvieron la generosida­d de dejarnos acompañarl­es a sus habitacion­es, noches, calles, fantasías, infernos, barricadas y bares. Gritos, promesas y susurros.

Hay reglas sobre la duración de las intervenci­ones, penalizaci­ones, votos..., la sensación de algo vivo

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XAVIER CERVERA El slamer Dani Orviz, en el Poetry Slam Barcelona, que llenó el CCCB
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