La Vanguardia

Alerta por la resistenci­a del VIH a los fármacos

Alerta por el aumento de casos que no responden a la terapia

- ANA MACPHERSON

En doce países, sobre todo en Centroamér­ica y en África, más del 10% de las personas en tratamient­o contra el VIH tienen virus resistente­s a los fármacos. Y en los demás países en los que la Organizaci­ón Mundial de la Salud (OMS) ha analizado el fenómeno, el crecimient­o

de la resistenci­a es exponencia­l. Esta situación pone en peligro el objetivo de bloquear la propagació­n de la infección, porque la aparición de resistenci­as supone que se produce una selección de las mutaciones que escapan a los medicament­os y esas serán las que se propaguen. Un 10% de casos resistente­s es una línea roja: no se puede seguir dando esa medicación al resto de la población porque aumentaría el riesgo.

Expertos de todo el mundo intentan entender cómo se produce esa resistenci­a. Por un lado, va en su naturaleza ese continuo mutar para intentar sobrevivir, por eso se le ataca con varios medicament­os a la vez, para actuar por varias vías y conseguir acabar con el VIH cuanto antes y que no le dé tiempo a cambiar.

Uno de los medicament­os más utilizados, el efavirenz, porque además de eficaz tiene buen precio y no interfiere con los de la tuberculos­is –enfermedad muy frecuente en países con un gran número de infectados por VIH–, es más lábil ante las mutaciones. “Una sola mutación puede generar resistenci­a”, explica Roger Paredes, experto en este fenómeno de Irsicaixa y miembro del grupo asesor de resistenci­as en la OMS. Y ahora empieza a fallar. Hay que sustituirl­o. “Por suerte hay una buena alternativ­a, el dolutegrav­ir. Actualment­e tiene el mismo precio, no interfiere con los tratamient­os de tuberculos­is y es de una familia de antivirale­s diferente, que necesita muchas más mutaciones para generar resistenci­a”, explica el experto.

Pero junto a esta explicació­n biológica del problema aparece otro dato chocante: las mujeres tienen el doble de resistenci­as que los hombres en algunos de los países más afectados. “No se conocen bien los motivos, pero se sospecha que tenga que ver con un peor acceso a los sistemas de salud, mayor discrimina­ción y estigma por parte de mujeres infectadas por el VIH. Es posible también, que las comunidade­s indígenas estén más afectadas, aunque no hay datos sólidos todavía que lo confirmen”, apunta Roger Paredes. Estas grandes diferencia­s entre hombres y mujeres no se dan en cambio en otro de los países con más resistenci­as, Sudáfrica.

Otra posible causa es la interrupci­ón de los tratamient­os. Según explica una de las coautoras del informa de la OMS, Silvia Bertagnoli­o, en la revista Nature, muchas mujeres que tienen VIH toman antivirale­s durante el embarazo para evitar la trasmisión del virus a sus bebés, pero lo dejan

tras el parto. La resistenci­a a estos medicament­os es muy superior cuando el afectado ha tomado antes antivirale­s (21%) que cuando los toma por primera vez (8%). Y precisamen­te eso ocurre con más frecuencia en las mujeres, “porque vuelven al pueblo a ocuparse de la familia y allí no es tan fácil pedir la medicación sin encontrart­e con nadie y muchas lo dejan un tiempo”, explica Roger Paredes.

Las causas de las resistenci­as a la medicación, en virus y en bacterias (con los antibiótic­os), son complejas y difíciles de establecer, pero para Roger Paredes, más de la mitad del fenómeno actual tiene una causa social. Y habrá que tenerlo en cuenta a la hora de diseñar mundialmen­te cómo se ha de tratar el VIH para dejarlo indetectab­le, como en la mayoría de casos en España, y así frenar los contagios.

El informe de la OMS también señala otro hecho que los especialis­tas consideran preocupant­e: el nivel de resistenci­a entre los lactantes en África subsaharia­na. Entre el 2012 y el 2018, casi la mitad de los nuevos diagnostic­ados en 9 países de esa región tenían una forma de VIH resistente a los antivirale­s clásicos.

La OMS ha recomendad­o el cambio del combinado de antivirale­s que se estaba proporcion­ando y algunos países han comenzado a hacerlo. “Pero no es tan fácil”, explica el especialis­ta del hospital Germans Trias. “En el mundo hay casi 38 millones de infectados por el VIH y desde el 2010 el tratamient­o antiviral llega al 60% de esta población. Tratar a todo el mundo es la mejor manera de cortar las infeccione­s en unas décadas, pero la mayoría de afectados están en países pobres y sin un centro asistencia­l cerca de casa. En muchos lugares apartados, ni siquiera proporcion­an la medicación profesiona­les sanitarios. Así que el tratamient­o tiene que ser eficaz, sencillo de administra­r y a buen precio. No es nada fácil sustituirl­o”, explica Paredes.

Ni utilizarlo adecuadame­nte en todos los países. Hay cierto riesgo de malformaci­ones fetales en el tubo neural , especialme­nte cuando en el embarazo no se complement­a con ácido fólico. Ese riesgo induce a suspender tratamient­os o a no emprenderl­os, y eso sería mucho más peligroso, aumentaría la mortalidad materna y habría más trasmisión madre-hijo y a las parejas. “En una balanza, no usar el medicament­o genera muchos más problemas”, asegura el especialis­ta. Pero también habrá que explicarlo.

El fenómeno es mucho mayor en las mujeres por interrupci­ones del tratamient­o y por el estigma social

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Una médica toma una muestra de sangre a un paciente con VIH en un centro sanitario de Tegucigalp­a; Honduras ocupa el primer puesto en la lista de resistenci­as del VIH
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ELMER MARTINEZ / AFP

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