La Vanguardia

CARME RIERA

- Carme Riera

El color azul está de moda. Es el color más escogido por la gente de todo tipo y condición. Además, en catalán, un dicho popular advierte: “Si res li escau, poseu-li blau” (si nada le sienta bien, vestidlo de azul). Tal vez por eso en el debate organizado la semana pasada por Barcelona Tribuna y La Vanguardia los convocados, candidatos a las elecciones que hoy celebramos, utilizaron ese color, en diferentes tonalidade­s, ya que muchos son los azules: azul marino de las camisas de Falange, azul cielo, azul cobalto, azul azafata, azul eléctrico, azul de Prusia, azul turquesa... De los siete candidatos presentes en el debate, seis, si la vista no me engañó, llevaban algo azul en su indumentar­ia, incluso una, Inés Arrimadas, de Ciudadanos, vestía una chaqueta y un pantalón tirando a azul eléctrico, tal vez para facilitar que sus adversario­s sintieran calambres. Azul cielo, de día sin puntilla de nube, era el jersey de Álvarez de Toledo, la candidata del PP, que esa vez no escogió el provocativ­o amarillo canario. Borràs llevaba azul en el estampado de su camisa –más bien levita– y azul en los vaqueros, como Zaragoza, del PSC. Rufián (ERC) y Garriga (Vox) iban con americana y pantalones de ese mismo color. El candidato de Esquerra, para marcar tendencia juvenil, progresist­a y alejada de las convencion­es burguesas, desechó la corbata; el candidato de Vox, por el contrario, llevaba corbata también azul. Sólo Asens, de En Comú Podem, descorbata­do y huyendo del azul, optó por un traje beige.

Ustedes dirán que la coincidenc­ia azulada de la indumentar­ia de los candidatos es casual, que no eligieron ese color aposta, que sus asesores de imagen, en el supuesto de que todos los tengan, no aconsejaro­n ni advirtiero­n sobre el color que, de manera simbólica, tiene que ver con la calma, la fidelidad, la estabilida­d y el dominio de las situacione­s. O tal vez sí, en el caso de Rufián, porque no deja de sorprender la nueva estrategia de su partido en cuanto a la necesidad de calma. Calma para avanzar en el camino hacia la independen­cia –de momento, claro– y tranquilid­ad para dar los pasos necesarios hacia la no menos azul Ítaca, eso sí, con todo bajo control.

El azul era un color sin interés y bastante inusual en la iconografí­a y la liturgia de los primeros siglos después de Cristo. No obstante, a finales de la edad media hubo un cambio importante en la aceptación de ese color que, finalmente, incluso, tendría que llegar a sobrepasar la tríada rojo, blanco y negro, los colores más persistent­es y casi únicos hasta entonces. Hacia el siglo XIII puede constatars­e la elección del azul por los poderosos que lo usan ya en sus vestimenta­s, como sucede con san Luis, rey de Francia, y Enrique III de Inglaterra, aunque la entronizac­ión definitiva del color llega con el vestido y el escudo del rey Arturo. Si antes los tres colores principale­s, rojo, negro y blanco, se asociaban a los héroes de las novelas de caballería­s, a partir del ciclo artúrico, el azul se incluye también, ligado a la valentía, la fidelidad y la lealtad.

A este cambio a favor del azul hay que añadir que la Iglesia impuso que la túnica de la Virgen tenía que ser azul porque ese color era un referente de la pureza y la inocencia de María, que concibió sin conocer varón al Hijo de Dios. Así entenderem­os mejor los versos del poeta y músico francés del siglo XIV Guillaume de Machaut: “Qui des couleurs saroit à droit jugier / et dire la droite signéfianc­e, / On deveroit le fin asur prisier / Dessus toutes” (Quien de los colores sabe juzgar / y decir la significac­ión correcta / es necesario que aprecie el color azul / por encima de todos).

El color azul fue muy grato a los poetas románticos y simbolista­s que, como Novalis, no dejaban de buscar la flor azul que crece en regiones ignoradas y que hay que seguir persiguien­do, pese a saber que jamás estará a nuestro alcance. Azul es la quimera e incluso Dios, ambos inaccesibl­es. En el siglo XX, el azul se convirtió en un color muy apreciado por banderas y logos. La bandera de la comunidad europea es azul, lo mismo que las anteriores de la ONU y la Unesco, y muchas organizaci­ones utilizan ese color, más neutro que el resto, como referente. Basta recordar los uniformes del personal de vuelo de muchas compañías aéreas.

Escribo este artículo días antes de su publicació­n, que coincide con el domingo de las votaciones, antes de los últimos debates y comparecen­cias, sospechand­o que el color azul seguirá siendo usado en los actos de campaña, aunque sólo sea en los vaqueros, igualitari­os y sintomátic­os de modernidad, que suelen lucir los políticos en campaña, sin olvidar otros colores en pequeños detalles, mariposas, lazos y pines amarillos en las pecheras de los candidatos independen­tistas y algún rojo, corbata, clavel o rosa, en las de los candidatos del PSOE.

Ojalá que el próximo gobierno no utilice el color azul en los trajes escogidos –ya lo verán– sólo para tomar posesión, sino en cuanto a la fidelidad, honestidad y lealtad que ese color lleva aparejadas.

De manera simbólica, el azul tiene que ver con la calma, la fidelidad, la estabilida­d y el dominio de las situacione­s

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