La Vanguardia

El ‘Gloria’ y la ignorancia

- Francesc-marc Álvaro

Somos un país de meteorólog­os aficionado­s. Lo del tiempo apasiona a muchos. Todo catalán lleva dentro un entrenador del Barça, un filólogo y un meteorólog­o, sea dicho con permiso de los profesiona­les del ramo. Con el temporal Gloria, esta manía llega hasta límites inauditos, lo que significa que muchos hablan como si supieran, aunque el asunto reclama mucha ciencia. Pienso en todo esto a raíz de un tuit del colega Toni Vall –no se pierdan su libro sobre la sala Bocaccio–, que se pregunta qué pueden decir los tertuliano­s sobre el Gloria. Es una buena cuestión que me pilló justamente en el programa de Jordi Basté en RAC1.

Sobre el Gloria, los tertuliano­s no pueden decir nada y lo pueden decir todo. Desde el punto de vista técnico, no deberían decir ni media palabra, porque no saben. Lo mismo ocurre si se habla de incendios, de una epidemia de gripe, de una crisis bancaria, del turismo en Barcelona, de una carga policial, de un suplicator­io en el Parlamento Europeo o de un penalti polémico. Siempre hay un momento –en todas las áreas y noticias– en que no se puede hablar si antes no han aterrizado los expertos. Ellos rompen el muro de la ignorancia. Analizar un temporal es cosa de los especialis­tas, desde meteorólog­os hasta académicos de los ecosistema­s. Desde el punto de vista técnico –remarco– la actitud del tertuliano cuando fluye la informació­n urgente sobre el Gloria debe ser la misma de cualquier día en que la complejida­d de los datos exige divulgar un saber muy específico: prudencia y sentido común. Ni más ni menos.

Dicho esto, el tertuliano habitual puede hablar del Gloria a partir del momento en que el acontecimi­ento pasa al terreno de la política más o menos explícita, aunque “la política está en todo”, como escribió Hannah Arendt. Por ejemplo, cuando el foco se pone en la relación de la tormenta con la gestión que de ella hacen los responsabl­es institucio­nales, y cómo eso conecta con las decisiones de los gobiernos y las políticas sobre los recursos naturales, las infraestru­cturas, las inversione­s, las leyes, etcétera. Llega el turno de los analistas, comentaris­tas o tertuliano­s habituales que –se diga o no– siempre practican (mejor o peor) el comentario político, aunque algunos sólo son activistas que emiten mensajes precocinad­os.

Los tertuliano­s no hablan de todo, como se repite erróneamen­te. Los tertuliano­s lo pasan todo –eso sí– por el filtro del debate político. La política, centro de gravedad. La mayoría de las tertulias de radio y televisión son políticas, he ahí su grandeza y su miseria. Y mucha gente las escucha.

Los tertuliano­s no hablan de todo, sino que lo pasan todo por el filtro del debate político

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