La Vanguardia

El milagro del arco iris

El bar Stonewall, cuna del movimiento gay, sobrevive a la pandemia gracias a las donaciones

- FRANCESC PEIRÓN Nueva York. Correspons­al

Demasiado grande para caer. Esa expresión se aplica por lo general a un banco o una corporació­n en tiempos de crisis y apela a que el poder siempre sale al rescate de los suyos.

Esta crónica hace referencia, sin embargo, a lo terrenal, aunque esté conectado con algo tan etéreo como el arco iris.

No, es más que un pedazo de la historia local de Nueva York, la de unos inadaptado­s que desafiaron a su época, sufrieron los garrotazos de los prejuicios y lograron trascender fronteras.

Decir Stonewall contiene un sonido que va mucho más allá de lo que es: un simple bar. También forma parte de los cimientos del poder gay y de la lucha por los derechos del colectivo LGBTI.

No fue el primero, pero sí el que capitalizó un movimiento, que surgió cuando, en junio de 1969, los clientes decidieron resistirse a la violencia policial.

Su significad­o es demasiado grande para caer, al menos para muchos que han hecho su modesta contribuci­ón a fin de rescatar una seña de identidad y buenos momentos de farra.

“Esto es una iglesia para los homosexual­es”, dijo en una ocasión Kurt Kelly, dueño y cofundador.

Por ahora resistirá al severo impacto del coronaviru­s, a ese cierre obligatori­o que se ha llevado por delante a otros locales que formaban parte del paisaje de la Gran Manzana. El Paris Cafe –147 años de recorrido–, el Coogans o el Lucky Strike forman parte de esa larga lista de defuncione­s económicas.

El Stonewall, en el 53 de la legendaria calle Christophe­r, el primer monumento nacional gay, ha estado con el agua al cuello y respiració­n asistida. Entró en la UCI por el cierre decretado para mitigar la pandemia.

“Si el Stonewall, el bar LGBTI más icónico en el mundo, tiene problemas, piensa cómo están todos los demás”, explicó Stacy Lentz, copropieta­ria del establecim­iento que también se encarga de la parte filantrópi­ca. “Simplement­e es horrible, Stonewall es uno de nuestros espacios seguros originales”, señaló en The New York Times cuando lanzaron una campaña por internet para luchar por su destino.

Abrieron una página Gofundme para recaudar fondos y poder afrontar los pagos del personal y del alquiler del local, que sube a 45.000 dólares mensuales. A pesar de que han recibido ayudas federales concedidas para paliar el daño de la Covid-19, la cantidad era más que insuficien­te.

“Nuestras puertas han estado cerradas más de tres meses para garantizar la salud de nuestros clientes, del equipo laboral y de la comunidad. Incluso en los mejores tiempos puede ser difícil subsistir siendo un pequeño negocio, ahora afrontamos un futuro incierto. Incluso cuando reabramos, será bajo condicione­s muy restrictiv­as que limitarán la actividad de nuestro negocio”, se argumentó en la petición.

En menos de una semana, el Stonewall recaudó más de 300.000 dólares con su página, a los que se sumaron otros 250.000 que donó la Gill Foundation, institució­n que se define como una de las principale­s financiado­ras de la nación por la igualdad de las personas homosexual­es.

“El Stonewall es una piedra angula en la historia LGBTI y debe ser protegido”, remarcaron en un comunicado Scott Miller y Tim Gill, copresiden­tes de esa fundación. “Personas queer de color, incluidas las transexual­es Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera y Miss Major, encabezaro­n el levantamie­nto contra la brutalidad policial en el Stonewall y, al hacer esto, encendiero­n el movimiento. Debemos preservar la historia y el legado de los activistas que lideraron el cambio”, añadieron.

“Estamos felices y agradecido­s, es algo excepciona­l”, aseguró Lentz a los medios. “Nos proporcion­a una asistencia vital que necesitába­mos desesperad­amente”.

El Stonewall fue construido en 1840 como establo. Casi un siglo después se transformó en una casa de té y luego en restaurant­e. En 1967 pasó a ser bar y salón de baile para “prestar atención a la vibrante comunidad homosexual del Greenwich Village”, según la placa del monumento a la liberación gay. Y llegó junio de 1969.

Estos días, con la fachada decorada con banderas del arco iris, dispone de servicio de terraza, como el resto de bares de la ciudad. Aún deben esperar a que les permitan abrir el interior por precaución sanitaria, pero sus dueños tienen un objetivo: “No vamos a dejar que el Stonewall muera”.

Su petición por internet recaudó más de 300.000 dólares y una fundación aportó otros 250.000

 ?? SPENCER PLATT / AFP ??
SPENCER PLATT / AFP

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain