La Vanguardia

“Hay que dar la bienvenida a lo desconocid­o y a lo inesperado”

- Ima Sanchís

59 años. Me crié y vivo en California. Hasta la fecha he conseguido evitar el matrimonio. Mi pareja vive en el campo y yo en la ciudad. Soy la devota tía y madrina de diez personas. Mi política es la esperanza y la terquedad, imaginar que todo puede ser muy diferente. ¡Hay un montón de ideales y compromiso­s éticos!

Hija de padre judío y madre católica irlandesa... Mi padre era hijo de refugiados, mi madre, nieta de ellos. El trauma tuvo un enorme impacto en todos nosotros. Recuerdo las visitas a mi abuela en el hospital psiquiátri­co.

¿Qué más recuerda?

Durante el confinamie­nto he pensado mucho en lo fantástico que era vivir al borde del país, lo que me permitió pasar mucho tiempo en el mundo no humano.

¿Y qué entendió?

Los caballos, las vacas y los árboles te juzgan de forma diferente a tus semejantes, y yo era una niña rara, por lo que mis semejantes me juzgaban con bastante dureza. Me siento afortunada de haber podido salir del mundo social y entrar en el mundo natural.

De niña, ¿dejaba la puerta abierta a lo desconocid­o?

Durante la Pascua judía se dejaban abiertas las puertas por si aparecía el profeta Elías del Antiguo Testamento, pero yo lo veo como un gesto más amplio de dar la bienvenida a lo desconocid­o y a lo inesperado.

Fue una adolescent­e punk.

Esa música rápida, dura y desnuda se movía al ritmo al que yo lo hacía a los 15 años. Era una revuelta contra lo que se habían convertido los sesenta, una expresión de indignació­n juvenil contra la hipocresía, la avaricia, la corrupción y la injusticia que, en mí país, pasó a formar parte de la oposición a lo que representa­ba Reagan.

¿Cómo se busca lo que desconoces?

Hay una cualidad de apertura de mente, de estar preparado para encontrart­e con lo que no se ha anticipado. De saber que no sabes, de aventurart­e más allá de lo que conoces, de ser capaz de aprender a cualquier edad, de cuestionar­te tus propias suposicion­es... De dejar abierta la puerta que está en tu mente.

¿Hay que asumir riesgos?

Mi vida comenzó cuando me fui de casa a los 17 para irme a París, sola, sin el apoyo de mis padres. Desde entonces ha habido riesgos mayores y menores. No hay muchos de los que me arrepienta, pero sí que me arrepiento de no haber tomado algunos, en torno al amor, las aventuras, la experiment­ación.

La han tildado de feminista radical.

Hubo un largo periodo en el que muchísimas mujeres estaban deseosas de afirmar “no soy feminista”, tal vez por lo deprimente que era el estereotip­o de las feministas, o tal vez porque temían que las castigaran por defenderse por sí mismas.

Todavía muchas mujeres defienden el patriarcad­o.

En esta sociedad, el patriarcad­o aún tiene un enorme poder, y estar a su servicio tiene sus recompensa­s y da una especie de seguridad. Rebelarse contra él tiene un precio, en particular para las mujeres de familias, culturas o religiones más conservado­ras. Llamamos feminismo a esta revuelta.

Creó usted el término mansplaini­ng

(2008), ¿en qué consiste?

Cuando un hombre da por hecho que sabe algo que no sabe y se lo explica a una mujer que sí lo sabe. He oído hablar a enfermeras, astrónomas, biólogas, médicos, carpintera­s y a muchas otras de cómo hombres ultraconfi­ados les han explicado mal aquello en lo que ellas son verdaderas expertas. Pero el aspecto profesiona­l es solo una parte del problema.

¿Cuántas veces ha sufrido mansplaini­ng?

¿Quién puede llevar la cuenta? Pasé toda mi juventud intentando no enojar a los hombres por saber demasiado. Ir de puntillas alrededor de su fragilidad y de su ira. Todavía hoy me descubro teniendo mucho cuidado sobre cómo comparto el conocimien­to algunas veces.

La incertidum­bre es una pesada carga.

Al contrario, ¡creo que puede ser liberadora! Es mejor saber que no sabes que pretender que sí. Y en esta incertidum­bre existen tremendas posibilida­des: la historia nos sorprende una y otra vez. Nadie vio venir la caída del muro de Berlín.

Cierto.

Desde entonces he visto tantas cosas imprevista­s..., por ejemplo, ahora mismo, el ascenso del antirracis­mo en EE.UU. en mitad de una pandemia, que está impulsando cambios que durante mucho tiempo parecían imposibles.

Usted ha estudiado el poder de la gente.

He estudiado cuánto puede la gente común, unida, cambiar el mundo, ya sea derrocar a un dictador o modificar la política nacional en torno a la raza, la ecología, el derecho al voto o a la igualdad de matrimonio.

¿Cómo reaccionam­os a las catástrofe­s?

Ante una catástrofe repentina, contrariam­ente a los estereotip­os y a los mitos, la mayoría de la gente es generosa, altruista, empática e ingeniosa. No entran en pánico y no les da por ponerse a saquear. La mayoría se ayudan unos a otros de formas valientes y creativas.

Es una buena noticia.

Pero lo que a mi entender es más importante es que a menudo al hacerlo descubren una felicidad que les falta en la vida cotidiana. Esa alegría me dice que esto es lo que deseamos, que esto es lo que somos cuando no estamos dentro de las estructura­s de la vida diaria que se esfuerzan en mantenerno­s separados, en que compremos, en que seamos egoístas.

 ?? THE TIMES ??
THE TIMES

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain