La Vanguardia

Prohibido entrar o salir de Escocia

No está claro si viajar para casarse o ir al fútbol son excusas válidas para cruzar la frontera

- RAFAEL RAMOS Berwick. Correspons­al

El Gobierno escocés, para combatir la pandemia, ha prohibido la entrada o salida del país bajo multa de 60 euros a todo aquel que no tenga una buena excusa para hacerlo. Pero no es tan grave como parece si se lee la letra pequeña. Las autoridade­s han admitido que no habrá controles en los aeropuerto­s y estaciones de tren de Glasgow y Edimburgo, ni van a pedir a la policía que patrulle los 157 kilómetros de una frontera que va desde el estuario de Solway en el extremo oriental hasta las praderas de Marshall en el occidental.

La imposibili­dad práctica de aplicar la norma aprobada por el Parlamento de Holyrood (de mayoría nacionalis­ta) es un alivio para todo el mundo en general, pero sobre todo para los doce mil habitantes de Berwick, un pueblo limítrofe en la boca del río Tweed, cuyo núcleo central se encuentra en Inglaterra pero los suburbios septentrio­nales forman parte de Escocia (la línea divisoria está a tan sólo cinco kilómetros de la calle Mayor), que a lo largo de la historia ha cambiado de manos nada menos que en trece ocasiones. “Hubo momentos, como cuando los ingleses declararon la guerra a Francia, aliada de los escoceses, que nuestros antepasado­s se lo tenían que pensar para saber de qué lado tenían que estar”, cuenta un historiado­r de la localidad.

En la edad media le cortaban a uno la cabeza por cualquier cosa (de hecho en Berwick fue expuesto un brazo de William Wallace, el gran héroe nacional escocés, tras el descuartiz­amiento de su cadáver). Ahora, por suerte, la sangre no llega por lo general al río, ni aunque uno desafíe al Estado no poniéndose la mascarilla, ignorando la distancia social, recibiendo amigos a cenar o a los abuelos en casa... o viajando sin razón de Escocia a Inglaterra, Gales o Irlanda, o viceversa.

“Es la ley –ha dicho Nicola Sturgeon, la primera ministra–, pero con el propósito de conciencia­r y disuadir, no de castigar y poner multas”. En Inglaterra es lo mismo. En los países británicos los gobernante­s han de andarse con mucho cuidado con los recortes de libertades y el ejercicio de la autoridad, aunque sea por razones sanitarias, no sea que se vuelvan en su contra.

La prohibició­n de salir y de entrar, aunque sea teórica, ha planteado el debate constituci­onal de si cerrar la frontera es competenci­a del Parlamento de Holyrood (como afirma Sturgeon), o del de Westminste­r (como sostiene Londres). Incluso de si existe realmente en el sentido político, más allá de ser una referencia administra­tiva para la aplicación de unas normas (Boris Johnson dice que no, los escoceses que sí, que es una consecuenc­ia clara de la concesión de poderes autonómico­s). Pero cuestiones existencia­les al margen, claro que tiene impacto sobre la vida cotidiana de la gente. Los habitantes de Berwick que viven en los suburbios del norte (que son Escocia) no tienen que pagar por las recetas médicas, los peajes de las autopistas y puentes, o las matrículas universita­rias (que ascienden a muchos miles de libras al año), y los del resto de la ciudad (Inglaterra) los miran con envidia y lo consideran una justicia. Muchos se han mudado unas cuantas calles para beneficiar­se de esas medidas aplicadas por el SNP desde que está en el poder. El equipo local de fútbol, el Rangers, juega en la liga escocesa porque le resulta más fácil a la hora de viajar y más barato. Desde

hace décadas muchos ingleses se van a casar a Gretna, pueblo limítrofe porque en Escocia la edad para poder contraer matrimonio es de 16 años en vez de dieciocho.

Si viajar para casarse o para seguir al equipo de fútbol es legal no está claro y habría de ser objeto de interpreta­ción, porque no figura en la lista oficial de excusas aceptables elaborada por el Gobierno, entre las que están llevar al perro al veterinari­o, donar sangre y hacer el examen para el carnet de conducir. Aparte de las autopistas que unen las grandes ciudades del norte inglés con Glasgow y Edimburgo, son innumerabl­es las pequeñas carreteras e incluso caminos rurales no asfaltados que cruzan la frontera invisible. Las comunidade­s de un lado y otro están tan interconec­tadas que hay, al norte de Carlisle, una zona llamada las debatable lands (tierras disputadas), que en la edad media no se sabía bajo qué corona estaban, desarrolla­ron su propio sistema legal para resolver disputas, y durante tres siglos, mientras Inglaterra y Escocia se peleaban, estuvieron controlada­s por bandoleros (los border reivers) y por clanes como el de los Armstrong. Que no aceptaban que nadie les dijera si podían viajar o no, y menos aún que les pusieran una multa.

No solo son diferentes las medidas sanitarias: los escoceses tienen gratis la universida­d, las medicinas y los peajes

 ?? XAVIER CERVERA ??
XAVIER CERVERA

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain