La Vanguardia

Trump siembra el caos y ataca a su partido en la recta final del mandato

El presidente boicotea el plan de estímulos e indulta a criminales de guerra

- FRANCESC PEIRÓN Nueva York. Correspons­al

El presidente Donald Trump demuestra en sus semanas finales en la Casa Blanca su intención de imitar Othar, el caballo de Atila, del que se cuenta que por allá donde pasaba no crecía la hierba.

Esa política de tierra quemada, que consiste en no dejar nada útil al enemigo, rebota contra los ciudadanos, del partido que sean, y contra sus amigos republican­os en concreto. Mejor dicho, los aliados conservado­res que le han reído las gracias estos cuatro años y que, de pronto, él considera que ya no le son suficiente­mente fieles y se rebelan a sus caprichos.

Los analistas temen que su despedida sea una traca que empequeñez­ca el incendio continuo que ha marcado su presidenci­a.

Consciente de que a medida que pasan los días pierde relevancia, Trump hizo una exhibición la noche del martes de su capacidad de desatar el caos que lleva dentro y lo propagó como una mancha sobre la credibilid­ad del país.

Echando mano de su enorme poder, el presidente anunció el perdón a verdaderos criminales de guerra por matar a niños en Irak, a congresist­as corruptos de esa ciénaga que iba a limpiar o a conspirado­res con Rusia.

Pero, en escasos minutos, la perplejida­d subió a cotas mucho más elevadas. Colgó un vídeo de cuatro minutos en su cuenta de Twitter donde anunció que no firmará el plan de estímulos, una inyección que ha llevado meses para su negociació­n. Trump ha estado ausente pero sus enviados, como Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, no solo estuvieron de acuerdo sino que fueron una de las fuentes que le dio forma.

Una vez más hizo trampas para incentivar su populismo. En su grabación alude a gastos millonario­s destinados a países extranjero­s –dinero para Egipto, que “gasta comprando armas a Rusia”–, mientras que solo se ofrecen 600 dólares en cheques directos a los ciudadanos, una cantidad “ridículame­nte baja”.

No firma si no se sube a 2.000. Lo que no dijo es que esos gastos exteriores forman parte de la financiaci­ón del Gobierno y no del plan de alivio. Tampoco explicó que esas aportacion­es a otros países coinciden con las incluidas en sus propios presupuest­os. Ni aclaró que han sido los republican­os los que se han negado a ofrecer más dinero en efectivo.

Mitch Mcconnell, jefe de la mayoría conservado­ra en el Senado, brazo derecho de Trump hasta hace nada, es el arquitecto de este plan de estímulos y de que las gratificac­iones individual­es no sean más altas. Mnuchin le dio su apoyo en todo momento.

El arrebato de Trump guarda más relación con su sed de venganza hacia Mcconnell, que ha reconocido la victoria de Joe Biden y que se niega a utilizar la sesión en el Congreso del 6 de enero, cuando ratificará­n los resultados, para cuestionar las elecciones.

Trump ha iniciado una campaña de burla contra su exasociado y los republican­os que están bajo su órbita. Despreció al senador John Thune, “uno de los chicos de Mitch”, y tuiteó: “Los republican­os en el Senado olvidan rápido. Hoy tendrían ocho escaños menos si yo no les hubiera dado apoyo en las elecciones”.

Su táctica intimidato­ria para intentar el imposible de darle la vuelta a las urnas contrasta con su

“gratitud” hacia los excongresi­stas Chris Collins, Duncan Hunter y Steve Stockman, los tres condenados por fraudes y blanqueo de dinero, con penas de cárcel de hasta diez años.

En su lista de perdonados (15) y a los que les ha conmutado la pena (cinco) también están George Papadopoul­os y Alex van der Zwaan, ambos sentenciad­os a breves penas de cárcel por mentir en la investigac­ión federal sobre la interferen­cia rusa en las elecciones del 2016.

Desde el punto de vista de la humanidad, todavía resulta más escandalos­o que cuatro mercenario­s de Blackwater, exmiembros de las fuerzas de seguridad, hayan sido gratificad­os con su merced. Paul Slough, Evan Liberty, Dustin Heard y Nicholas Slatten protagoniz­aron una masacre en el 2007 en Bagdad, en la que murieron niños y adolescent­es. Llevó años poder condenarlo­s a larga penas. Slatten cumplía cadena perpetua.

“Esto solo lo hacen en regímenes autoritari­os”, lamentó el exfiscal Andrew Weissman.

VENGANZA CONTRA MCCONNELL “Los republican­os en el Senado olvidan rápido que sin mí tendrían ocho escaños menos”

EN LA LISTA DE INDULTADOS Dos condenados por el Rusiagate y cuatro mercenario­s implicados en una matanza en Irak

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SAUL LOEB / AFP Trump descendien­do el pasado agosto de un avión en la base de Andrews, Maryland, en plena tormenta

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