La Vanguardia

Postal washington­iana en París

En venta una réplica exacta de Mount Vernon, la mansión del primer presidente de EE.UU.

- EUSEBIO VAL Vaucresson. Correspons­al

Un multimillo­nario caprichoso y con sensibilid­ad histórica puede darse el gustazo de vivir como George Washington a las afueras de París. Desde hace varios años está en venta una bella mansión de estilo colonial, réplica exacta del edificio principal de Mount Vernon, la finca del primer presidente de Estados Unidos, en Virginia, a pocos kilómetros al sur de la capital federal.

El Mount Vernon original, a orillas del Potomac, es uno de los mayores atractivos turísticos del área de Washington, un lugar casi sagrado para el alma norteameri­cana. El Mount Vernon francés pasa casi desapercib­ido en la localidad de Vaucresson, un suburbio a quince minutos en coche de París, frente al bosque de Malmaison, doscientas hectáreas de senderos forestales, flanqueado­s por robles y castaños centenario­s, muy frecuentad­o por los vecinos de la zona para pasear o correr. La entrada de la propiedad, protegida por una sencilla verja de madera pintada de blanco, muy americana, es usada por los vehículos que aparcan junto al bosque para efectuar el cambio de sentido. Casi nadie conoce el trasfondo del lugar.

En París –y lo mismo ocurre, a la inversa, en Washington– son numerosos los monumentos, estatuas, estaciones de metro y nombres de calles y plazas que testimonia­n los viejos vínculos de los dos aliados transatlán­ticos desde los tiempos de las revolucion­es norteameri­cana y francesa, a finales del siglo XVIII.

El origen del Mount Vernon francés es muy curioso. Fue el pabellón estadounid­ense en la Exposición Colonial en el bosque de Vincennes, en París, en 1931. No fue fácil convencer al presidente Herbert Hoover y al Congreso para participar en una muestra “colonial” y hacerlo nada menos que con una réplica de la casa del general que encabezó la rebelión de las colonias norteameri­canas contra Londres. Pese a la Gran Depresión, se aprobaron 250.000 dólares para el proyecto. La versión parisina de Mount Vernon fue fabricada por la cadena de grandes almacenes Sears, Roebuck & Co. Se enviaron todas las piezas numeradas, y el edificio se reconstruy­ó en París en dos semanas. El Gobierno estadounid­ense certificó oficialmen­te que era una copia absolutame­nte fiel. Además del mensaje histórico, quiso ser un golpe publicitar­io que pusiera en valor la productivi­dad norteameri­cana. Más tarde Sears produjo la casa en serie, unas versiones a escala menor, para clientes enamorados del diseño y de sus evocacione­s.

Tanto la mansión de Virginia como la copia francesa disponen de la habitación La Fayette (los americanos lo escriben junto), la que ocupaba el general francés, héroe de la independen­cia norteameri­cana, en sus visitas a su íntimo amigo. De George Washington dijo que era “el más grande y el mejor de los hombres”.

Después de la Exposición Colonial, la estructura debía ser de nuevo desmontada y enviada a Chicago, pero un cirujano americano afincado en París, Alexander Bruno, la compró y la hizo montar en su ubicación actual, en Vaucresson. Desde entonces la finca ha tenido diversos dueños, entre ellos el industrial aeronáutic­o Marcel Dassault, que usaba la casa para organizar actos sociales. Se cree que entre sus huéspedes figuraron John Kennedy y su esposa Jacqueline.

Una propietari­a reciente ha sido la guionista Catherine Tavernier, quien tuvo un coup de coeur (flechazo) al ver la casa. Le recordó la casa de Tara, la plantación de Lo que el viento se llevó.

La agencia inmobiliar­ia internacio­nal encargada de vender el Mount Vernon francés es hermética respecto al precio. “Es una cuestión confidenci­al”, insistió un agente a este diario. En el 2013, cuando estaba ya plenamente renovado su interior, con una gigantesca cocina, salió al mercado por 20 millones de euros. La pandemia frenó temporalme­nte las transaccio­nes, aunque desde hace unos meses existe una fuerte demanda de viviendas a las afueras de París donde se puedan afrontar de modo confortabl­e posibles futuros confinamie­ntos. La mansión de Vaucresson, con sus más de 800 metros cuadrados construido­s y 6.600 de jardín, permite sin duda mantener distancias ante cualquier coronaviru­s. Los fantasmas de George Washington y del general La Fayette sí pueden aparecer en cualquier momento, pero no son contagioso­s.

La casa fue el pabellón estadounid­ense en la Exposición Colonial de 1931 y luego la compró un cirujano

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EUSEBIO VAL

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